lunes, 24 de octubre de 2011

RAMON ROSA JIMENEZ

RAMON ROSA JIMENEZ

Era hachero, vivía en el campo cerca del pueblo de Santa Lucia. Fue dirigente del Partido Revolucionario de los Trabajadores-PRT y uno de los fundadores del Ejercito Revolucionario del Pueblo-ERP, de Tucumán, en la década del 60 y 70.

Fue organizador de la Compañía de Monte (que luego llevaría su nombre) y de la resistencia obrera contra la represión orquestada por las fuerzas armadas y los ingenios azucareros. Se fugo del penal de Villa Urquiza

A fines de 1972 El Zurdo fue salvajemente golpeado por policías que además lo arrastraron por el pueblo atado del guardabarros de una camioneta. Murió pocos días después sin recibir asistencia ni en el hospital ni en la comisaría. Los compañeros del partido vengaron su asesinato.
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* Lo recordamos junto a JUAN CARLOS “CACHO” LEDESMA, fundador del Frente Revolucionario Indoamericano y Popular-FRIP y del PRT-ERP, en Tucumán. Amigo de “El Zurdo” Ramón Rosa Jiménez.


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JUSTICIA POPULAR

Algunos se inquietaron pero nadie se sorprendió aquella noche en Santa Lucía, cuando se vio a cuarenta o cincuenta militares rondando las calles de tierra del pueblo. Era el 20 de septiembre de 1974 y, desde que se sabía que guerrilleros acampaban en las sierras del Aconquija y solían bajar a las poblaciones de la zona, no era la primera vez que llegaba el Ejército.

Cincuenta kilómetros al sudoeste de San Miguel de Tucumán, en el comienzo de la ruta que sube serpenteando por los cerros hacia los Valles Calchaquíes, Santa Lucía tenía en esa época menos de setecientas casas. Por encima de todas ellas, en el centro mismo del pueblo, se erguía un colosal edificio de ladrillos a la vista con los vidrios de sus ventanas rotos y el techo de chapa oxidado: el ingenio azucarero, que desde 1882 le había dado trabajo a casi todos los habitantes del pueblo, había sido cerrado en 1968.



Desde entonces, Santa Lucía parecía un pueblo abandonado por la mano de Dios. Las casas estaban despintadas y la basura se acumulaba en las esquinas. Muchos de los habitantes se habían ido, corridos por el hambre, y los que se quedaron sobrevivían como peones rurales, como emp
leados públicos o como podían. La desocupación, dicen las publicaciones de la época, superaba el cincuenta por ciento.


Apenas salió de la comisaría a ver qué pasaba se encontró con un grupo de hombres que l esa noche de guardia se llamaba Hermenegildo Medina, aunque todos lo conocían como Polenta. El fue el primero en el pueblo que supo que los visitantes, aunque vestían uniformes verde oliva y llevaban armas, no eran militares.

o apuntaban con fusiles FAL y metralletas. Le sacaron su pistola, lo obligaron a entrar nuevamente y lo encerraron en el calabozo. Luego revisaron el lugar en busca de armas. Sólo encontraron un revólver calibre 38, veinticinco proyectiles y tres cargadores, que se llevaron junto a una máquina de escribir Olivetti, tres sellos y 24.000 pesos, recaudados por multas. Entonces pintaron en las paredes de la comisaría leyendas con aerosol que decían “¡Viva el socialismo!” y “¡Viva la lucha de los obreros tucumanos!”. Las firmaba la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez, del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

Era viernes, cerca de las nueve de la noche. Habían pasado menos de tres meses desde la muerte del presidente Perón y la asunción de Isabel, en los que la violencia política se había descontrolado. Sólo en esa misma semana, la Triple A había asesinado al ex vicegobernador peronista de Córdoba, Atilio López, y Montoneros –que a comienzos de mes había anunciado su regreso a la clandestinidad- había secuestrado a los empresarios Juan y Jorge Born, en una operación que dejó dos personas muertas.

Los guerrilleros, con equipos de radio para comunicarse entre sí, se dispersaron rápidamente por el pueblo, con distintas tareas. Colocaron una ametralladora de pie frente a la Iglesia y allí montaron un puesto de guardia; ocuparon la oficina de la Compañía Argentina de Teléfonos y la de Correos; fueron a la casa de doña Dora, la única en el pueblo donde había teléfono particular, y a la del Negro Salinas, a quien le exigieron las llaves de su camioneta y se la llevaron. A pocos kilómetros del pueblo, sobre la ruta 307, habían quedado otros dos grupos, que habían fijado retenes para impedir la llegada de autos, tanto desde el lado de Tafí del Valle como desde el lado de Acheral.

Algunos guerrilleros fueron entonces a la casa del policía Eudoro Ibarra, de 39 años, y otros, a la del cantinero del club de fútbol, Oscar Zaraspe, de 29. Era el capítulo final de un drama que había comenzado casi dos años antes.

El domingo 15 de octubre de 1972, Ramón Rosa Jiménez salió de un bar de Santa Lucía tarde, cerca de las doce de la noche y, cuando iba a desatar su caballo, se cruzó con dos policías. Jiménez, un hachero que vivía en el campo, a pocos kilómetros del pueblo, era uno de los fundadores del ERP y estaba prófugo de la Justicia. En noviembre de 1970 había participado en el asalto al Banco Comercial del Norte, en San Miguel de Tucumán, en el que la organización había robado cinco mil dólares destinados a financiar la todavía incipiente lucha armada. Luego había caído preso y en septiembre de 1971 había sido uno de los catorce guerrilleros fugados de Villa Urquiza, el penal más importante de Tucumán. Ese episodio conmocionó a la provincia, porque hubo cinco guardiacárceles muertos y tres heridos.

