sábado, 25 de octubre de 2008

ENRIQUE ANGELELLI


Obispo de la Iglesia Católica, Enrique Angel Angelelli nació el 17 de junio de 1923. Ofrendó su vida al servicio de los más humildes, su lema "Con un oído puesto en el Evangelio y otro en el pueblo", concitó el odio de las clases conservadoras que lo tildaron de "comunista". El 4 de agosto de 1976, a principios de la dictadura militar, fue asesinado, fraguándose el atentado en un accidente de tránsito.


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Obispo de La Rioja, mártir, asesinado con un accidente provocado. Comprometido con la causa de los pobres, Enrique fue tenazmente perseguido por la oligarquía de la provincia (como la familia Menem, que le impidió la entrada a un pueblo para unas celebraciones) y más todavía durante la dictadura. La muerte de los padres Murias y Longueville y luego del laico Wenceslao Pedernera fue fundamentalmente un «cerco que se iba cerrando». Al parecer, los cadáveres de los sacerdotes, fue a Chamical (La Rioja), y juntó material en una carpeta con declaraciones de los testigos, que comprometía a la Fuerza Aérea con el crimen. Volviendo por otro camino, junto con el sacerdote Arturo Pinto hacia la capital provincial fue seguido por un auto. Se fraguó un accidente. La famosa carpeta fue tiempo después vista sobre el escritorio del Ministro del Interior, el General Arguindegui, quien como entró en negociaciones con Anfonsín y habían sido compañeros del liceo militar, jamás fue juzgado. La Jerarquía eclesiástica, en gran parte, tristemente, sigue afirmando que fue un accidente. El obispo Angelelli se transformó en baluarte de la protección de los débiles y fue la una de las pocas voces que se levantó contra la represión política en Argentina. Las amenazas de muerte contra él se fueron volviendo cada vez más frecuentes, hasta llegar a ser masivas últimamente. Tuvo que prepararse junto a sus sacerdotes como una de las posibles futuras víctimas. Él anunció frecuentemente que para poder anunciar verdaderamente el evangelio hay que tener un oído abierto para Dios y otro para el pueblo. El 4 de agosto de 1976 Monseñor Enrique Angelelli, obispo de La Rioja, yacía en el frío asfalto de Punta de los Llanos luego de que su auto fuera interceptado en la ruta que unía Chamical con la capital de la provincia hacia donde viajaba para presentar ante las autoridades militares una carpeta con pruebas sobre el asesinato de dos sacerdotes de su diócesis. La versión oficial, que el mismo Episcopado avaló, hablaba de accidente, pero entre los riojanos, y gracias al aporte de testigos claves, una certeza se hizo carne: Monseñor Angelelli había sido sacado ileso de su auto y brutalmente asesinado de varios golpes en la nuca.Su muerte fue la dura cuenta que tuvo que pagar por una vida dedicada a los más humildes, a quienes consagró su vocación sacerdotal "con un oído puesto en el pueblo, y otro en el Evangelio". Su prédica le trajo el rencor de los poderosos de siempre, uniformados y civiles, a quienes afectó en sus sagrados intereses, y de quienes recibió una feroz campaña que no vaciló en acusarlo de 'obispo rojo', enviar firmas para pedir su remoción al Vaticano, expulsar sacerdotes de Anillaco, donde Amado Menem, hermanastro del actual presidente, tuvo especial participación, asesinar religiosos y laicos y finalmente eliminar al odiado "Pelado".Monseñor Angelelli fue, junto a Hesayne, De Nevares, Devoto, Ponce de León y Novak, uno de los pocos obispos que supo comprometerse con la cruz y el Evangelio dentro de una jerarquía episcopal cuya actitud de connivencia y complicidad con la dictadura militar avergüenza la conciencia de los cristianos de estas tierras. Desde la justificación teológica de la tortura y la eliminación clandestina de prisioneros indefensos hasta la aceptación lisa y llana de la espada como instrumento quirúrgico para impulsar la doctrina de la seguridad nacional, la conducta de la jerarquía católica argentina no tiene parangón en el mundo entero.

