sábado, 21 de mayo de 2011

HRANT DINK (Periodista Turco-Armenio)

Víctima 1.500.001 del genocidio armenio

MEMORIA Y JUSTICIA

PARA

HRANT DINK

15 de septiembre de 1954 – 19 de enero de 2007

Hrant Dink era un periodista turco de origen armenio, director y columnista del semanario turco-armenio Agos de Estambul. El 19 de enero de 2007 fue asesinado a balazos en las puertas de su periódico en Turquía. A tres años de su muerte Dink se convirtió en la víctima número 1.500.001 del genocidio armenio.



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¿Por qué sucedió esto a Hrant Dink?

El periodismo consiste en develar a la sociedad lo que está oculto, buscar la verdad para ponerla al servicio de la sociedad. Dink, no sólo cumplió con este principio sino que también luchó para que la nación turca y armenia lograran el dialogo y la paz, ausentes desde 1915. Año en el que el Imperio Turco Otomano decidió el exterminio de los armenios, por medio de un plan sistemático que los eliminara definitivamente de sus tierras ancestrales. Aún el Estado de Turquía, heredero de ese imperio, no lo ha reconocido.

Justamente, la labor de Dink radicó en echar luz sobre la verdadera historia de los turcos, desafiando la historia oficial. En consecuencia, fue perseguido por las autoridades estatales, enjuiciado y arrestado por haber quebrantado el artículo 301 del Código Penal Turco. Por este artículo se lo acusó de antiturco por haber insultado la identidad de ese país por medio de sus declaraciones que enfadaban a los sectores políticos y de las fuerzas armadas ultranacionalistas.

Algunas de las expresiones de Hrant Dink, que lo llevaron a ser señalado como un peligro para la turquedad fue que cuando se le preguntó sobre el tradicional juramento que los alumnos deben realizar en la escuela primaria, él respondió: “Soy ciudadano turco, pero soy armenio, y que a pesar de que soy honesto y trabajador, no soy turco, soy armenio”. También afirmó que no le gusta una frase del himno nacional turco que se refiere a “mi raza heroica” estoy en contra de utilizar la palabra ‘raza’, que conlleva a la discriminación” [1]

Este acontecimiento dejó en evidencia la intolerancia de Turquía hacia las minorías que habitan como ciudadanos en su “Moderna República”, asimismo la incapacidad para enfrentarse a su pasado, como también las dificultades que debe afrontar para ser verdaderamente democrática y aceptada como tal en la Unión Europea.

El asesinato de Hrant Dink y la falta de juzgamiento hacia los autores intelectuales y materiales de su muerte, muestran al mundo que Turquía en su esfera doméstica no ha cesado de violar los Derechos Humanos como la libertad de expresión y religión. Y emplean la tortura y el hostigamiento hacia quienes poseen y divulgan una mirada crítica hacia su propia nación.

También es evidente que la política exterior turca no se encuentra alineada ni es coherente con su política interior, hay un desfasaje entre ambas. Claramente en Turquía existe una pantalla que permite ocultar el abuso y la intolerancia que muchas veces es utilizada para no quitar el manto que cubre su oscura historia. Esto a su vez, incide en su sociedad que no logra conciliar su pasado con su presente y si lo hace, es ignorando gran parte de la historia de la construcción de su estado “moderno”.

El prestigioso académico y periodista fue uno de los que pago el precio más alto por hacer respetar en su país los Derechos Humanos. Sin embargo, no es el único que fue procesado y en consecuencia sufrido la acusación de antiturco. El famoso novelista, Premio Novel de Literatura 2006, Orhan Pamuk, actualmente tiene en curso algunos procesos judiciales y vivió en el exilio por recordar públicamente el primer genocidio del siglo XX.

Luego de tres años del asesinato de Hrant Dink, desde Todos x Armenia lo recordamos valorando sus convicciones y valores, tomándolo como un ejemplo combativo del negacionismo turco hacia el genocidio armenio.Aquí te dejamos algunos videos que conmemoran y reivindican a este valiente periodista turco de origen armenio.

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El siguiente video es una entrevista de un programa televisivo de España, en el cual entrevistan a dos académicos que son consultados sobre el asesino de Hrant Dink en Turquia y su relación con el Genocidio Armenio.

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Hrant Dink

Hrant Dink (Malatya, 15 de septiembre de 1954 - Estambul, 19 de enero de 2007) fue un periodista turco de origen armenio.

Su faceta profesional más conocida era su condición de redactor del semanario Agos en armenio. Fue columnista y redactor-jefe del mismo desde 1996 hasta su asesinato, medio al que se le considera como la voz de la comunidad armenia.

