domingo, 10 de mayo de 2009

ATAHUALPA YUPANQUI

Si bien es cierto que la coincidencia cronológica multiplica por estos días su nombre en toda la Argentina, también es cierto que como artista popular está asentado en un meseta de vigencia desde hace décadas. Es una vigencia sólida, sin impacto. Reverbera más allá incluso de la Argentina y nada tiene que ver con homenajes, plaquetas y notas periodísticas: se acerca bastante al ideal de anonimato que Yupanqui postuló en El canto del viento y que refiere a la misma definición de folclore. Hoy, y desde hace mucho tiempo, Chacarera de las piedras, La añera, El alazán, Luna tucumana, Camino del indio, Zamba del grillo, Los ejes de mis carreta, El alazán, El arriero, Los hermanos y tantas más vienen explicando, en cada peña, la diferencia entre popular y masivo.La obra de Yupanqui ha influido decisivamente, por lo menos, la obra de tres próceres de Hispanoamérica: Joan Manuel Serrat, Alfredo Zitarrosa y Silvio Rodríguez. Sin contar fascinaciones más epidérmicas como la de Edith Piaf (fascinación que le abrió a Atahualpa las puertas más sofisticadas de París) o, más acá, la de las figuras del llamado neo folk Devendra Banhart y José González. Es que, a pesar de la concentración temática de su obra, Yupanqui se extiende a través del tiempo en un caleidoscopio: cada cual tiene el Atahualpa que quiere. El de protesta (Minero soy), el político (El arriero), el paisajista (Chacarera de las piedras), el zen (El cielo está dentro de mí), el poeta, el compositor, el guitarrista.

PODES ESCUCHAR EL PROGRAMA ( Con entrevista a Sergio Pujol y testimonios y canciones de A. Yupanqui)

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SERGIO PUJOL, HISTORIADOR Y CRÍTICO MUSICAL

Sergio Pujol: “Yupanqui es un maestro que no dejó escuela”

El libro En nombre del folclore (Emecé) es una minuciosa investigación sobre el gran Atahualpa Yupanqui, uno de los mayores exponentes del género en la Argentina. La vida, la música, el compromiso político y su nomadismo incesante son analizados por el reconocido autor de Jazz al Sur.

La militancia comunista

¿Tuvo incidencia política en el campo cultural?Sí, porque militó siete años en el PC, incluso, más activamente que Osvaldo Pugliese, comunista de toda la vida. Yupanqui viajó a Europa del Este apenas nacida la Guerra Fría. Además, colaboraba con Orientación y Nuestra palabra, órganos oficiales del PC. Después, nunca más habló de eso porque terminó mal con el partido, se sintió desencantado, en parte, lo echaron, se fue con un resentimiento hacia la versión partidista, soviética, del comunismo. A la larga, quedó en una posición curiosa, yo diría irónica, en la sociedad argentina, porque para los peronistas siempre sería un gorila -era un crítico acérrimo del peronismo y lo padeció, estuvo prohibido, preso, torturado-, para los aristócratas siempre sería un viejo zurdo y para los comunistas orgánicos, un traidor. Todo esto profundiza aún más su soledad. Él, que siempre se presentaba a tocar solo, sin acompañantes, bien de la cultura de los payadores, simbolizaba la soledad en la cultura argentina. Pero, además, su música se cierra sobre sí misma, no necesita nada, en ese sentido, es perfecta. Por eso, aunque hay muchos excelentes intérpretes de su obra, lo que no hay son descendientes. Es un maestro sin escuela.

