sábado, 27 de junio de 2009

LUCIO URTUBIA

Lucio Urtubia Jiménez (Cascante, Navarra, 18 de febrero de 1931) es un albañil y militante anarquista. Considerado como el último de los "bandidos buenos", ha sido definido como un "Robin Hood", como un Quijote; aunque en palabras de Albert Boadella "Lucio es un Quijote que no luchó contra molinos de viento, sino contra gigantes de verdad".




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Biografía


Lucio Urtubia nació en Cascante en una familia muy pobre de 5 hermanos, dentro de la carlista Navarra. Su padre entró en la cárcel como carlista y salió convertido en comunista. A los 19 años, Lucio oyó de su boca por primera vez la palabra que marcaría su vida: "Si pudiera volver a empezar, sería anarquista".

Reclutado para el servicio militar, descubriría muy pronto la facilidad para realizar contrabando en la frontera hispano-francesa. Con otros compañeros del servicio, desvalijó un almacén de la compañía a la que estaba adscrito. Al ser descubierto, desertó y huyó a Francia en 1954, ya que los delitos cometidos podían llevar aparejada la pena de muerte.

En París comienza a trabajar de albañil, oficio que le acompañará toda su vida. Comenzó a relacionarse con las Juventudes Libertarias de la Fédération Anarchiste, radicada en París, en principio para aprender el idioma, pero más tarde plenamente convencido por las relaciones que allí inició, que incluían entre otros a André Breton y a Albert Camus.

Al poco tiempo de vivir en París se le pidió que escondiera a un miembro del maquis antifranquista en su casa. El refugiado resultó ser el mítico Quico Sabaté, con el que compartió casa durante varios años, hasta la muerte de este:
Para Lucio, Quico era su dios, su maestro del anarquismo
Bernard Thomas

Sabaté le facilitó direcciones de familias y libertarios exiliados en Toulouse, Perpiñán, París y de miembros que seguían en activo de la antigua CNT española en Barcelona, Zaragoza, Madrid y Pamplona. Lucio, ante la detención y encarcelamiento de Quico, empezó a emularlo realizando incursiones en territorio español; posteriormente emprendió una serie de robos y atracos por Europa, para conseguir fondos para la causa revolucionaria, acompañado por su inseparable ametralladora Thompson, heredada de Sabaté a la muerte de este. Más tarde abandonaría estas actividades "por miedo a hacerle daño a los empleados de los bancos".

Ya anteriormente había comenzado su actividad de falsificador, de manera que no había guerrillero o exiliado político que no tuviera documentos falsos salidos de la mano de Lucio. Se unió con otros compañeros libertarios en los años 60 para falsificar moneda, con la que financiaban a numerosos grupos por todo el mundo, a la vez que procuraban desestabilizar las economías capitalistas. Subsecuentemente con estas actividades, en plena invasión de la Bahía de Cochinos, propuso a la embajadora de Cuba en Francia, Rosa Simeón, destruir con explosivos intereses estadounidenses en Francia, a lo que esta se negó. Sin embargo, resultó tentada con la propuesta que le hizo de falsificación masiva de dólares americanos, de los que le llevaba una muestra. Fue entonces cuando la embajadora medió para presentarle a Ernesto Che Guevara en 1962, al que le presento su plan de falsificación a gran escala de dólares, siendo rechazado por el mismo, a la sazón Ministro de Interior de la Revolución Cubana. Salió Lucio desencantado de la reunión, el Che le había dicho que los EE. UU. seguirían siendo ricos a pesar de todo, dándose cuenta de que el revolucionario argentino empezaba a estar cansado del rumbo que tomaba la política en la isla.

Su golpe maestro y que le cambió su vida, fue la falsificación de cheques del Citibank, de los cuales realizó 8.000 hojas de 25 cheques de 100 dólares cada uno, con lo que estuvo a punto de hacer quebrar al banco, que sufrió una importante caída en su cotización en bolsa. Este dinero fue utilizado, como siempre, en la ayuda de movimientos guerrilleros en Latinoamérica (Tupamaros, Montoneros, etc.) y Europa. A pesar de la espectacularidad de la falsificación, sólo fue condenado a 6 meses de cárcel, gracias a la ayuda que le prestaron casi todos los abogados progresistas de Francia, y a un acuerdo extrajudicial con el City Bank, que fue forzado a retirar los cargos a cambio de las planchas de grabación.