Emigró con su familia a Estambul en 1961. Tras el divorcio de sus padres se crió en un orfanato. Estudió en escuelas armenias y, al terminar sus estudios en secundaria, se casó. Cursó la formación superior en Zoología en la Universidad de Estambul, donde se graduó, para pasar posteriormente a estudiar Filosofía en la misma universidad.

En 1996 empezó a escribir en el semanario Agos donde decía querer establecer un puente de unión y comunicación entre los turcos y la comunidad armenia a la que consideraba aislada en el país. Otro de los objetivos del semanario era acercar a ambos estados, Turquía y Armenia, reconociendo los primeros las injusticias cometidas contra el pueblo armenio en el pasado.En 2005 fue condenado por violar el artículo 301 del Código Penal, en concreto por «insultar la identidad turca» en un artículo sobre la diáspora armenia. Dink escribió una serie de artículos en los cuales invitó a los armenios de la diaspora a terminar de centrar sus iras en el enfrentamiento con los turcos y a hacerlo en el bienestar de Armenia.

Manifestó su intención de recurrir la sentencia ante el Tribunal Supremo de Turquía y la Corte Europea de Derechos HumanosEl 19 de enero de 2007, mientras regresaba a su casa procedente de la redacción de Agos, fue asesinado a tiros en la calle. En la noche del 20 de enero, la policía de Turquía informó de la detención de un joven de 17 años en la ciudad de Samsun, en la costa del Mar Negro, que se había confesado autor del crimen.

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CONDENAN A TURQUÍA POR EL ASESINATO DEL PERIODISTA ARMENIO HRANT DINK.

Turquía es culpable. Ésta es la decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el caso que enfrenta al Estado turco con la familia del periodista armenio Hrant Dink, asesinado en 2007. No respetó su libertad de expresión ni su derecho a la vida, asegura. Aunque la sentencia sólo se hará pública oficialmente en septiembre, la prensa turca, incluyendo la cadena CNNTürk, informa de que los jueces de Estrasburgo han fallado a favor de la familia del periodista asesinado.

Se trataba de dos denuncias que fueron fusionadas por el Tribunal: por una parte, Dink había apelado a Estrasburgo tras ser condenado en Turquía por publicar un artículo sobre las relaciones armenio-turcas que fue calificado como “racista”. Poco después fue asesinado por un chico de 16 años que, según todos los indicios, sólo fue el brazo ejecutor de una red nacionalista. El entierro del periodista congregó a más de 100.000 personas y despertó una nueva conciencia respecto al trato de las minorías en Turquía. Tras el asesinato, la familia de Dink acusó al Estado turco de no haber hecho nada por proteger al periodista, aunque sabía que éste recibía amenazas de muerte. Según el diario turco ‘Vatan’, el Tribunal de Estrasburgo también critica las “ineficaces” acciones legales iniciadas contra sus asesinos. Aunque tanto el adolescente que confesó haber disparado a Dink como varios otros implicados están en la cárcel, aún no se ha aclarado la trama que llevó al crimen.

El juicio había exigido cierto equilibrismo al Gobierno turco. Por una parte criticó duramente el asesinato de Dink y el 16 de agosto pasado, el presidente turco Abdullah Gül incluso declaró que “Dink murió porque no se habían tomado las precauciones necesarias”, admitiendo así la responsabilidad del Estado. Por otra parte, los juristas turcos enviados a Estrasburgo asumieron la posición contraria: llegaron incluso a comparar los escritos de Dink, pacifista declarado, con los de un neonazi alemán, condenado también por sus escritos. La comparación suscitó una oleada de protestas en Turquía y las disculpas oficiales del ministro de Exteriores, Ahmet Davutoglu. El viernes, el presidente turco, Abdullah Gül, se reunió con Hosrof Dink, el hermano del periodista. Aunque no trascendieron detalles de la conversación, la prensa sugirió que el Estado podía estar buscando un acuerdo amistoso con la familia.

EL PRESIDENTE DE TURQUÍA RECIBIÓ AL HERMANO DE HRANT DINK.

El viernes, el presidente turco, Abdullah Gül, se reunió con Hosrof Dink, el hermano del periodista. Aunque no trascendieron detalles de la conversación, la prensa sugirió que el Estado podía estar buscando un acuerdo amistoso con la familia.