Murió el año del quinto centenario. Hoy, que el panorama político latinoamericano es distinto, ¿puede considerarse a Atahualpa como parte de la resistencia indigenista en el siglo veinte?Absolutamente. Es el primero conocido, famoso, consecuente. Félix Luna, en una biografía bastante buena que escribió de Yupanqui, en los años setenta, dice que el indigenismo le llega probablemente a través de la gran preocupación por lo incaico, por la América profunda, que circulaba en los años veinte y treinta, proveniente del Perú y del auge de la arqueología. Ese indigenismo estaba en algunos poetas, en el campo intelectual, incluso, en los diarios; lo que hizo Yupanqui, y en eso fue el primero, fue llevarlo a la canción nativa. Fue el primer músico popular en introducir la palabra “indio”, que en aquella época tenía un poder bastante revulsivo, sobre todo en el folclore, que estaba novelado a partir del criollismo: su texto fundamental es Martín Fierro y, allí, el indio está del otro lado, es enemigo. El indio está antes que la nación. Entonces, ¿cómo se conjuga el nacionalismo del folclore con la cuestión indígena? Esa tensión la resolvió Yupanqui, lo que lo alejó un poco del nacionalismo

¿Pero él tomó la bandera indigenista por fuera de la patria?La integró a la patria. Pensó en términos continentales. En ese sentido, quedó marcado por la experiencia yrigoyenista y, luego, sobre todo, por el Partido Comunista. Su etapa comunista tuvo un gran impacto en su obra y fue la que le hizo ver más allá de los límites nacionales, identificarse con los postergados, específicamente, con los trabajadores rurales, que en términos étnicos tienen un fuerte componente indígena. Cuando veía trabajar a los zafreros en Tucumán, a los salitreros en Chile, a los mineros en Jujuy, a los peones de estancia en la pampa, encontraba el sujeto yupanquiano. Es el primero que lo hizo de manera sistemática; no le cantaba al paisaje, no había costumbrismo, no había esa visión de la zamba aristocrática, de los viejos blasones de la patria, hay trabajadores, silenciosos, callados, que aún no se han revelado pero que alguna vez se van a revelar. Ahí aparecía el Yupanqui más interesante. Que no era el Yupanqui metafísico, era el Yupanqui social, el político.


Sergio Pujol
nació en La Plata, en 1959. Es historiador y crítico musical, enseña "Historia del siglo xx" en la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata y es investigador del Conicet. Brindó cursos y conferencias sobre tango y cultura argentina en las universidades de Princeton, Iowa, Grinnell y Birmingham, entre otras. Publicó una decena de libros, entre los que se destacan Jazz al sur, Discépolo, una biografía argentina, La década rebelde, Rock y dictadura y Las ideas del rock. Genealogía de la música rebelde. En 2001 recibió el título de Fellow in Creative Writing por la Universidad de Iowa(EE.UU.) y en 2007 el diploma Premio Konex en reconocimiento a su labor en el periodismo musical. Ha colaborado en diversos medios del país y del exterior.


Atahualpa Yupanqui
en
(Centro Cultural Enrique Santos Discepolo-Norberto Galasso-)
Héctor Roberto Chavero, conocido como Atahualpa Yupanqui, nació en Pergamino el 31 de enero de 1908 y se fue para "el silencio" el 23 de mayo de1992.
Autor de innumerables canciones, de varios libros de poemas y relatos, se consideraba simplemente "un cantor de artes olvidadas". Sin embargo, más allá de su modestia, su obra alcanza tal dimensión que resultará imposible, en el futuro, hablar de cultura latinoamericana sin recordarlo. Algunas de sus coplas son ya clásicas y reaparecen espontáneamente en las bocas del pueblo, cuando aflora la injusticia social: "las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas", o cuando se recuerda la historia enlutada de nuestra patria grande:


"caminito del indio, caminito que anduvo/ mi raza vieja/ antes que en la montaña/ la pachamama se ensombreciera", pero también cuando se yergue la esperanza: "despacito paisanito/ despacito y tenga fe, /que en la noche del minero/ ya comienza a amanecer".
El misterio de la montaña, la tristeza del cañaveral,
el changuito dormido junto al camino, el alazán que seguirá galopando todavía "si hay cielo pá el buen caballo", la libertad, el amor pudorosamente escondido que no se confiesa, serán apenas algunos de los temas de Yupanqui. Todos ellos signados por el propósito indeclinable del poeta: "lunas me vieron por esos cerros/ y en la llanuras anochecidas/ buscando el alma de tu paisaje/ para cantarte, tierra querida".
Ahí está su pasión de poeta, expresar el paisaje, poseerlo y recrearlo, pero no sólo el paisaje geográfico sino también el paisaje humano y espiritual de su patria. Por eso Atahualpa no escribe para el pueblo ni por el pueblo, sino desde el pueblo, sintiendo como propia la alegría y la tristeza de sus paisanos.
"Aunque canto en todo rumbo/ tengo un rumbo preferido/ siempre canté estremecido/ las penas del paisanaje/ la explotación y el ultraje/ de mis hermanos queridos/ y aunque me quiten la vida/ o engrillen mi libertad/ y aunque chamusquen quizás/ mi guitarra en los fogones/ han de vivir mis canciones/ en el alma de los demás".
En esa tarea, el poeta está convencido de la sabiduría popular, esa que no se nutre del último best-seller europeo, sino de las experiencias sufridas, de las duras vivencias en un país donde el hombre lucha, trabaja, ama y sueña en el desamparo y el dolor, donde la cultura oficial se organiza para ignorarlo y despreciarlo: "qué veneno tendrán las letras, señor, me decía un ‘escuchado’ en Humahuaca, que todo aquél de nosotros que las aprende se vuelve contra nosotros". Consustanciado con las penas y alegrías de su pueblo, Yupanqui recorrió todos los caminos depositando su confianza y su generosidad en el hombre común, el jornalero, el arriero, el peón. En ellos encontró la poesía, como aquella paisana norteña que viendo a su chango tomar una piedra del río le dijo: "no hijo, no le robe el canto al río, no ve que el río canta cuando se encuentra con esas piedras".
Ahí también encontró la sabiduría. Tantos escritores y filósofos definieron la amistad, pero ninguno mejor que su tío Gabriel, analfabeto de toda la vida: ¿qué es un amigo, tío Gabriel? -Un amigo es... uno mesmo en otro pellejo-. Esta anécdota la recordó Yupanqui en una reunión a la cual asistía Jorge Luis Borges, quien acotó con cierta vanidad -Qué lindo, y cómo no se me ocurrió a mi- y Yupanqui le contestó -¿sabe por qué?, porque usted es un erudito y no es paisano y paisano es el que lleva el país adentro-.
A esta concepción de la cultura le cerró el camino la maquinaria oficial de los medios de difusión, destinada a distraer, a escamotear las grandes verdades, a descalificar la opinión popular. Decía Yupanqui: "Buenos Aires, ciudad gringa/ me tuvo muy apretado/ todos se me hacían a un lado/ como cu.....erpo a lajeringa". Por esa razón, el poeta pasó varios años de su vida en Europa, escapándole a la atmósfera colonial de Buenos Aires, donde la llamada gente culta lo tenía apenas por un guitarrero. Por eso murió en París, pero venía todos los años a su Cerro Colorado cordobés a cargar las pilas para su obra musical y poética, que jamás se debilitó en su fuerza nacional y testimonial. Por eso, decía ante las desgracias que caían sobre sus compatriotas: "A veces me entra tristeza/ y otras veces rebelión/ en más de alguna ocasión/ quisiera hacerme perdiz/ pa’ tratar de ser feliz/ en algún pago lejano/ pero la verdad, paisano/ me gusta el aire de aquí". Por eso, aún en las épocas en que debió estar lejos de su patria, le cantó siempre, porque usted sabe: "yo no soy como esos intelectuales parecidos a la calandria, qué pajarito habilísimo la calandria, puede copiar el canto de todos los pájaros, pero qué triste: no tiene canto propio".
Precisamente por tener canto propio, Atahualpa Yupanqui no recibió nunca el calor oficial de los gobiernos, ni de los medios masivos de comunicación. Fue un maldito a pesar de que el pueblo recogió con afecto sus canciones, pero los poderosos lo vieron siempre con desconfianza y temor, como expresión peligrosa de ese Canto del Viento, como él llamabaa la cultura popular, ese Canto del Viento que recoge todas las emociones, experiencias y dolores de los desamparados de la patria, de esa gente que quizás no esté alfabetizada, pero como decía Federico García Lorca, "tiene cultura en la sangre" , porque el hombre, decía Yupanqui, "vale por dentro, que lo de afuera es comprado".