Jiménez llevaba esa noche un documento falso a nombre de Pedro Antonio Olmos, pero en el pueblo se sabía quién era. Lo conocían como El Zurdo. Hacía años que se lo veía con personas que no eran de la zona, a quienes llevaba a explorar el monte, que él conocía, según se decía, yuyo por yuyo. Algunos de esos visitantes eran rubios, altos y en Santa Lucía –donde muchos adultos eran analfabetos- llamaban la atención no sólo por su aspecto sino porque se notaba que eran gente instruida, tal vez universitarios.

Cuentan que casi no había una persona en el pueblo a la que Jiménez no se hubiera acercado, para conversar acerca de la necesidad de unirse y luchar contra los explotadores. Si varios jóvenes de la zona se habían incorporado al ERP, era en buena parte por su tenacidad. Ya antes de caer preso había estado durante mucho tiempo sin Esa noche Jiménez se insultó con los policías porque, según se cuenta, a uno a de ellos lo confundió con Ibarra, con quien tenía antiguos rencores. El diario La Gaceta de Tucumán diría que Jiménez, borracho, le apoyó una pistola 45 a uno de los agentes, que enseguida el otro se le tiró encima, que los tres cayeron al piso y que entonces se escucharon un par de tiros, que hicieron que unas cuantas personas se acercaran al lugar para ver qué pasaba. Cuando llegaron, Jiménez estaba en el suelo, herido de bala. aparecer por el pueblo y muchos decían que se había ido a Cuba, a entrenarse para la guerrilla.


Entre los que observaban, sin conmoverse, estaban Ibarra –ahora sí- y también Zaraspe, que era uno de los pocos en el pueblo que tenía auto. Cuando alguien le sugirió que fuera a buscar su Renault Gordini blanco para llevar al herido al hospital, Zaraspe tuvo una reacción destemplada.

“No voy a ensuciar el auto con este guerrillero. Yo a éste lo llevo arrastrando”, proclamó, para que toda Santa Lucía lo escuchara. Nadie se sorprendió porque todo el mundo conocía a Zaraspe –del colegio, de la banda de folklore o de la cantina del club- y se sabía que era un prepotente, un tipo con pretensiones de guapo.

¿Llegó Zaraspe a atar a su auto a uno de los fundadores del ERP y a arrastrarlo por las calles pobres y polvorientas de Santa Lucía? Algunos dicen que sí, pero la mayoría dice que no, que aquélla fue apenas una de sus bravuconadas, a las que en el pueblo estaban acostumbrados. Que finalmente, después de patearlo un poco, así herido como estaba, fueron a buscar al chofer de la ambulancia del pueblo, Lucho González, y que allí lo cargaron a Jiménez.

En lo que sí coinciden todos los testigos es en que la ambulancia, inexplicablemente, en vez de ir al hospital de Monteros, a sólo diez kilómetros del pueblo, fue a la comisaría de Santa Lucía. Dicen que a Jiménez lo agarraron de los pies y lo entraron a la rastra al pequeño local, donde el que mandaba era Ibarra, y que enseguida se vio entrar a otros policías, llegados rápidamente desde Monteros.

Nadie sabe qué pasó allí adentro, porque cerraron las puertas y las ventanas, pero todos están convencidos de que al herido, en vez de atenderlo, le dieron una paliza. Sólo después de un rato lo sacaron, otra vez a la rastra, lo subieron a la ambulancia y lo llevaron al hospital. Al día siguiente, lunes, le dieron el alta y lo trasladaron a San Miguel de Tucumán, detenido.

Su familia lo buscó durante varios días, primero en las comisarías y después en los hospitales. En ningún lugar sabían nada de él. Después de un par de días, el miércoles, un policía les recomendó ir al cementerio. Allí, un sepulturero les contó que el día anterior habían traído un cuerpo envuelto en una sábana y lo habían enterrado a las apuradas, sin lápida, sin nombre. Tal vez era él, pero cómo tener alguna certeza.

La incertidumbre se terminó el jueves, cuando La Gaceta publicó que Ramón Rosa Jiménez había muerto mientras lo operaban en el Hospital Padilla. “La policía –se leía en el diario- dio a conocer ayer un comunicado donde no se consignan las causas que motivaron la intervención quirúrgica”. A los familiares tampoco se les dieron explicaciones ni se les entregó el cadáver.

Desde entonces, en Santa Lucía muchas veces habían aparecido pintadas y panfletos que anunciaban que Ibarra y Zaraspe habían sido condenados a muerte por un tribunal popular. Muchos en el pueblo tomaban la cuestión más en serio que los propios amenazados. Por su trabajo, el policía andaba armado y de alguna manera estaba más protegido, pero a Zaraspe más de uno le había recomendado que se fuera del pueblo.

“¡Que vengan! ¿Qué me van a hacer? Perro que ladra no muerde”, los rechazaba él, con suficiencia. A veces, cuando veía las pintadas o los panfletos, hasta se reía, burlonamente. El tiempo, que pasaba sin que vinieran a buscarlo, parecía darle la razón.