Después del discurso de defensa vergonzoso contra Hrant Dink que fue enviado a la Corte Europea de Derechos Humanos por las autoridades de Turquía, en la cámara presidencial de Tarabya ,el presidente de Turquía recibió al hermano del redactor jefe del semanario “Agos”, Hrant Dink ,quien fue matado en 2007. Según el periódico Haberturk, el presidente de Turquía había invitado a Josrov Dink para una reunión. Josrov Dink llegó a la reunión en taxi y caminó hasta la cámara pasando por las puertas.

Después de la reunión que duró casi 55 minutos, Josrov Dink declaró: “Discutimos y hablamos sobre asuntos separados. Esto fue una reunión para compartir los dolores y los sufrimientos”, dijo, añadiendo que no podía responder a otras preguntas y se sentó en uno de los coches del presidente.

Anteriormente,Josrov Dink había declarado que se asustó cuando leyó el discurso de defensa estatal contra Hrant Dink en cual decía que su hermano había ofendido la identidad turca e instalado el odio contra la naciónMencionamos que durante su última visita oficial a Bakú el presidente de Turquía Abdullah Gül declaró 3 veces que el ciudadano de Turquía Hrant Dink fue matado ya que el gobierno no había tomado medios preventivos.

FUENTES:

http://www.elmundo.es/elmundo/2010/08/23/internacional/1282561871.html

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EL SOSPECHOSO DE 17 AÑOS HABIA SIDO FILMADO EN LA ESCENA DEL CRIMEN

Detuvieron al presunto asesino de Dink

La policía turca detuvo este sábado a un chico de 17 años como sospechoso del asesinato del periodista Hrant Dink, uno de los más importantes intelectuales turcos de origen armenio. Ogun Samast, cuyas fotos habían sido previamente distribuidas a medios de comunicación este mismo día, fue capturado anoche en un autobús en Samsun, una ciudad portuaria del Mar Negro, dijo a la prensa el gobernador de Estambul, Muammer Guler.

El sospechoso se dirigía a su casa en la vecina ciudad de Trabzon (norte) todavía con el arma que presuntamente utilizó para matar en la noche del viernes en Estambul a Dink, de 53 años, añadió Guler. El gobernador indicó que otros seis sospechosos de estar involucrados en el crimen fueron detenidos en Trabzon. Los siete fueron llevados a Estambul.

“Todos sus vínculos están siendo investigados”, dijo Guler. “La investigación mostrará si alguna organización (ilegal) está involucrada.”

El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, confirmó la detención de Samast desde Kizilcahamam, una ciudad cercana a Ankara, donde su partido se reunía este sábado, informaron medios locales.

La policía turca también estudiará las posibles conexiones entre el asesinato de Dink y el de un cura católico italiano en Trabzon en febrero, según informaron medios locales citando a Erdogan. La búsqueda del sospechoso, cuyas imágenes recogió una cámara de seguridad de un banco cercano al lugar del ataque, ganó en velocidad cuando su padre llamó a la policía para reconocer que la persona que aparecía en esas imágenes no era otro que su hijo. Las imágenes mostraban a un hombre joven, moreno, con una chaqueta vaquera y gorra blanca. El sospechoso lleva un objeto, aparentemente una pistola, debajo de su chaqueta. Antes de la difusión de las imágenes, Erdogan había prometido que “se hará todo lo necesario” para encontrar y castigar a los asesinos del periodista.

Dink, periodista de origen armenio, había sido blanco de las críticas de nacionalistas turcos y procesado varias veces por la Justicia turca a raíz de su lucha por el reconocimiento del genocidio armenio. El periodista recibió tres disparos en la cabeza y en el cuello frente a las oficinas de la publicación que dirigía, el semanario bilingüe turco-armenio Agos. La prensa condenó el asesinato y acusó al gobierno de Ankara de no haber logrado proteger a un hombre que en sus propios artículos había denunciado ser objeto de amenazas y mensajes intimidatorios. En un artículo del 12 de enero, Dink señaló que en 2004 un ayudante del gobernador de Estambul le advirtió que podría convertirse en blanco de la violencia nacionalista si no moderaba el tono de sus escritos. Guler aseguró que el periodista no pidió protección.

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ASESINAN A UN PERIODISTA QUE DENUNCIO EL ASESINATO DE UN MILLON Y MEDIO DE ARMENIOS

Hrant Dink sí recordaba el genocidio armenio

El reconocido periodista turco de origen armenio Hrant Dink fue asesinado hoy a tiros por desconocidos en Estambul, frente a la puerta del diario de su propiedad en Estambul, informó la policía local.