Fue un maldito y por eso queremos presentarlo hoy
Fragmentos del libro El Canto del viento (1965)
En países como el nuestro, presionado desde siempre por la irradiación cultural proveniente de las grandes potencias, resulta difícil definir qué entendemos por cultura nacional, así como también establecer cuál es la función de los intelectuales en relación a esa cultura. Por eso es importante recordar dos textos de Atahualpa Yupanqui referidos a estas cuestiones.
En el primero, elabora una hermosa alegoría acerca de la relación entre pueblo y cultura, que sintetiza en la cultura nacional:
En el segundo, se refiere al artista y de qué manera su destino no reside en mostrar vistoso plumaje, para que su nombre alcance la fama efímera de los medios de comunicación, mientras su obra se olvida poco después de su muerte, sino precisamente lo contrario, fundirse anónimamente en la creación cultural colectiva, porque así, aún después de muerto y desconocido, su canto, continuará viviendo através de los valles y montañas de su patria. Su primer texto se titula El Canto del Viento:
"Corre sobre llanuras, selvas y montañas, un infinito viento generoso, que en una inmensa e invisible bolsa va recogiendo todos los sonidos, palabras y rumores de la tierra nuestra. El grito, el canto, el silbo, el rezo, toda la verdad cantada o llorada por los hombres, los montes y los pájaros va a parar a esa hechizada bolsa del viento. Pero a veces la carga es colosal y termina por romper los costados de la alforja infinita. Entonces el viento deja caer sobre la tierra a través de la brecha abierta la hilacha de una melodía, el ay de una copla, la breve gracia de un silbido, un refrán, un pedazo de corazón escondido en la curva de una vidalita, la punta de flecha de un adiós bagualero, y el viento pasa y se va, y quedan solas, en los pastos, las hilachitas caídas en su viaje. Esas yapitas, cuentas de un rosario lírico, soportan el tiempo, el olvido, las tempestades, según su condición o calidad, se desmenuzan, se quiebran y se pierden, otras permanecen intactas, otras se enriquecen como si el tiempo y el olvido, la alquimia cósmica, les hiciera alcanzar una condición de joya milagrosa.




Pero llega un momento en que son halladas estas hilachitas del alma de los pueblos. Alguien las encuentra un día. ¿Quién las encuentra? Los muchachos que andan por los campos, por el valle soleado, por senderos de la selva en la siesta, por los duros caminos de la sierra o junto a los arroyos o junto a los fogones. Las encuentran los hombres del oscuro destino, los bravos zafreros, los héroes del socavón, el arriero que despedaza sus gritos en los abismos, el juglar desheredado y sin sosiego, las encuentran las guitarras después de vencido el dolor, la meditación y el silencio transformados en dignidad sonora, las encuentran las flautas indias, las que esparcieron por el Ande las cenizas de tantos yaravíes, y con el tiempo, changos, hombres y pájaros y guitarras elevan sus voces en las noches argentinas, o en las claras mañanas o en las tardes pensativas, devolviéndole al viento las hilachitas del canto perdido. Por eso hay que hacerse amigo, muy amigo del viento, hay que escucharlo, hay que entenderlo, hay que amarlo y seguirlo y soñarlo. Aquél que sea capaz de entender el lenguaje y el rumbo del viento, de comprender su voz y su destino, hallará siempre el rumbo, alcanzará la copla, penetrará en el canto".
Así nos dice Atahualpa Yupanqui, que el viento es el depositario de tristezas, alegrías, dolores y esperanzas del pueblo y que en el viento debe abrevar el poeta para hacer verdadera cultura nacional, cuyo destino es finalmente el mismo viento, el pueblo y nos da en esta alegoría una hermosa y clara concepción de cultura nacional.
En el segundo texto, Atahualpa nos habla de la obra del intelectual y su finalidad:
"Nada resulta superior al destino del canto.Ninguna fuerza abatirá tus sueños,porque ellos se nutren con su propia luz.Se alimentan de su propia pasión.Renacen cada día, para ser.Sí, la tierra señala a sus elegidos.El alma de la tierra, como una sombra, sigue a los seresindicados para traducirla en la esperanza, en la pena,en la soledad.Si tu eres el elegido, si has sentido el reclamo de la tierra,si comprendes su sombra, te esperauna tremenda responsabilidad.Puede perseguirte la adversidad,aquejarte el mal físico,empobrecerte el medio, desconocerte el mundo,pueden burlarse y negarte los otros,pero es inútil, nada apagará la lumbre de tu antorcha,porque no es sólo tuya.Es de la tierra, que te ha señalado.Y te ha señalado para tu sacrificio, no para tu vanidad.La luz que alumbra el corazón del artistaes una lámpara milagrosa que el pueblo usapara encontrar la belleza en el camino,la soledad, el miedo, el amor y la muerte.Si tu no crees en tu pueblo, si no amas, ni esperas,ni sufres, ni gozas con tu pueblo,no alcanzarás a traducirlo nunca.Escribirás acaso, tu drama de hombre huraño,sólo sin soledad...Cantarás tu extravío lejos de la grey, pero tu gritoserá un grito solamente tuyo, que nadie podrá ya entender.Sí, la tierra señala a sus elegidos.Y al llegar al final, tendrán su premio, nadie los nombrará,serán lo "anónimo"...pero ninguna tumba guardará su canto...