El 11 de septiembre de 1974 –casi dos años después de la muerte de su amigo Ramón Rosa Jiménez- Mario Roberto Santucho, jefe del ERP, presentó en un plenario del comité central un texto que constituía el sostén teórico de los juicios y castigos aplicados por la organización. Así como el régimen tenía sus tribunales, la organización revolucionaria, en el transcurso de la guerra prolongada que la clase obrera y el pueblo estaban desarrollando para demoler al sistema capitalista, debía desarrollar los suyos. Era lo que se denominaba doble poder, que por razones prácticas era más fácil de ser ejercido en zonas rurales, donde la presencia de la autoridad estatal era mucho más débil que en las urbanas. Ese documento se tituló Poder burgués y poder revolucionario.


Pocos días después, en Santa Lucía, llegaba el momento de llevarlo a la práctica.

Los guerrilleros llegaron a las dos casas casi simultáneamente. En lo de Zaraspe estaban solas sus dos hijas, de cinco y nueve años, y su esposa, que se estaba bañando. Ella era obrera de la fábrica textil Grafanor, en Acheral. En lo de Ibarra, el dueño de casa preparaba un asado, junto a dos vecinos. Su hija más chica, de tres años, jugaba en la vereda. A sus dos hijos más grandes, de doce y quince años, los había mandado al almacén a comprar vino y soda. A su esposa, que era enfermera, la habían venido a buscar para que pusiera una inyección y acababa de salir.

En Santa Lucía nadie tocaba el timbre. Las puertas estaban siempre abiertas. A lo sumo, por cortesía, el que llegaba se paraba frente a la casa y palmeaba, pero los guerrilleros entraron directamente. Cuando preguntaron por Zaraspe, la hija mayor les respondió que estaba enfrente, en la cantina del club, y se ofreció a acompañarlos, pero le contestaron que no. Cuando preguntaron por Ibarra, éste respondió: “Yo soy el policía del pueblo”. En la cantina del club, se dirigieron a la única mesa que estaba ocupada, donde tres hombres jugaban al dominó. Entonces, uno de ellos, que estaba encapuchado, codeó a un compañero, señaló a uno de los jugadores, y dijo: “Es ése”. Quedaría, para siempre, la sospecha de que el encapuchado era una persona del pueblo. A los dos hombres que estaban por comer el asado con Ibarra les ordenaron ponerse contra una pared y a la nena de tres años, que con tanta visita entraba en ese momento a la casa a ver qué pasaba, le dijeron que saliera nuevamente a la vereda y siguiera jugando. Zaraspe levantó la cabeza, vio a los hombres vestidos con uniforme militar y sonrió, sin tomarlos en serio. Enseguida recibió dos balazos de FAL en el pecho y sus compañeros de dominó lo vieron deslizarse lentamente hacia el suelo. Ibarra cayó con un tiro en la cabeza y una de las paredes de su casa quedó manchada de sangre.

Mientras se subían a la camioneta que los esperaba afuera, los guerrilleros que se iban del club de fútbol se cruzaron con la esposa de Zaraspe, que había salido del baño cuando escuchó que un grupo de militares buscaba a su esposo y cruzaba preocupada rumbo a la cantina. “¿Va mi marido? ¿Lo llevan detenido”, les preguntó. Le respondieron que no. Cuando entró al club, lo encontró tirado debajo de la mesa en la que jugaba al dominó, muerto y con un agujero en la espalda.

La esposa de Ibarra escuchó los tiros a unas cuadras de su casa y volvió apurada. Cuando llegó, sobre el frente encontró una leyenda pintada con aerosol que decía “Ibarra pagó su castigo”, con la firma del ERP. Entró y vio que sus hijos lloraban, que los dos vecinos estaban pálidos como el papel y que su marido yacía muerto en el piso. Los guerrilleros ya habían escapado.

La guerrilla rural del ERP llevaba entonces unos seis meses en el monte tucumano, en las laderas de la sierras del Aconquija. En ese lapso ya habían fracasado un operativo de la Policía Federal y otro del Ejército para aniquilarla. En esa etapa la Compañía se dedicaba fundamentalmente a hacer acciones de lo que el ERP llamaba propaganda armada, con el objetivo de lograr el apoyo y la incorporación de campesinos y trabajadores de la zona.

Tres días después de la operación, la revista Estrella Roja, órgano de difusión del Ejército Revolucionario del Pueblo, la explicó de esta manera:

La Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez de nuestro ejército guerrillero tomó el viernes 20, a las 21, el pueblo de Santa Lucía y ajustició a los responsables directos del asesinato por torturas de nuestro inolvidable compañero Zurdo Jiménez, hachador y pelador de caña de la zona, dirigente del PRT, cuyo nombre lleva la unidad. Este acto de justicia popular ampliamente reclamado por los pobladores del lugar, junto con el copamiento simultáneo de la localidad, incluida la comisaría, muestra a la guerrilla rural en plena actividad combativa, acompañando con las armas la enérgica lucha de los trabajadores azucareros.

La reconstrucción de lo que sucedió con Ramón Rosa Jiménez y de los fusilamientos de Eudoro Ibarra y Oscar Zaraspe están hechas en base al libro La Base, de la santaluceña Lucía Mercado, a las publicaciones periodísticas de la época, a los órganos de difusión del ERP y a los testimonios que recogí en Santa Lucía.