Dink, propietario y editorialista del semanario Agos, recibió al menos tres disparos cuando dejaba la redacción en Estambul, informó la policía. El abogado de Dink dijo al canal turco NTV que su cliente había recibido en los últimos días varias amenazas, al parecer de sectores ultranacionalistas, por sus denuncias sobre la muerte de un millón y medio de armenios a manos de tropas turcas en 1915. Un joven de unos 18 ó 19 años, con sombrero blanco y vaqueros, fue quien disparó tres tiros a Dink, indicó la policía, que anunció la captura de dos personas relacionadas con el crimen, informó la agencia italiana ANSA.

Hrant Dink fue condenado el año pasado a seis meses de cárcel por "ofensa a lo turco", condena que fue ratificada por la Corte Suprema de Turquía. Ese año también fue galardonado en Hamburgo con el premio Henri-Nannen de la Libertad de Prensa por su compromiso con la minoría armenia. Uno de los tres procesos judiciales que le tocó afrontar fue por declarar "No soy turco, soy armenio de Turquía", lo que le valió el descrédito de una gran parte de la sociedad turca y de sus colegas.

En Turquía viven cerca de 60.000 armenios, la mayoría en Estambul, y Argos es la única publicación de la comunidad. En 1915, en plena Primera Guerra Mundial, el caduco imperio otomano, para evitar la ayuda armenia a Rusia, envió a sus tropas a la frontera con Armenia y comenzó una persecución que duró ocho años.

Durante todo este tiempo, los gobierno armenios que se sucedieron mantuvieron las fronteras hacia Turquía cerradas y denunciaron las matanzas, pero Estambul negó sistemáticamente su participación.

En los últimos meses varios intelectuales hicieron menciones al tema, desafiando a los sectores adversos y corriendo el riesgo de ir a la cárcel.

El reconocimiento del genocidio armenio es una condición que, según el gobierno francés, hay que imponer a Turquía, entre otros puntos, para que pueda ingresar a la Unión Europea. Hace poco tiempo fue reconocido por el parlamento argentino. El primer ministro turco, Tayyip Erdogan, dijo que el crimen atenta "contra la serenidad, la estabilidad y el futuro de Turquía y contra la vida democrática y la libertad de opinión".

"No es casual que las manos asesinas hayan elegido matar a Dink, pero su plan fracasará", agregó Erdogan, quien envió condolencias a la familia en su nombre y del gobierno.

Por su parte, los ministros de Justicia, Cemil Cicek, y del Interior, Abdulkadir Aksu, viajaron desde Ankara a Estambul para seguir de cerca las investigaciones por el crimen.

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Tribunal Europeo de Derechos Humanos culpa a Turquía de no haber protegido al periodista Hrant Dink

Martes 24 de agosto de 2010

El periodista turco de origen armenio que había sido condenado por denunciar el Genocidio Armenio y por “criticar el nacionalismo turco”, alertó antes de su muerte que se sentía amenazado por los ultranacionalistas. Sin embargo las autoridades turcas se negaron a ofrecerle protección.

Es por este motivo que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo considera que Turquía es culpable de no haber protegido al periodista asesinado en 2007, y de no estar investigando su muerte convenientemente, según aseguran hoy varios medios turcos.

En este sentido, la prensa turca reveló en diversas ocasiones que la policía y la gendarmería de Trabzon, de donde procedía el joven ultranacionalista que disparó a Dink, estaban al tanto de los planes para asesinar al periodista más influyente entre la minoría armenia de Turquía.

Aunque la sentencia no se hará pública hasta septiembre, los diarios turcos "Milliyet" y "Vatan" recogen el contenido de la sentencia, a la que aseguran haber tenido acceso gracias a fuentes cercanas al juicio. Los abogados de la familia Dink han conseguido recientemente que el sumario de este asesinato se incorpore a los procesos que investigan las diversas tramas de la red Ergenekon, una presunta organización terrorista ultranacionalista y formada por militares, policías, periodistas, políticos y mafiosos. Esta organización, según la Fiscalía, tendría el fin de crear el caos en Turquía para justificar así un golpe de estado contra el Gobierno islamista moderado del primer ministro Recep Tayyip Erdogan.

Según lo publicado ayer en la Agencia de Noticias ABC.es, el Tribunal de Estrasburgo ha certificado ahora la lentitud y los obstáculos en la investigación del asesinato.