Su vida ha sido una continua aventura: cinco órdenes internacionales de búsqueda, incluida la CIA; preparó el secuestro del nazi Klaus Barbie en Bolivia, colaboró en la fuga del líder de los Panteras Negras, intercedió en el secuestro de Javier Rupérez, medió en el caso de Albert Boadella, simpatizó con los Grupos Autónomos de Combate-Movimiento Ibérico de Liberación y con los posteriores Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista (GARI), sobre todo con uno de sus miembros franceses, Jean-Marc Rouillan...

Siempre defendió el trabajo: "somos albañiles, pintores, electricistas, no necesitamos el estado para nada"; "si el paro y la marginación crearan revolucionarios, los gobiernos habrían acabado ya con el paro y la marginación". Actualmente continua viviendo en París de su trabajo de albañil.




Lucio ha sido entrevistado en varias radios.

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ALB- En 1978 un grupo de compañeros te pide apoyo logístico para realizar una acción propagandística contra la dictadura de Videla durante el mundial de futbol argentina-78, ¿nos puedes contar un poco cómo se desarrolló y qué se pretendía con dicha acción?

L.U- Hubo un grupo que quiso, cuando el golpe de Videla y toda esta gente, pues trató de boicotear el campeonato del mundo de fútbol. Dicho grupo también llegó a planear el intento de secuestro de Klaus Barbie. Era un grupo libertario de París y trataron de secuestrar a un futbolista para impedir que la selección francesa fuera a jugar a Argentina, y el primer rapto era Platini. Platini era el mejor jugador en aquella época en Europa, era muy importante, pero no pudieron hacerlo y entonces intentaron secuestrar al entrenador del equipo de Francia.
Eran gente trabajadora en solidaridad con Argentina porque en aquella época era cuando en Argentina subían a la gente en los aviones y los tiraban al mar.
Pues este grupo, un grupo de gente pobre, gente trabajadora, como ningún gobierno hacía nada y nadie hacía nada, pues estos muchachos como pudieron, con lo medios que tenían trataron de hacer esto.

ALB- ¿Cómo se desarrolló la historia?

L.U- Pues al fracasar los dos intentos de secuestro se anunció que el objetivo era mostrar la solidaridad con Argentina, y aunque eran poca gente y eran pobres no hubo investigación ya que era una denuncia, la única denuncia de lo que estaba sucediendo en Argentina y nadie quiso acusar a nadie y se trató de tapar la historia.

"LUCIO, ANARQUISTA,ATRACADOR,FALCIFICADOR, PERO SOBRE TODO ANARQUISTA" (Web de la Pelicula)

Anarquistas ha habido y sigue habiendo bastantes en el mundo. Los que han tenido que cometer atracos o introducirse en el contrabando para la causa son numerosos. Los que han discutido estrategias con El Ché o han ayudado a Eldridge Cleaver -el líder de los Panteras Negras- son los menos. Los que unido a todo lo anterior, hayan conseguido poner contra las cuerdas al banco más poderoso del planeta mediante la falsificación masiva de traveller checks, y sin faltar un solo día a su trabajo de albañil de construcción, sólo hay uno. Lucio Urtubia, hijo de Cascante (Navarra). Lucio, hoy en día, vive en Paris, retirado. Ha sido testigo -muchas veces parte activa- de varios acontecimientos históricos que se han dado la segunda mitad del siglo XX. vivió desde dentro el fenómeno del Mayo de 1968, apoyó con su participación el inicio del régimen de Ca videostro, participó en toda clase de actividades antifranquistas... Pero sin lugar a dudas su gran golpe lo dio en la segunda mitad de la década de los setenta, acaparando así en la prensa titulares como el “bandido bueno”, o el “Zorro vasco”. Consiguió estafar al First National Bank (ahora Citibank) 3.000 millones de pesetas de la época, para invertir el dinero en causas en las que creía. Asombrosamente, su “carrera” le ha costado sólo unos meses de cárcel.