En los años que han transcurrido desde entonces mucha gente ha dejado el pueblo y quienes todavía recuerdan aquellas noches las relatan en forma inexpresiva, como si formaran parte de la historia de algún lugar lejano y ellos no las hubiesen vivido. Casi como único testimonio todavía puede verse la cantina del club, donde fusilaron a Zaraspe, que está debajo de una de las tribunas de la cancha. Cuando visité Santa Lucía, estaba cerrado el club, la cantina y hasta la cancha, en la que había yuyos de más de un metro. La falta de un campo de juego en condiciones había obligado al equipo de Santa Lucía a retirarse de la Liga Tucumana de Fútbol.

Cuando quise hablar de aquellos sucesos con los ex miembros de la Compañía de Monte del ERP que conocí, algunos recordaron todavía con indignación la muerte de Jiménez. Uno de ellos me contó que lo había visto el día anterior y que “estaba triste por la muerte de varios compañeros, especialmente de Sayito”. Se refería a Ana María Villarreal, la primera esposa de Santucho, que era salteña pero había vivido muchos años en Tucumán. Menos de dos meses antes había sido fusilada por la Marina junto a otros quince miembros de organizaciones guerrilleras, en el episodio que pasó a la historia como La Masacre de Trelew.

Es notable como los fusilamientos de Ibarra y Zaraspe adquirieron una cierta dimensión épica dentro de la cultura del ERP, que se refleja en la versión de que, como en las épocas medievales, se los ejecutó en la plaza de Santa Lucía, con la presencia de todos los pobladores, en una ceremonia solemne y de tono ejemplificador.

“La unidad reunió a los pobladores y, previa explicación de la sentencia, Ibarra y Zaraspe fueron ajusticiados frente a la más decidida aprobación del pueblo de Santa Lucía, que desde largo tiempo pedía justicia al ERP por el crimen del Zurdito y por los crímenes y atropellos cotidianos de los esbirros policiales contra los vecinos”, se lee en un ejemplar de El Combatiente aparecido poco tiempo después.

En su novela La Compañía de Monte, con las licencias que da la ficción, el ex militante de la organización Eduardo Anguita va un paso más allá e imagina que se hizo la siguiente arenga a los santaluceños: “Que esta sentencia sirva de ejemplo para los cobardes, que sepan que el largo brazo de la justicia popular, tarde o temprano, va a llegar sobre ellos si quieren abusar de nuestro pueblo”.

Muchos de los miembros del ERP que entrevisté dijeron no recordar el caso de Zaraspe e Ibarra, pero los demás insistieron –palabras más, palabras menos- en lo que Estrella Roja dijo tres días después de los fusilamientos: que habían sido “ampliamente reclamados por los pobladores del lugar”.

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El 5 de febrero de 1975 Isabel Perón firmaba un decreto secreto ordenando al Ejército iniciar la 'Operación Independencia' en Tucumán. Los militares utilizaron, en el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional, la metodología de la llamada 'guerra contrarrevolucionaria'. Sus ejes centrales fueron el terrorismo, el secuestro, la desaparición de personas y los campos de concentración donde se torturó y asesinó a miles de tucumanos. El pretexto de los militares fue 'neutralizar y/o aniquilar el accionar' de un minúsculo grupo guerrillero rural. El objetivo verdadero fue destruir el combativo movimiento popular tucumano.

Sobre el establecimiento de la guerrilla rural

[Documento interno atribuido al PRT-ERP]

1 .- MARCO GENERAL.

La guerrilla rural en la Argentina se ha implantado en dos departamentos (Famaillá y Monteros) de la provincia de Tucumán. La provincia tiene 34.000 km. cuadrados y 800.000 habitantes; los departamentos FAMAILLA y MONTEROS tiene en conjunto una superficie que comprende el 30% de la población total y del espacio geográfico, de la provincia. La producción principal de la provincia particularmente de los dos departamentos mencionados es la industria azucarera.

Existen asimismo otras industrias importantes entre las que se debe mencionar la fabrica GRAFONOR (textil), con 1.800 obreros en el departamento de FAMAILLA, la población activa de los departamentos de FAMAILLA y MONTEROS es mayoritariamente obrera y campesina. Las cuatro fábricas azucareras de la zona de influencia directa de nuestra guerrilla (FRONTERIZA ÑUÑORCO, SANTA ROSA y PROVIDENCIA) ocupan un total de 2.000 obreros (700 permanentes, 1.300 temporarios).

La clase obrera, el campesino y el estudiantado tucumano son muy combativos. Nuestro partido es muy conocido y prestigiado en la zona, producto de varios años de actividades, aunque en estos momentos la organización partidaria es extremadamente débil: direcciones zonales han sido aniquiladas y el esfuerzo de reconstrucción en que estamos empeñados no ha logrado aún poner nuevamente en pié la organización partidaria, pero las condiciones, el estado de ánimo de las masas, y la calidad de los cuadros volcados a esta vital tarea son extremadamente favorables.

El enemigo cuenta en todo el país con cuatro Cuerpos de Ejército, compuestos por dos o tres Brigadas, con un promedio de 15.000 hombres cada cuerpo. Del total de las 10 Brigadas que tienen, 2 son blindadas, una mixta, las otras 7 son de Infantería (una de monte, una de montaña, una aerotransportada y cuatro de Infantería de llanura), que no pueden emplear en su totalidad por ser en su mayoría guarniciones que defienden ciudades.