Según la cadena NTV, que también recoge la noticia, entre las razones de sentencia condenatoria se cuenta la polémica defensa presentada por el Gobierno de Turquía, en la que justifica la condena a Dink y compara al periodista con un líder neo-nazi alemán condenado en su país por negar el Holocausto. El presidente de Turquía, Abdullah Gül, calificó la defensa de "desafortunada" y reconoció que no se tomaron las medidas necesarias para evitar la muerte de Hrant Dink.

Por ello, el pasado viernes invitó al hermano de la víctima, Hosrof Dink, para disculparse y "compartir el dolor" de la pérdida de Hrant Dink.

Según el diario Hürriyet, fuentes del Ministerio de Exteriores se han referido a la filtración de la sentencia asegurando que el caso aún no está cerrado y que el proceso continúa

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Nada bueno está por pasaR// Por José Pablo Feinmann

Cuando mis amigos de la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino (que son los que hacen posibles mis cursos de filosofía) decidieron hacer, entre las tantas cosas que hacen, un seminario sobre el genocidio armenio, pusieron en los afiches la frase con que Hitler justificaba la posibilidad impune de la Solución Final: “¿Alguien se acuerda del genocidio armenio?”, les preguntaba el Führer a sus carniceros. Pocos, todavía, se acuerdan de eso. Un millón quinientos mil armenios fueron masacrados por los turcos. Winston Churchill fue el primero en llamar al hecho un holocausto. Pero el mismo Winston Churchill fue uno de los principales responsables de la destrucción inútil, bélicamente innecesaria pero vengativa de la ciudad alemana de Dresde, que se llevó doscientas mil vidas. Un periodista turco-armenio, Hrank Dink, venía desde hacía tiempo, en Turquía, tratando de llevar a primer plano el debate sobre el genocidio armenio. Fue en 1915 y todavía nadie sabe casi nada. “Hasta el día de hoy”, escribe Robert Fisk en Página/12 del día 14 de este mes, “las autoridades turcas niegan esa definición”. No hubo, dicen, genocidio. Y que ni les hablen de holocausto. Ignoran documentos que han sacado a luz historiadores de la misma Turquía. Y van a ignorar cualquier prueba que se les presente. ¿O no está negando el líder iraní Mahmud Ahmadinejad el genocidio judío? Si lo logra, ¿dirá en el futuro algún nuevo carnicero “quién recuerda el genocidio judío”? ¿Será éste el sueño de Ahmadinejad?