El último de los grandes anarquistas cuenta todo

Trabaja como albañil en París, pero en su época asaltó bancos ametralladora en mano, y luego se dedicó a falsificar documentos y billetes, y puso al CityBank de rodillas. Aquí Lucio Urtubia se explica.

Lucio Urtubia, hoy.
No se arrepiente de nada.


Por Eduardo Febbro
Desde París

t.gif (862 bytes) De las decenas de millones de dólares que robó asaltando bancos o fabricando billetes y travellers checks falsos Lucio nunca se guardó un peso en el bolsillo. Una parte fue para “la causa”, la otra para los “compañeros cómplices”, otra para “la estructura”. Los Montoneros, Tupamaros, miembros del ERP y revolucionarios latinoamericanos de toda índole que le deben favores y los documentos falsos que les proporcionó forman una “familia incontable”. Lucio Urtubia, de casi 70 años, sigue trabajando como albañil en el popular barrio parisino de Belleville y nunca cambió el overol por la corbata. Militantes anarquistas, obreros, intelectuales, grandes abogados de París se codean sin conocerse cuando vienen a buscarlo para que les arregle la casa o a visitar el espacio cultural Louise Michel que dirige en Belleville.
Casi no hay revolucionario latinoamericano que haya pasado por París y no le deba su pasaporte ficticio. Este español anarquista tiene en su haber el desfalco más espectacular que la historia de los robos políticos haya registrado: “la reproducción” de 30 millones de dólares en travellers checks falsos del First National CityBank. Un “asalto” sin precedentes que, tras una rocambolesca serie de anécdotas y negociaciones secretas, le valió una modesta condena a seis meses de cárcel. “Me trataron de deshonesto, pero yo les dije muy claro: los ladrones son los bancos; nosotros, lo único que tratamos de hacer es restablecer un poco el
equilibrio”. Cuando el juez le preguntó por qué había hecho todo eso Lucio respondió: “Por moral”. Bernard Thomas, el periodista francés del semanario satírico Le Canard Enchainé que escribió su biografía (Lucio, el Irreductible) lo compara con los grandes bandidos populares como el Zorro, Robin Hood, Alexandre Jacob o Arsène Lupin. Sin dudas hay algo de eso. Aunque el lema de esos hombres y el de Lucio es el mismo, “robar a los ricos para darles a los pobres”, su historia es mucho más. Nació en Navarra en 1931 en una familia de extrema pobreza con cinco hermanos y un padre rojo: “Me cago en Dios, qué pobres que éramos. No pasaba un día sin que nos insultaran: ‘¡Rojos, rojos!’, nos decían”. A los 19 años escuchó por primera vez la palabra que “encausaría” su vida. Su padre le dijo: “Si tuviera que volver a comenzar, sería anarquista”. A los 19 se escapó a Francia para trabajar como albañil y no tardó en acercarse a los medios anarquistas y libertarios. Un día le hablaron de un tipo muy buscado al que había que esconder. No preguntó quién era y lo protegió. El desconocido se presentó diciéndole “Soy El Quico”. El apodo sonaba como la pólvora. Francisco Sabaté, alias El Quico, era una leyenda para los anarquistas, un héroe de incontables combates buscado en cada rincón de la España franquista. El Quico le transmitió sus enseñanzas y la cultura de la acción y las “expropiaciones revolucionarias”. Antes de morir acribillado a balazos en Sant Celoni, Sabaté le legó la más irremplazable de sus herramientas: no la ideológica sino la célebre ametralladora Thompson y una enorme navaja. Con ella asaltó el primer banco en Andalucía junto a un “intelectual español que más tarde sería ministro”. Los bancos de Bélgica, Francia y Gran Bretaña vieron brillar su ametralladora Thompson hasta que un día, “porque me daba miedo hacerles daño a los empleados de los bancos”, cambió de ramo.