2 .- ETAPA PREPARATORIA:

En marzo de 1974 nuestra organización destinó una veintena de compañeros para realizar un curso de monte y prepararse como base para la formación de la Ca. Mte. [nota: compañía de monte]. Cuando estaba próximo el fin del período de instrucción el grupo fue detectado por el enemigo que lanzó un operativo de búsqueda muy publicitado. Nuestra unidad aprovechó la ocasión para tomar ACHERAL y hacer conocer al país el nacimiento de la guerrilla rural A partir de fines de junio la Unidad se dividió en tres grupos que se lanzaron al trabajo político entre las masas, al tiempo que se envió 10 compañeros más desde las ciudades. La actividad marchaba muy bien sin presión enemiga que se limitó a controlar las rutas principales y enviar espías.

En esos momentos se decidió atacar con la Unidad el Regimiento Aerotransportado de CATAMARCA, a 200 km, en razón de contar con 4 soldados compañeros en el Cuartel, uno de los cuales tenía días de guardia que podría conocerse con anticipación y que participaría activamente. La acción era relativamente sencilla, mucho más viable que otras similares anteriores y se podría recuperar alrededor de 300 FAL, con culata plegable y armamento pesado.

La acción se realizó el 11 de agosto y fracasó al ser detectada nuestra presencia en la zona por la policía, y al perderse en la retirada un grupo de 16 compañeros asesinados por el enemigo. Esta derrota fue un golpe muy duro para nuestra Unidad que quedó reducida a 18 compañeros que se refugiaron en la zona que operaban activamente, apoyados por la población.

El enemigo lanzó a la Vta Brigada de Infantería de Monte en un nuevo operativo de persecución que no logró ningún resultado. Los meses de septiembre a diciembre fueron de asentamiento en la población. Se envió un nuevo refuerzo de 10 compañeros e ingresaron alrededor de 40 obreros y campesinos de la zona, con lo que la Compañía llegó a contar con 62 combatientes.Debido a una serie de errores políticos y a algunas detenciones, entre ellas la del compañero que más dinamizaba al trabajo de masas, la Compañía no se consolidó internamente y se produjeron alrededor de 20 pedidos de baja. Con la fuerza restante se inició una campaña en el mes de enero, tomándose varias poblaciones sin enfrentamientos debido a las mínimas fuerzas policiales existentes que no hacían resistencia.

El 9 de febrero. el enemigo inició un nuevo operativo militar que se mantiene hasta hoy con el empleo de un total aproximado de 5.000 hombres, con una fuerza de tareas nucleadas en torno a la Vta Brigada de Infantería de Monte (3.500 hombres) con los Regimientos 19 de Infantería (TUCUMÁN), 28 de Infantería de Monte (TARTAGAL, SALTA), 20 de Infantería de Montaña (JUJUY), el Grupo de Artillería de Montaña 5, Compañías Comando de Ingenieros, de Comunicaciones, de Sanidad, pertenecientes a la Vta Brigada, 3 Escuadrones de Gendarmería, 3 Compañías de Policía Federal, fuerzas policiales provinciales. Las fuerzas militares actúan reforzadas por oficiales y suboficiales provenientes de unidades de todo el país.

La presión enemiga afectó considerablemente a los colaboradores y sufrimos duros golpes en la organización del Partido en la zona, cayeron los principales cuadros, con lo que se paralizó la actividad partidaria. El estado de ánimo de las masas decayó y se generalizó un espíritu de temor ante la brutalidad de la represión que asesinó alrededor de 100 obreros y campesinos, torturó a miles y mantiene en prisión a centenares. Pese a ello la Compañía mantuvo su núcleo principal con 35 efectivos y se movió en la zona sin dificultades, bien abastecida y manteniendo una presencia mínima, bajo directivas de no buscar combate.

3 .- OPERACIÓN FAMAILLA:

La dirección de nuestro Partido resolvió enfrentar la movilización enemiga en base a un pequeño refuerzo permanente, y a dos operaciones grandes a realizarse empleando a personal de 3 Unidades (urbanas). La idea era engañar al enemigo, generar confianza en el éxito de su operativo mediante la suspensión de nuestro accionar y golpear directamente desbaratando de un solo golpe su fuerza de tarea.

De esa manera se preparó la toma del puesto de Comando enemigo en la Ciudad de FAMAILLA, para lo que hubo que reforzar la Compañía con alrededor de 80 hombres. Después de golpear en FAMAILLA, esa misma Unidad atacaría en LOS SOSA otra concentración enemiga, después de lo cual regresarían a sus unidades (urbanas) 70 de los 80 hombres del refuerzo. Esta idea de maniobra era el punto de partida de una reorientación estratégica que venía madurando nuestra dirección y que sintetizaremos luego.

La acción de FAMAILLA fracasó por la delación de un alcahuete que alertó al enemigo, quien rápidamente montó vigilancia en caminos vecinales que nosotros pensábamos emplear para la aproximación. Así se produjo el combate de MANCHALA, con 5 bajas nuestras (2 muertos y 3 heridos) y 28 muertos y numerosos heridos del enemigo. El efecto de este combate entre las masas fue muy favorable. El enemigo intentó ocultar sus bajas, pero le resultó peor, ya que la gente se enteró y le fue confirmada la verdad por un volante de nuestra organización que se distribuyó ampliamente (15.000 ejemplares en TUCUMÁN y centenares de volantes en todo el país). A partir de MANCHALA las masas comienzan a recuperarse, se va perdiendo el miedo al Ejército opresor y crece la voluntad de lucha.

