ATRAPADOS EN LIBERTAD es un programa de radio, emitido originalmente en AM 530, la emisora de la Asociacion Madres de Plaza de Mayo.
Audio-informes documentales, con historias y protagonistas de los intentos de cambio social. Revoluciones y sonidos, imágenes radiales de expresiones populares, fotos sonoras de las referencias que señalan el camino hacia la liberación...
domingo, 10 de mayo de 2009
ATAHUALPA YUPANQUI
Si bien es cierto que la coincidencia cronológica multiplica por estos días su nombre en toda la Argentina, también es cierto que como artista popular está asentado en un meseta de vigencia desde hace décadas. Es una vigencia sólida, sin impacto. Reverbera más allá incluso de la Argentina y nada tiene que ver con homenajes, plaquetas y notas periodísticas: se acerca bastante al ideal de anonimato que Yupanqui postuló en El canto del viento y que refiere a la misma definición de folclore. Hoy, y desde hace mucho tiempo, Chacarera de las piedras, La añera, El alazán, Luna tucumana, Camino del indio, Zamba del grillo, Los ejes de mis carreta, El alazán, El arriero, Los hermanos y tantas más vienen explicando, en cada peña, la diferencia entre popular y masivo.La obra de Yupanqui ha influido decisivamente, por lo menos, la obra de tres próceres de Hispanoamérica: Joan Manuel Serrat, Alfredo Zitarrosa y Silvio Rodríguez. Sin contar fascinaciones más epidérmicas como la de Edith Piaf (fascinación que le abrió a Atahualpa las puertas más sofisticadas de París) o, más acá, la de las figuras del llamado neo folk Devendra Banhart y José González. Es que, a pesar de la concentración temática de su obra, Yupanqui se extiende a través del tiempo en un caleidoscopio: cada cual tiene el Atahualpa que quiere. El de protesta (Minero soy), el político (El arriero), el paisajista (Chacarera de las piedras), el zen (El cielo está dentro de mí), el poeta, el compositor, el guitarrista.
PODES ESCUCHAR EL PROGRAMA ( Con entrevista a Sergio Pujol y testimonios y canciones de A. Yupanqui)DESCARGA DIRECTA DESDE AQUI
SERGIO PUJOL, HISTORIADOR Y CRÍTICO MUSICAL
Sergio Pujol: “Yupanqui es un maestro que no dejó escuela”
El libro En nombre del folclore (Emecé) es una minuciosa investigación sobre el gran Atahualpa Yupanqui, uno de los mayores exponentes del género en la Argentina. La vida, la música, el compromiso político y su nomadismo incesante son analizados por el reconocido autor de Jazz al Sur.
La militancia comunista
¿Tuvo incidencia política en el campo cultural?Sí, porque militó siete años en el PC, incluso, más activamente que Osvaldo Pugliese, comunista de toda la vida. Yupanqui viajó a Europa del Este apenas nacida la Guerra Fría. Además, colaboraba con Orientación y Nuestra palabra, órganos oficiales del PC. Después, nunca más habló de eso porque terminó mal con el partido, se sintió desencantado, en parte, lo echaron, se fue con un resentimiento hacia la versión partidista, soviética, del comunismo. A la larga, quedó en una posición curiosa, yo diría irónica, en la sociedad argentina, porque para los peronistas siempre sería un gorila -era un crítico acérrimo del peronismo y lo padeció, estuvo prohibido, preso, torturado-, para los aristócratas siempre sería un viejo zurdo y para los comunistas orgánicos, un traidor. Todo esto profundiza aún más su soledad. Él, que siempre se presentaba a tocar solo, sin acompañantes, bien de la cultura de los payadores, simbolizaba la soledad en la cultura argentina. Pero, además, su música se cierra sobre sí misma, no necesita nada, en ese sentido, es perfecta. Por eso, aunque hay muchos excelentes intérpretes de su obra, lo que no hay son descendientes. Es un maestro sin escuela.