Detenciones en La Rioja por el asesinato de dos sacerdotes

Mártires de la otra iglesia [Página/12, 24 de abril 2008] El vicecomodoro Luis Fernando Estrella, ex segundo jefe de la Base Aérea de Chamical, y el ex alférez Miguel Ricardo Pessetta fueron arrestados por su participación en los asesinatos de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Rogelio Gabriel Longueville. Por Diego MartínezDos oficiales retirados de la Fuerza Aérea fueron detenidos ayer en La Rioja por su participación en los secuestros y asesinatos en 1976 de los sacerdotes tercermundistas Carlos de Dios Murias y Rogelio Gabriel Longueville, más conocidos como "Los Mártires de Chamical". Se trata del entonces vicecomodoro Luis Fernando Estrella, ex segundo jefe de la Base Aérea de Chamical y figura central de la dictadura en La Rioja, y del ex alférez Miguel Ricardo Pessetta. Citados a prestar declaración indagatoria, ambos hicieron uso de su derecho a no quebrar el pacto de silencio. Son los dos primeros detenidos por crímenes de lesa humanidad en La Rioja. "Es un pequeño gran paso después de tantos años de buscar pruebas", celebró Cristina Murias, querellante y hermana del cura asesinado, quien espera con paciencia cristiana que la Iglesia "deje de mirar para otro lado" y se constituya como querellante.El párroco francés Longueville y su vicario Murias fueron secuestrados en la noche del 18 de julio de 1976 en la parroquia El Salvador, de Chamical.
Sus cuerpos fusilados, con los ojos vendados, aparecieron en un descampado al sur de la ciudad. Murias tenía signos de torturas. Hoy el sitio se denomina Los Mártires y un oratorio honra sus memorias.El 23 de marzo de 2007 el fiscal general Alberto Lozada, de la Cámara Federal de Córdoba, promovió junto con los fiscales Graciela López de Filoñuk y Horacio Salman la acción para que se investiguen sus crímenes. Adjudicaron el secuestro a Pessetta, al capitán Miguel Angel Escudero, los policías Juan Carlos "Bruja" Romero y otras dos personas. Como emisores de la orden, a los vicecomodoros Lázaro Aguirre y Estrella, jefe y subjefe de la base, y al coronel Osvaldo Pérez Battaglia, jefe del Batallón de Ingenieros 141, todos bajo la órbita del comandante del Cuerpo III, general Luciano Benjamín Menéndez. El 5 de marzo último Murias se presentó como querellante con el patrocinio de las abogadas Cristina Herrera, Adriana Mercado Luna, Viviana y María Elisa Reinoso. El 19 el juez federal Daniel Herrera Piedrabuena citó a los policías Romero, director de Informaciones, y Benito Vera, por su rol en el espionaje previo a los secuestros. Ambos se negaron a declarar pero no quedaron detenidos.Ayer, Franco Grassi subrogó a Herrera Piedrabuena, ausente por viaje. Estrella, de 74 años, a quien hasta el fiscal daba por muerto, se presentó por la mañana. El defensor oficial Daniel Narbona se negó a asistirlo. Adujo "violencia moral": su padre Nicolás Narbona, ministro de Acción Social riojano de 1973 a 1976, fue preso político durante la dictadura. Lo asistió el defensor Juan de Leonardi, pero Estrella se negó a hablar. Luego hizo lo propio Pessetta. El suboficial Sergio Martínez también estaba citado a indagatoria pero no se presentó a declarar. Ante la ausencia del fiscal Darío Illánez, su secretaria Martha Kinath y las cuatro abogadas pidieron las detenciones, que ordenó Grassi. A las dos de la tarde Estrella y Pessetta fueron trasladados a una dependencia de la Policía Federal. Un hombre de unos cuarenta años vestido con clerygman que dijo ser capellán castrense pero prefirió no identificarse asistió al ultracatólico Estrella antes de la partida. El comodoro retirado es el mismo que el 18 de enero de 1988 comandó la banda que copó el aeroparque Jorge Newbery durante tres horas en un golpe fallido contra el presidente Raúl Alfonsín, a quien consideraba marxista.La Rioja tiene cuatro causas paradigmáticas. La más avanzada es la que investiga el asesinato del conscripto Roberto Villafañe. Le sigue la de los mártires. A paso lento marchan las que investigan los crímenes del obispo Enrique Angelelli y del catequista Wenceslao Pedernera. Francia también abrió una causa por Longueville a pedido de sus hermanas. "Es un paso muy importante, son los primeros detenidos. Estrella participó en la logística de los crímenes de mi hermano y Gabriel, pero también de Angelelli y Pedernera", apuntó Murias, quien lamentó "que no se acumulen las causas" y confesó que la exigencia de justicia por el crimen de su hermano "ha sido una de las razones de mi vida en todo este tiempo".