Pero la mala noticia de hoy –relacionada, claro, con el genocidio armenio–, le pésima noticia que demuestra que poco bueno está pasando y nada bueno está por pasar es que a Hrank Dink, periodista de 53 años, con dos hijos para llorarlo, lo asesinaron en la puerta de su periódico. Era, qué duda puede caber, un patriota. Era turco y era armenio. Compartía las dos nacionalidades. Y se sentía hombre de las dos patrias. Estaba del lado de la verdad, aunque incomodara. Tenía convicciones arraigadas, convicciones que habían echado raíces hondas en su conciencia moral. Tenía causas por las que luchar. Era culto, era inteligente. Ahora –lo estoy viendo en la dolorosa foto que trae el diario– está tirado como un bulto sobre una vereda. Ni siquiera vemos su cadáver. Le pusieron un trapo blanco encima. A su alrededor hay policías de civil; todos tienen teléfonos celulares; algunos hablan, otros no. Nadie lo mira a Hrank. Está solo. Se ve que está de cara a la vereda. Una vereda sin baldosas. De piedra dura. Se le ven, atrás, los zapatos. Tiene puesto uno, el otro no. Siempre a los muertos se les salen los zapatos. Los dos, o uno. ¿Qué significará eso? Sólo una cosa: que están muertos. Si te quedás sin zapatos, es porque te mataron. Si te mataron es porque te metiste en algo. Si no te metés en nada, no te matan. Te morís en la cama, rodeado de los tuyos y de tu médico. Hrank, no. Se metió en algo pesado. En una historia con un millón quinientos mil muertos detrás. Esa historia Turquía no quiere reconocerla. Tendría que reconocer que, en ese lejano año de 1915, su gendarmería ayudada por los kurdos vejaron y mataron a mujeres y niños armenios “en los desiertos sirios del norte” (Fisk). Quedaron sobrevivientes. Y esos sobrevivientes cuentan que se prendían hogueras y en ellas se quemaban vivos a los niños. Dostoievski y Camus (dos espíritus afines, dos metafísicos) reflexionaron que no hay nada más intolerable que el dolor de los niños. Sin embargo, la condición humana es compleja. Hay hombres para los que no es intolerable el dolor de los niños, ni ningún dolor. Esos hombres quemaron niños en los desiertos sirios del norte, asfixiaron hasta el fin a judíos en las cámaras de gas de tantos campos de concentración de Alemania, echaron fuego vengativo sobre Dresde, empalaron hombres jóvenes, muchachos, chicos de dieciséis años en los 340 campos de concentración que había en la Argentina hacia 1978, hicieron el horror de los campos soviéticos de trabajo y diseñan en Wall Street un sistema económico que se ve amenazado “por una mezcla venenosa de desigualdad y salarios estáticos” (La Nación, 20/01/ 2007). Sólo me permitiré corregir la expresión: “salarios estáticos”. Quien tiene un salario estático tiene un trabajo. La “globalización” que, en muy buena hora, ven amenazada en el diario de los empresarios, produce algo mucho peor que “salarios estáticos”. Produce hambre. Produce hambre hasta morir. El genocidio de la “globalización” es menos espectacular. No usa misiles. No utiliza ejércitos. No quema gente. Mata por escasez, por insuficiencia, por penuria. Hay un concepto que Sartre utiliza en la Crítica de la Razón Dialéctica: el de “rareza”. Quiere decir que es “raro” (escaso, insuficiente) lo que necesito para vivir. Esto señala a una gran parte de la humanidad como “sobrante”. Si no hay para todos, pero de lo que hay casi la totalidad queda en manos de los ricos, los “sobrantes” crecen incesantemente. Ser “sobrante” es morir. La “globalización” mata estructuralmente. Funciona para matar. De aquí que seamos enemigos del “libremercado”. Al menos como funciona hoy. (Aunque no recuerdo cuándo funcionó de otro modo, pero no importa: es otra cuestión.) Hoy funciona generando “sobrantes”. El “libremercado” no integra. Se lo han comido los poderosos: NO ES LIBRE, ES DE ELLOS. ¿Tan difícil es ver esto? No. Si no se lo ve es porque quienes no quieren verlo participan del goce de los no-sobrantes. Por cada no-sobrante hay miles, millones de sobrantes. Este es el genocidio estructural del capitalismo del siglo XXI. ¿Por qué el capitalismo ha llegado al genocidio? Porque no necesita mano de obra, fuerza de trabajo. O sólo la necesita especializada. O la necesita en servicios. O la necesita muy escasamente. El resto sobra. El sistema globalizador los constituye en tanto sobrantes y es esta condición la que los llevará a morir.

La “globalización” miente. No hay “globalización”. Se globaliza una particularidad que quiere imponerse como totalidad. Esa particularidad –al no poder ser nunca una totalidad, ya que no puede totalizar desde sí a un resto que es diverso, distinto, diferenciado– se constituye no en un Todo, sino en un Falso-Todo. La “globalización” quiere ser lo Uno y negar al Otro. Una democracia, sin embargo (y digo algo elemental), sólo existe cuando, desde mí, reconozco la Otredad del Otro. Esa Otredad es su diferencia. Si yo reconozco la autonomía y la soberanía de esa diferencia reconozco la Otredad del Otro. Para la “globalización” (para el Falso-Todo) no hay Otredad. Busca imponer el dominio de lo Uno. Esto busca Estados Unidos (y sus aliados) en el ancho y –les guste o no– ajeno mundo. El imperialismo colonialista, que es un invento de Estados Unidos en el siglo XXI, es impracticable. Los ingleses podían colonizar la India y quedarse en ella. Les llevaban la Modernidad y eso era progresivo (al menos, durante un tiempo). Estados Unidos no lleva nada a Irak. Lo invade para saquearlo. De donde su colonialismo no puede instalarse como el británico en la India. Así, se va deteriorando. Llevan ya tres mil muertos. Los muertos norteamericanos llegan de noche en bolsas de plástico. Pero las familias los reciben de día y reciben desechos, fragmentos goyescos, troncos sin brazos, sin piernas, caras sin ojos, brazos sin manos. Reciben monstruos. Despojos de una guerra inútil, que cada vez entienden menos, rechazan más. El sargento brutal que los conduce (y al que ya eligieron dos veces) no se retirará. Porque si algo le falta es inteligencia. Es un bruto, sin más. Y los brutos, al carecer de razón, se afirman en el orgullo. Y el orgullo, en ellos, es empecinamiento. El empecinamineto, en Bush, será quedarse en Irak, aunque cada noche y cada vez más lleguen esas bolsas de plástico, con los hijos muertos, desapedazados de quienes lo votaron. No digamos que lo merecen, porque nadie merece eso. Pero esos “boys” vienen muertos porque, allá, lejos, ellos también mataron. El Falso-Todo revela su falsedad militar. Esa falsedad es la derrota. Miro, otra vez, el cadáver de Hrank Dink apretado contra el cemento. Ha de haber sido un tipo inteligente, un hombre lúcido, un buen periodista y, muy posiblemente, algo que ya escasea: un buen hombre. Recuerdo, al verlo así, humillado sobre esa calle, con ese trapo blanco cubriéndolo, a Silvio Frondizi, aquí, en Argentina. Las fieras de la Triple A lo sacaron de los pelos, arrastrándolo como a una cosa. Es, de nuevo, la derrota de la inteligencia. El triunfo de los asesinos. La impotencia de las ideas ante las armas. Los asesinos no argumentan, aprietan el gatillo y ya tienen razón. Esto no puede seguir. Pero, por el momento, nada bueno está por pasar. Esta conclusión es la del pesimismo de la razón. A mí, como a muchos, me desborda el optimismo de la voluntad. Este optimismo es una fuerza vital y se tiene en tanto uno está vivo. La voluntad es el mismísimo devenir de la vida. Pero la voluntad es ciega. Y la razón no sabe mentir.