Murió el año del quinto centenario. Hoy, que el panorama político latinoamericano es distinto, ¿puede considerarse a Atahualpa como parte de la resistencia indigenista en el siglo veinte?Absolutamente. Es el primero conocido, famoso, consecuente. Félix Luna, en una biografía bastante buena que escribió de Yupanqui, en los años setenta, dice que el indigenismo le llega probablemente a través de la gran preocupación por lo incaico, por la América profunda, que circulaba en los años veinte y treinta, proveniente del Perú y del auge de la arqueología. Ese indigenismo estaba en algunos poetas, en el campo intelectual, incluso, en los diarios; lo que hizo Yupanqui, y en eso fue el primero, fue llevarlo a la canción nativa. Fue el primer músico popular en introducir la palabra “indio”, que en aquella época tenía un poder bastante revulsivo, sobre todo en el folclore, que estaba novelado a partir del criollismo: su texto fundamental es Martín Fierro y, allí, el indio está del otro lado, es enemigo. El indio está antes que la nación. Entonces, ¿cómo se conjuga el nacionalismo del folclore con la cuestión indígena? Esa tensión la resolvió Yupanqui, lo que lo alejó un poco del nacionalismo
¿Pero él tomó la bandera indigenista por fuera de la patria?La integró a la patria. Pensó en términos continentales. En ese sentido, quedó marcado por la experiencia yrigoyenista y, luego, sobre todo, por el Partido Comunista. Su etapa comunista tuvo un gran impacto en su obra y fue la que le hizo ver más allá de los límites nacionales, identificarse con los postergados, específicamente, con los trabajadores rurales, que en términos étnicos tienen un fuerte componente indígena. Cuando veía trabajar a los zafreros en Tucumán, a los salitreros en Chile, a los mineros en Jujuy, a los peones de estancia en la pampa, encontraba el sujeto yupanquiano. Es el primero que lo hizo de manera sistemática; no le cantaba al paisaje, no había costumbrismo, no había esa visión de la zamba aristocrática, de los viejos blasones de la patria, hay trabajadores, silenciosos, callados, que aún no se han revelado pero que alguna vez se van a revelar. Ahí aparecía el Yupanqui más interesante. Que no era el Yupanqui metafísico, era el Yupanqui social, el político.
Sergio Pujol nació en La Plata, en 1959. Es historiador y crítico musical, enseña "Historia del siglo xx" en la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata y es investigador del Conicet. Brindó cursos y conferencias sobre tango y cultura argentina en las universidades de Princeton, Iowa, Grinnell y Birmingham, entre otras. Publicó una decena de libros, entre los que se destacan Jazz al sur, Discépolo, una biografía argentina, La década rebelde, Rock y dictadura y Las ideas del rock. Genealogía de la música rebelde. En 2001 recibió el título de Fellow in Creative Writing por la Universidad de Iowa(EE.UU.) y en 2007 el diploma Premio Konex en reconocimiento a su labor en el periodismo musical. Ha colaborado en diversos medios del país y del exterior.
Atahualpa Yupanqui en Los Malditos(Centro Cultural Enrique Santos Discepolo-Norberto Galasso-) Héctor Roberto Chavero, conocido como Atahualpa Yupanqui, nació en Pergamino el 31 de enero de 1908 y se fue para "el silencio" el 23 de mayo de1992. Autor de innumerables canciones, de varios libros de poemas y relatos, se consideraba simplemente "un cantor de artes olvidadas". Sin embargo, más allá de su modestia, su obra alcanza tal dimensión que resultará imposible, en el futuro, hablar de cultura latinoamericana sin recordarlo. Algunas de sus coplas son ya clásicas y reaparecen espontáneamente en las bocas del pueblo, cuando aflora la injusticia social: "las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas", o cuando se recuerda la historia enlutada de nuestra patria grande:
"caminito del indio, caminito que anduvo/ mi raza vieja/ antes que en la montaña/ la pachamama se ensombreciera", pero también cuando se yergue la esperanza: "despacito paisanito/ despacito y tenga fe, /que en la noche del minero/ ya comienza a amanecer". El misterio de la montaña, la tristeza del cañaveral, el changuito dormido junto al camino, el alazán que seguirá galopando todavía "si hay cielo pá el buen caballo", la libertad, el amor pudorosamente escondido que no se confiesa, serán apenas algunos de los temas de Yupanqui. Todos ellos signados por el propósito indeclinable del poeta: "lunas me vieron por esos cerros/ y en la llanuras anochecidas/ buscando el alma de tu paisaje/ para cantarte, tierra querida". Ahí está su pasión de poeta, expresar el paisaje, poseerlo y recrearlo, pero no sólo el paisaje geográfico sino también el paisaje humano y espiritual de su patria. Por eso Atahualpa no escribe para el pueblo ni por el pueblo, sino desde el pueblo, sintiendo como propia la alegría y la tristeza de sus paisanos. "Aunque canto en todo rumbo/ tengo un rumbo preferido/ siempre canté estremecido/ las penas del paisanaje/ la explotación y el ultraje/ de mis hermanos queridos/ y aunque me quiten la vida/ o engrillen mi libertad/ y aunque chamusquen quizás/ mi guitarra en los fogones/ han de vivir mis canciones/ en el alma de los demás". En esa tarea, el poeta está convencido de la sabiduría popular, esa que no se nutre del último best-seller europeo, sino de las experiencias sufridas, de las duras vivencias en un país donde el hombre lucha, trabaja, ama y sueña en el desamparo y el dolor, donde la cultura oficial se organiza para ignorarlo y despreciarlo: "qué veneno tendrán las letras, señor, me decía un ‘escuchado’ en Humahuaca, que todo aquél de nosotros que las aprende se vuelve contra nosotros". Consustanciado con las penas y alegrías de su pueblo, Yupanqui recorrió todos los caminos depositando su confianza y su generosidad en el hombre común, el jornalero, el arriero, el peón. En ellos encontró la poesía, como aquella paisana norteña que viendo a su chango tomar una piedra del río le dijo: "no hijo, no le robe el canto al río, no ve que el río canta cuando se encuentra con esas piedras". Ahí también encontró la sabiduría. Tantos escritores y filósofos definieron la amistad, pero ninguno mejor que su tío Gabriel, analfabeto de toda la vida: ¿qué es un amigo, tío Gabriel? -Un amigo es... uno mesmo en otro pellejo-. Esta anécdota la recordó Yupanqui en una reunión a la cual asistía Jorge Luis Borges, quien acotó con cierta vanidad -Qué lindo, y cómo no se me ocurrió a mi- y Yupanqui le contestó -¿sabe por qué?, porque usted es un erudito y no es paisano y paisano es el que lleva el país adentro-. A esta concepción de la cultura le cerró el camino la maquinaria oficial de los medios de difusión, destinada a distraer, a escamotear las grandes verdades, a descalificar la opinión popular. Decía Yupanqui: "Buenos Aires, ciudad gringa/ me tuvo muy apretado/ todos se me hacían a un lado/ como cu.....erpo a lajeringa". Por esa razón, el poeta pasó varios años de su vida en Europa, escapándole a la atmósfera colonial de Buenos Aires, donde la llamada gente culta lo tenía apenas por un guitarrero. Por eso murió en París, pero venía todos los años a su Cerro Colorado cordobés a cargar las pilas para su obra musical y poética, que jamás se debilitó en su fuerza nacional y testimonial. Por eso, decía ante las desgracias que caían sobre sus compatriotas: "A veces me entra tristeza/ y otras veces rebelión/ en más de alguna ocasión/ quisiera hacerme perdiz/ pa’ tratar de ser feliz/ en algún pago lejano/ pero la verdad, paisano/ me gusta el aire de aquí". Por eso, aún en las épocas en que debió estar lejos de su patria, le cantó siempre, porque usted sabe: "yo no soy como esos intelectuales parecidos a la calandria, qué pajarito habilísimo la calandria, puede copiar el canto de todos los pájaros, pero qué triste: no tiene canto propio". Precisamente por tener canto propio, Atahualpa Yupanqui no recibió nunca el calor oficial de los gobiernos, ni de los medios masivos de comunicación. Fue un maldito a pesar de que el pueblo recogió con afecto sus canciones, pero los poderosos lo vieron siempre con desconfianza y temor, como expresión peligrosa de ese Canto del Viento, como él llamabaa la cultura popular, ese Canto del Viento que recoge todas las emociones, experiencias y dolores de los desamparados de la patria, de esa gente que quizás no esté alfabetizada, pero como decía Federico García Lorca, "tiene cultura en la sangre" , porque el hombre, decía Yupanqui, "vale por dentro, que lo de afuera es comprado".
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