De la lucha antifranquista a la “internacional libertaria y revolucionaria” no había más que un paso que Lucio dio como falsificador al “servicio de los compañeros que tanto sufrían en distintos frentes”. La falsificación de moneda vino como un juego. En los años 60 se unió a los tipógrafos libertarios expertos en reproducir billetes. “Era –cuenta–una manera pacífica de recuperar los fondos para la guerra”. Convencido de que ese activismo pacífi
co resultaría más eficaz que los asaltos, Lucio los puso al servicio de las revoluciones. En plena ofensiva de la Bahía de los Cochinos, Urtubia le propuso a la embajadora de Cuba en Francia, Rosa Simeon, destruir con explosivos los intereses norteamericanos en Francia. La mujer no quiso, pero cayó más tarde bajo el embrujo del paquete de dólares falsos que Lucio le mostró como arma contra el imperio. Ella organizó el encuentro entre el anarquista y el Che en la primavera europea del ‘62. Durante seis horas, el libertario español le explicó su propósito, los fundamentos de su plan y las cuestiones técnicas ligadas a la falsificación. El Che le preguntó sobre el costo de la operación, la obtención del papel y el impacto que eso podría tener en la opinión pública internacional. “El Che me pareció amable, pero frío. Si se quiere, me decepcionó. Se llevó la muestra de dólares que le di, pero me dijo que, incluso con dólares falsos, EE.UU. seguiría enriqueciéndose. Respeto y admiro mucho al Che, pero eso es todo”.
Pero su golpe maestro seguirá siendo la reproducción de los travellers checks: “8000 hojas grandes de 25 cheques de 100
dólares”. Un inestimable tesoro para la revolución que lo llevó a la cárcel en los años 80. Fue, como él lo reconoce, “una historia que cambió mi vida”. Urtubia pasó medio año tras las rejas por esa operación. Se salvó de una condena mucho más pesada porque contó con la ayuda de cuanto abogado “progresista” había en Francia y porque el CityBank envió a un “mensajero especial” a negociar con él. El anarquista español realizó el sueño de todo libertario: hacer que el banco más poderoso de la tierra se pusiera de rodillas ante él.
Lucio tiene más aventuras que el Zorro. Entre otras cosas preparó el secuestro del nazi Klaus Barbie en Bolivia y colaboró con la fuga del líder de las Panteras Negras. Nunca cam
bió su forma de vivir. Se sigue levantando a las seis de la mañana y asegura que ha tenido “la suerte de nacer muy pobre. Es el trabajo quien me ha abierto las puertas y me ha dado el orgullo de la vida”. Que lo diga mejor Louis Joinet, número dos de la Judicatura francesa, quien afirmó que Lucio representa todo “lo que a mí me hubiese gustado ser”. Su nuevo proyecto consiste en ocupar un edificio abandonado y rehabilitarlo como “emblema” del compromiso libertario. “Somos –dice– albañiles, electricistas, plomeros. No necesitamos del Estado”.


El trabajo mata, el paro adormece

“Anarquista, falsificador y sobre todo albañil”, así se le define en el cartel de promoción de la película. Su oficio le ha sido muy útil en su actividad política. Aunque considera que el trabajo es algo negativo, afirma que sin trabajar “no sabes nada”. A los jóvenes que se acercan por su espacio anarquista les advierte de que “el paro es un supositorio para dormir a la gente; si el paro fuera revolucionario, no existiría”.

La vida de Lucio es tan intensa que él mismo reconoce que cada minuto de la película puede parecer increíble. Los directores del largometraje consideran que es una historia que puede llegar a todo el mundo: “una persona para la que el anarquismo le resulte algo ajeno, puede entender las ideas de Lucio y lo que hace”.

Al finalizar la entrevista, Lucio, al igual que expresa en la película, invita a quien lo desee a acudir al Louise Michel y compartir con él sus experiencias y la cotidianidad de un anarquismo que como él mismo dice “se determina en la práctica”. La dirección: 20, Rue de Cascades, en París 20.












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