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Mataron a un periodista turco que nunca olvidó el genocidio armenio //Por Robert Fisk *

El periodista turco-armenio Hrant Dink trató de echar luz sobre el genocidio armenio para empezar un diálogo de reconciliación entre los dos pueblos, pero su osadía le costó primero un proceso judicial y, ayer, la vida. Fue abatido en las calles de Estambul. Hrant Dink se convirtió ayer en la víctima 1.500.001 del genocidio armenio. Periodista y académico, educado y generoso –editor del semanario turco-armenio Agos–, trató de establecer un diálogo entre las dos naciones para alcanzar una narrativa común sobre el primer holocausto del siglo XX. Y pagó el precio: dos balas disparadas a su cabeza y dos a su cuerpo por un asesino profesional en las calles de Estambul ayer a la tarde. No sólo fue un golpe terrible para la sobreviviente comunidad armenia de Turquía sino un revés a la esperanza de Turquía de unirse a la Unión Europea, una propuesta visionaria ya en peligro por la ruptura de las relaciones del país con Chipre y su negativa a reconocer el genocidio por lo que fue: el asesinato masivo deliberado de una raza entera de gente cristiana –1.500.000 en total– cometido por el gobierno turco otomano del país en 1915. Winston Churchill fue uno de los primeros en llamarlo un holocausto pero, hasta el día de hoy, las autoridades turcas niegan esa definición, ignorando documentos que los propios historiadores de Turquía han desenterrado para probar la intención genocida del gobierno.

El periodista de 53 años, y padre de dos hijos, fue asesinado en la puerta de su periódico. Hace un poco más de un año, fue convicto bajo la notoria ley 301 de Turquía de “sentimiento antiturco”, un cargo que él negó enfáticamente aun después que recibiera una sentencia de seis meses en suspenso por una Corte de Estambul. La Unión Europea ha exigido que Turquía revoque la ley por la cual el país también trató en encarcelar al novelista ganador del Premio Nobel, Orhan Pamuk. En el momento de su juicio, Dink apareció en la televisión turca con lágrimas en los ojos. “Estoy viviendo con turcos en este país”, dijo entonces. “Y soy totalmente solidario con ellos. No creo que pudiera vivir con la culpa de haberlos insultado en su país.” Era una ironía asombrosa que Dink fuera acusado por sus compañeros armenios de permitir su animosidad hacia los turcos por el genocidio como “efecto venenoso en su sangre”, y que la Corte sacara el artículo de contexto y declarara que se estaba refiriendo a la sangre turca como venenosa. Dink les dijo a los reporteros de una agencia de noticias en 2005 que su caso había surgido de una pregunta sobre lo que sentía cuando, en la escuela primaria, había tenido que hacer el tradicional juramento turco: “Soy un turco, soy honesto, soy trabajador”. En su defensa, Dink afirmó: “Yo dije que era un ciudadano turco, pero un armenio; y aunque era honesto y trabajador, no era un turco, era armenio”. No le gustaba una estrofa del himno nacional turco que se refiere a “mi raza heroica”. No le gustaba cantar esa estrofa, dijo, “porque estoy contra el uso de la palabra ‘raza’ que lleva a la discriminación”. Pamuk se había enfrentado antes a una Corte por hablar sobre el genocidio de 1915 en una revista suiza. Los principales editores turcos dicen que hay ahora una atmósfera incendiaria en Turquía hacia todos los escritores que quieran decir la verdad sobre el genocidio, cuando vastas áreas de la Armenia turca fueron desposeídas de sus poblaciones cristianas. Decenas de miles de hombres fueron masacrados por la gendarmería turca –y por los kurdos– mientras muchas mujeres y niños armenios eran violados y masacrados en los desiertos sirios del norte. Los pocos sobrevivientes que todavía viven han descripto cómo se quemaban niños armenios vivos en las hogueras.