4 .- SITUACIÓN y PERSPECTIVAS:

Bien consolidada, gozando de un gran apoyo de la población en un radio de influencia de aproximadamente 600 km cuadrados y 50.000 habitantes, contando con un sólido núcleo de cuadros y combatientes con experiencia y conocimiento de la zona, nuestra guerrilla rural se apresta a dar un salto en su desarrollo, de acuerdo con las directivas y recursos aportados por la dirección del Partido. Desde fines de mayo (MANCHALA), a la fecha el enfrentamiento se ha hecho más encarnizado: hubo tres choques principales (MANCHALA, LOS SOSA y YACUCHINA) y cuatro enfrentamientos menores, con un total aproximado de 52 muertos y varias decenas de heridos del enemigo y 2 muertos, 6 heridos (1 de ellos detenido) y 2 desaparecidos en nuestras fuerzas. Además tuvimos otros 7 detenidos, 5 de los cuales fueron asesinados y 1 fugó.

El enemigo sin variar los planes y mostrando evidente nerviosismo, vuelve a intensificar los patrullajes y la represión al pueblo. Por nuestra parte aceptamos el choque con nuestros pelotones de vanguardia, al tiempo que entrenamos y preparamos una fuerza mayor.

Los 16 meses de experiencia que hemos acumulado se han materializado en un excelente núcleo de varias decenas de cuadros, base de un desarrollo acelerado. Las condiciones objetivas nos favorecen enormemente, principalmente por la profundidad de las crisis económico-social del capitalismo argentino y particularmente por el actual fracaso de la zafra azucarera que perdió un 50 % de su producción a causa de las heladas y deberá dar fin a la zafra en el mes de octubre, dos meses antes de lo habitual, lanzando prematuramente a la desocupación a la masa de los trabajadores temporarios de fábrica y surcos.

Un último factor que es necesario señalar son las dificultades del enemigo que carece y carecerá de reservas militares, no sólo por su limitada fuerza sino además por que la intensa actividad guerrillera urbana y la movilización de las masas ciudadanas, mantendrá la mayor parte de sus unidades aferradas a sus guarniciones."




Tucumán: Operativo Independencia (fragmento final) por elortiba

Azucar y la Sangre, Tucuman 1966-1976 from Mauricio Abregu on Vimeo.


-MAS INFO EN *

REVISTA SUDESTADA

LAFOGATA

MEMORIA Y LUZ (Fotolog)

EL PUERCOESPIN (Literatura)

COMBATE DE MANCHALÁ (Wikipedia)

DOCUMENTALES PRT-ERP (Santuchovive)

Una Maestra de Escuela Primaria

Época de Guerrilla. Año 1976. En aquella época yo era docente de la Escuela Nº 380, Provincia de Mendoza, de Las Mesadas, a la mañana y de la Escuela Benjamín Zorrilla de Santa Lucia, a la tarde, distante a 4 km. de la localidad anterior. La escuela de Las Mesadas estaba ubicada al pie del cerro Ñuñorco, y a metros de una base guerrillera.

Un día salimos de la Ciudad de Monteros a las 6:30 hs en el colectivo rumbo a la escuela. Al llegar a Acheral estaba la Policía Federal controlando todos los vehículos. Tuvimos que bajar y nos revisaron los bolsos, carpetas, cuadernos, en fin, todas nuestras pertenencias y nos pidieron la documentación.

Tiempo después el Ejército reemplazo a la Policía Federal en esta tarea. Ahora la revisación se hizo a diario, y hubo veces que en un trayecto de 17 km. que recorríamos, eran dos los puestos militares que nos controlaban; llegábamos al establecimiento escolar, algunas veces hasta con dos horas de retraso.

Este accionar militar era a consecuencia de la lucha que el gobierno había emprendido contra el E.R.P. (Ejército Revolucionario del Pueblo) extremistas con ideas de izquierdas que actuaban en los cerros tucumanos y que se encontraban en los "aguantaderos" ubicados a, más o menos, 500 metros de la escuela.

Pasó el tiempo y comenzamos a ver, en las paredes de los edificios, en las aulas de la escuela, leyendas en contra de las autoridades que gobernaban en ese entonces nuestro país. Cargadas de amenazas, estaban firmadas por el E.R.P., por los Montoneros y por la Triple A.

Un día, al llegar al río Los Sosa nos tuvimos que volver porque habían colocado una bomba que destruyó el puente, la cual fue obra de las fuerzas extremistas que actuaban en la zona.

En otra oportunidad, estando en la escuela de Santa Lucía ocurrió un hecho muy doloroso. Eran las14:00 hs., recién habíamos entrado a clases, el piso tembló ante el estallido de la bomba, que según nos enteramos luego, había sido colocada en un Puente ubicado unos 5 Km., en el momento que un pelotón del Ejército lo cruzaba. El vehículo en que circulaban estalló en mil pedazos, murieron tres soldados.

Otra bomba fue colocada en el refugio de la parada del colectivo, frente a la Iglesia de Santa Lucía. El techo voló hasta una distancia de 50 metros.

Otro día, en pleno invierno, en la calle principal de Santa Lucía, alrededor de las 19:00 hs, un humilde obrero de Las Mesadas, Ramón Rosa Jiménez, montado en su caballo y en total estado de ebriedad, se detuvo frente a la comisaría y comenzó a insultar a las autoridades policiales. El comisario Ibarra mandó detenerlo; una vez dentro de la celda comenzaron a golpearlo con palos, con los puños y a pegarle patadas, hasta dejarlo casi inconsciente. Minutos más tarde mandaron a llamar a un taxista que se presentara con su auto. A Jiménez lo amordazaron y lo ataron al paragolpe trasero del taxi y lo arrastraron por las calles del pueblo hasta dejarlo sin vida. Surgió entonces el grupo extremista llamado "Comando Ramón Rosa Jiménez" (R.R.J.).