LIBROS PUBLICADOS
1942 Piedra sola Agotado
1946 Cerro bayo Agotado
1947 Aires indios Agotado
1960-Guitarra Editorial Siglo XX
1965 El canto del viento Editorial Honegger
1972 El payador perseguido de Cía. General Fabril Editora
1984 Confesiones de un payador de Ediciones Galerna
1989 La palabra sagrada Asociación por el conocimiento y desarrollo de la Música francesa en el extranjero (París).
1992 La capataza Ediciones Cinco

MAS MATERIAL EN : GRACIAS ATAHUALPA.COM

01 - Viene clareando
02 - El arriero
03 - Chacarera de las piedras
04 - Vidala para mi sombra
05 - Tierra querida
06 - Danza de la paloma enamorada
07 - Zamba de grillo
08 - Duerme negrita
09 - La colorada
10 - La pobrecita
11 - Tú que puedes, vuélvete
12 - Cruz del sur


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01 - Camino Del Indio
02 - Malambo
03 - Viento, viento
04 - Una Cancion en la montaña
05 - Camino en los valles
06 - El Kachorro
07 - Piedra y Camino
08 - Vidala del Silencio
09 - Me Voy
10 - Huajra
11 - Carguita de Tola
12 - La Viajerita
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01 - Zamba De Vargas

02 - Estrellita
03 - Danza De La Paloma Enamorada
04 - La Estancia Vieja
05 - Canción Del Abuelo Nº 2
06 - Cruz Del Sur
07 - Triste Nº 5
08 - Jesús Alegría Del Hombre
09 - La Gota De Agua
10 - Nen Kororo
11 - Oración Para Pérez Cardoso
12 - Sarabanda De La Suite
13 - Pastoral India La Quena

01 - Mi tierra te están cambiando
02 - Nada más
03 - Vidala del imposible
04 - Gato santiagueño
05 - Tuve un amigo querido
06 - Ranchito de Colalao
07 - Si me veis mirando lejos
08 - La Juan Carreño
09 - Malaya hubiera un camino
10 - Vidala tucumana
11 - Estilo de Quijano
12 - Eleuterio Galván


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01 - Canción para Pablo Neruda
02 - Milonga triste
03 - Baguala del guacho pobre
04 - Juan Careno
05 - Milonga del solitario
06 - Nada más
07 - Dos milongas uruguayas
08 - La Paulita
09 - Canción del arriero de llamas
10 - Recuerdos de El Portezuelo





01 - Destino del canto
02 - Paisaje de la Vidala
03 - A Don Julio Argentino Jerez
04 - Sentido estoy
05 - A Don Buenaventura luna
06 - Changuito Riojano
07 - Testimonio final
08 - Los Indios
09 - Para el que mira sin ver
10 - A Don Manuel Silplituca
11 - El enredao
12 - A Don Manuel Acosta Villafañe
13 - Chinita del campo
14 - No me dejes partir, algarrobo


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