En realidad, un libro publicado en Turquía y en Estados Unidos por el erudito Tamer Akcam da detalles documentados de las órdenes que fueron dadas por el gobierno otomano en lo que era entonces Constantinopla para la matanza deliberada e industrializada de los armenios. Miles fueron sofocados en cuevas subterráneas en lo que fueron las primeras cámaras de gas. Hitler les preguntó a sus generales en 1939: “¿Quién recuerda a los armenios?”. Y comenzó el holocausto de los judíos de Polonia. Si la policía turca descubre que el asesino de Dink es un nacionalista turco –o aun, si bien podría parecer inconcebible, un nacionalista armenio furioso por sus comentarios anteriores–, será una prueba importante para la voluntad del país de confrontar a su pasado.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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TURQUIA > UN ADOLESCENTE NACIONALISTA HABRIA ASESINADO AL PERIODISTA DE ORIGEN ARMENIO //Joven arrestado confesó asesinato de Dink

El joven de 17 años que presuntamente asesinó el viernes en Estambul al periodista de origen armenio Hrant Dink confesó haber cometido el crimen que ha conmocionado a la sociedad turca. Ogun Samast, un joven desempleado cercano a los círculos nacionalistas turcos, según la prensa, fue detenido el sábado por la noche en la estación de autobuses del puerto de Samsun, una ciudad a orillas del Mar Negro, con el arma que se utilizó para cometer el crimen. Samast se dirigía a su casa en la vecina ciudad de Trabzon (norte) cuando fue arrestado.La identidad del sospechoso fue revelada a la policía por su propio padre, después de que la prensa difundiera imágenes captadas por las cámaras de vigilancia. El periodista, de 52 años, recibió tres disparos a quemarropa en la cabeza y en el cuello frente a las oficinas de la publicación que dirigía, el semanario bilingüe turco-armenio Agos. El gobernador de Estambul, Muammer Guler, indicó que otros seis sospechosos de estar involucrados en este crimen fueron detenidos en Trabzon. Cuatro fueron trasladados a Estambul el domingo. Entre los detenidos figura un amigo de Samast, llamado Yasin Hayal, que ya cumplió 11 meses de prisión por un atentado con bomba contra un restaurante de la cadena estadounidense McDonalds de Trabzon, que causó seis heridos, informó la prensa. Según el diario de gran tirada Milliyet, Samast habría afirmado a la policía que Hayal le había alentado a matar a Hrant Dink y le habría proporcionado el arma utilizada en el asesinato. Tres horas antes del asesinato, el sospechoso se presentó en las oficinas de Agos con el objetivo de hablar con Dink, según el gobernador de Estambul, que citó declaraciones de las secretarias del semanario a la policía. El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, se felicitó por la detención de Samast "en nombre de la democracia y de la lucha por las libertades".La policía turca estudia las posibles conexiones entre el asesinato de Dink y el de un cura católico italiano en Trabzon en febrero de 2006, según Erdogan. Un joven de 16 años asesinó al sacerdote Andrea Santoro en la entrada de la iglesia Santa María de la ciudad. La muerte de Dink ha conmocionado a la sociedad turca y ha suscitado las críticas de la prensa al gobierno por no haberle proporcionado protección. El periodista había advertido reiteradamente que recibía amenazas. Miles de personas se manifestaron el viernes en Estambul para protestar contra el asesinato de Dink, conocido y respetado en el mundo del periodismo en Turquía. Fue objeto de varias demandas debido a sus declaraciones sobre las masacres de armenios cometidas bajo el Imperio Otomano, que en diversas ocasiones calificó de "genocidio", una posición que atrajo la hostilidad de los medios nacionalistas turcos. En Turquía la cuestión armenia es muy delicada, ya que en este país se rechaza el empleo del término "genocidio" para calificar los incidentes ocurridos durante los últimos años del Imperio Otomano. Las masacres y deportaciones entre 1915 y 1917 bajo el Imperio Otomano causaron 1,5 millón de muertos según los armenios, y entre 250.000 y 500.000 según Turquía.

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