Aproximadamente dos meses después, alrededor de las 20:30 hs. llegó al ingenio Santa Lucía el Comando "R.R.J.", vestidos con uniformes militares y fuertemente armados. Se instalaron en la esquina de la Iglesia; de allí partieron dos grupos: uno rumbo a la casa del comisario Ibarra y el otro a la casa del taxista, pero a este no lo encontraron en ella, sino en las instalaciones del Club Social en rueda de amigos tomando cerveza. El jefe del Grupo Extremista había quedado en el lugar original.

Una vez que ambos grupos ubicaron su objetivo, avisaron por radio al jefe y este dio la orden de "Tirar"; según cuentan los vecinos fueron dos balazos con un solo estampido y ambos cayeron muertos. Habían hecho justicia a Ramón Rosa Jiménez.

Otro infortunado acontecimiento de ésta dolorosa época fue el asesinato a sangre fría del Dirigente Gremial de los Maestros, presidente de la Asociación de Trabajadores Tucumanos (ATEP), oriundo de Monteros, Isauro Arancibia y de su hermano, quienes estaban descansando en su casa de la ciudad de San Miguel de Tucumán y, volteando la puerta a golpes, los acribillaron a balazos. Los había matado el Ejército.

Esta fue una época muy dolorosa de nuestra historia. Vivíamos con miedo constante y cargados de temor, no éramos dueños de nuestras ideas y mucho menos de expresarlas libremente

María Garrido

Docente

http://www.oni.escuelas.edu.ar/olimpi2000/tucuman/un-pueblo/testim6.htm

20/03/2006

30 AÑOS. "NO OLVIDAMOS. NO PERDONAMOS", TERCERA ENTREVISTA

Cacho Ledesma: "El golpe fue para sumar a Argentina al neoliberalismo"

Con esta tercera entrega de la serie “30 años- No olvidamos, no perdonamos”, Prensa De Frente continúa la serie de informes especiales para entender el clima que desembocó en el golpe militar del 76. En esta tercera parte, entrevistamos a Juan Carlos “Cacho” Ledesma, uno de los fundadores del Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP) y del Partido Revolucionario de los Trabajadores- Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP).

“El verdadero sentido del golpe fue restablecer el orden para sumar a Argentina al nuevo orden internacional económico en América Latina ya imperante en Chile y Uruguay, donde al igual que en nuestro país las fuerzas armadas fueron los brazos armados de los grupos empresarios y civiles que apostaban al neoliberalismo”, sintetizó el santiagueño.

¿Ese objetivo en qué contexto histórico se dio?

No se puede soslayar que incide el fracaso del general Juan Domingo Perón, quien pretendió a través del Pacto Social armonizar las posiciones entre el capital y el trabajo, un intento en el que ya había fracasado el general Alejandro Lanusse con el Gran Acuerdo Nacional (GAN). Perón, y antes Cámpora con su “primavera”, desempeñaron su rol institucional en el marco de un ascenso de la lucha de masas obreras y campesinas que a partir del cordobazo en 1969 no retrocedieron en la demanda de sus reivindicaciones. Las mismas partían de recuperar elementales derechos cercenados en primer término para después paulatinamente incorporar reclamos políticos como se puede apreciar en los textos de esos años. No sólo se limitaban a reivindicaciones económicas sino que avanzaron en el plano político, incluso sectores incluían en sus pliegos la demanda de socialismo. Esto último particularmente desde los movimientos clasistas y desde las direcciones de los sindicatos más combativos en Córdoba, Tucumán, Salta, y el cordón industrial de Villa Constitución- Rosario y en Buenos Aires, por citar casos concretos.

También se debe agregar en este repaso el crecimiento del movimiento estudiantil quien disputó con éxito la conducción de los organismos a los tradicionales nucleamientos burocráticos. Sin olvidarse de que sus demandas tenían una impronta antiimperialista.

En ese contexto se ubica el accionar de las organizaciones como Montoneros, las Fuerzas Armadas Peronistas-PB, la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO), la Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), el PRT-ERP, entre otras, con sus propuestas de construir una nueva sociedad que contó en sus inicios con el respaldo popular. Además las tareas conjuntas con los compañeros “Tupamaros” o el Movimiento de Izquierda Revolucionario de Chile, o el Ejército de Liberación Nacional de Bolivia.

En su conjunto la sociedad estaba convulsionada en todos los planos, lo que es manipulado por la burguesía que cabalga sobre la denuncia de que había un vacío de poder y que el mismo era insostenible por lo cual se debía restablecer el orden. Una teoría que prendió en vastos sectores de la sociedad que creyeron en esa ilusión fomentada por los medios de comunicación.

En ese tramo, ¿Cuál era la posición del PRT-ERP?

Resumir es más que arduo, pero en principio puedo señalar que la posición del Partido se conserva hasta su fractura en el exterior en 1979, sin modificar la esencia del proyecto revolucionario que no contempla, incluso en vida de Roberto Santucho, las etapas de la lucha de clase. Estaba congelado.

En ese plano de análisis la dirección registras parcialmente los planteos surgidos desde las bases, en particular a las enraizadas en el movimiento obrero, quienes insistíamos en que las luchas sindicales ya estaban padeciendo derrotas como las de los obreros citrícolas o los azucareros a fines de 1974, o lo de Villa Constitución, después, por dar tres ejemplos. Para el Partido eran derrotas circunstanciales, tesis fogoneadas por las masivas movilizaciones de junio del ´75 en las principales ciudades industriales del país, impulsadas por la Mesa Nacional de Gremios en Lucha, integradas por direcciones sindicales clasistas y por comisiones internas con mandato de asamblea, pero en rigor estas movilizaciones estaban expresando el tramo final de un estadio de lucha de clase defensiva.

Lo que no fue óbice para que desde las filas de la UCR, su principal dirigente, Ricardo Balbín, acuñó la frase “subversión fabril”, abriendo la complicidad a la represión en los centros fabriles. El mismo Balbín que años después, mas precisamente dijera en España “no había desaparecidos”.

Entonces no se interpreta correctamente los nuevos vientos y que la burguesía ya había decidido con el Terror de Estado una revancha clasista y el PRT levanta posiciones en la línea del todo o nada…

Efectivamente en esa confusión generalizada, no solo en el Partido, sino todas las organizaciones levantan la apuesta . En el caso nuestro, a la de “Vencer o Morir por la Argentina” o la “Compañía del Monte Vencerá” se suma “Argentinos a las Armas”... Una consigna que es la síntesis del pensamiento imperante en el seno del Partido, del Partido, porque a la hora de la verdad ya para ese tiempo empezamos a quedar aislados del pueblo y de los sectores que nos acompañaban. Quedamos aislados y no hubo capacidad de autocrítica y muchos menos de llevar otro planteo político, no quedamos en esa consigna... que profundiza las acciones armadas en las ciudades y la guerrilla rural con la “Compañía del Monte” en Tucumán, un punto de partida que contemplaba ampliarla al norte, mas precisamente hasta Bolivia.

Una valorización que conduce a inferir de que el proyecto político estaba sentado sobre una fuerte impronta militarista más que política de masas. ¿Qué privó en su dirección para que esta definición, aunque en última instancia, era una tendencia que siempre campeó en su desarrollo, para acentuarla?

Es una respuesta que nos llevaría a horas y horas de reportaje para una explicación acabada, pero voy a poner a consideración algunos puntos que estimo cruciales. Desde el V Congreso del Partido cuando se decidió la creación del ERP, sin lugar a dudas que el corazón de la concepción era la lucha armada, sin tener en cuenta de que el partido en esos años y después tuvo una política de masas a través de sus militantes enraizados en los centros fabriles, en el campo, en la universidad e inclusive en el plano cultural. El Partido no giraba alrededor de la teoría, sino que estaba en los centros de los combates sindicales y políticos.

Pero no, esa rica militancia no tenía valor a la hora de las decisiones o de las incorporaciones. Tenía prioridad el perfeccionamiento militar, y en ese sentido, no puedo dejar de señalar, con dolor por cierto, más allá de sus críticos, que cuando se decidía la incorporación lo principal era la respuesta sobre lo militar, más que sus razones políticas de sumarse... Pese a todo el Partido creció a lo largo y ancho del país... claro que una cosa es engordar y otra crecer. Masivas incorporaciones sin privilegiar la calidad. Se anteponía el voluntarismo en el reclutamiento. Después se promocionaba a nuevos dirigentes, sin privilegiar la calidad...

¿La acción militar de Monte Chingolo puede ser la síntesis de ese desviacionismo?

Si a esa altura de la historia, el Partido reemplazó lo político con las acciones armadas. Se pretendió cambiar el rumbo de la historia con exitosos hechos de armas. Todo estaba centrado en esa práctica. Inclusive recuerdo que había compañeros que llegaron a comparar lo de Monte Chingolo con lo de la Moncada...Una errónea comparación que nada tiene que ver con la realidad. En Cuba sucedió esa derrota en el marco de un avance político, mientras que en la Argentina era de retroceso, de reflujo.

Las críticas no eran escuchadas, las que se agudizaron a partir del asesinato del entrañable compañero Mario Roberto Santucho. No había lugar para un replanteo, no había.

Más allá de sus evaluaciones ideológicas a treinta años, no se puede dejar de señalar que el PRT-ERP es un punto de inflexión en la historia de la izquierda argentina

Sin ninguna duda. Fue una organización que rompió con el molde de la izquierda burocrática, la que llevó la teoría del marxismo-leninismo al terreno de la práctica. Y reitero: no desde la facilidad de la palabra escrita, sino desde el corazón de la lucha de clases. La experiencia en las luchas de los obreros azucareros, en particular en la FOTIA, el Movimiento Sindical de Bases que tuvo como aliados a Agustín Tosco o Melitón Vázquez, el Frente Antiimperialista (FAS), que través del movimiento estudiantil llegó en Tucumán a ganar en siete facultades.El PRT-ERP tuvo la valentía de pararse con claridad y con sólidos elementos para denunciar el papel que jugaría el general Juan Domingo Perón. Separó las aguas con claridad y no cayó nunca en el oportunismo, nunca. Creció en las masas desde la izquierda compartiendo los espacios con militantes independiente y del peronismo revolucionario. Finalmente deseo rendir homenaje a los 30 mil detenidos desaparecidos con la certeza de que su lucha no fue en vano, sino todo lo contrario son ejemplos de entrega y de firmeza en las convicciones.