domingo, 4 de octubre de 2009

CELIA SANCHEZ MANDULEY

Celia Sánchez Manduley (Media Luna, 9 de mayo de 1920 – La Habana, 11 de enero de 1980), fue una participante activa en la Revolución cubana y amiga íntima de Fidel Castro. Su padre fue médico. Desde pequeña estuvo influenciada por el pensamiento martiano y ya desde joven se vinculó a la lucha popular.

En 1955 viajó a México donde funda el Movimiento 26 de Julio. Fue de las primeras mujeres en empuñar las armas durante esa revolución. Su principal papel en esa guerra lo desempeño en la preparación del desembarco del Granma en la provicia de Oriente donde, junto a Frank País, organizó a los campesinos de la zona para que le ofrecieran apoyo a los expedicionarios.

El 19 de marzo de 1957 sube a la Sierra Maestra y se incorpora como combatiente al Ejército Rebelde. Fue la principal promotora de la creación del pelotón femenino "Mariana Grajales".

Junto a Fidel participa en diversos combates y marcha junto al mismo en la Caravana de la Victoria. Armando Hart la llamo "la flor mas autoctona de la Revolución". Un periodista "independiente" de Cuba la llamo "la flor de piedra" en un artículo publicado en Cubanet.

Al triunfo mantuvo un bajo perfil político aunque con una tremenda influencia dentro de los altos mandos de esta, desempeñó el cargo de Secretaria de la Presidencia del Consejo de Ministros de Cuba sirviendo al Departamento de Servicio del Consejo de Estado hasta su fallecimiento, producto de un cáncer.

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Nació en Media Luna el 9 de mayo de 1920, apoyando desde sus inicios la Revolución. Fue fundadora y dirigente del "Movimiento 26 de julio" en el territorio oriental, creando previamente las condiciones necesarias para el desembarco del yate "Granma" en las costas cubanas.
En marzo de 1957 se incorporó al ejército rebelde, siendo la primera mujer que integrara sus filas. Compartió junto a Fidel Castro la dirección general del "Movimiento 26 de julio" en las decisiones más importantes tomadas durante la guerra, encargándose de archivar los documentos de aquella epopeya en medio de las difíciles condiciones de la montaña.

Al triunfar la Revolución actuó como secretaria del Consejo de Ministros y posteriormente como secretaria del Consejo de Estado.
Nombrada miembro del Comité Central del Partido desde su fundación y diputada al Poder Popular, murió el 11 de enero de 1980.

Celia Sánchez Manduley: Apasionadamente humana


Pedro Antonio García - bohemia.- No hubo problema humano por resolver, en los que pudiera intervenir, que no lo hiciera con modestia, decisión y también con ferviente pasión revolucionaria

Una vez le oí decir que su formación como revolucionaria comenzó desde la niñez, cuando acompañaba a su padre, el doctor Manuel Sánchez Silveira, en las visitas a los enfermos.

Vio los barrios indigentes donde las mujeres daban a luz en camastros y los recién nacidos eran mecidos en hamacas de yute, la miseria de los campesinos y de los trabajadores agrícolas que solo tenían empleo una tercera parte del año.
Su padre le explicaba el origen de las desigualdades sociales y muchas veces le vio discutir con el dueño del ingenio para que le facilitara medicamentos e instrumentales.
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En 1940 la familia se trasladó a Pilón. La joven Celia -contaba con apenas 20 años- quedó impactada por la pobreza de los habitantes de la zona. Pronto comprendió que las obras benéficas podían aliviar pero nunca resolver los problemas sociales que aquejaban a Cuba. Se necesitaba una solución política.
Junto con su padre, ingresó en la Ortodoxia, atraídos por el programa contra la corrupción y en pro de reformas enarbolados por Chibás para adecentar la república. Pero el 10 de marzo de 1952 Fulgencio Batista interrumpió el ritmo constitucionalista del país.

Volvieron la tortura y los asesinatos justificados muchos de ellos con la L
ey de fuga. Y Celia Sánchez Manduley coincidió con el joven abogado Fidel Castro, a quien aún no conocía, en que, bajo las nuevas condiciones impuestas por la tiranía, el momento era revolucionario y no político.

Los moncadistas

Según el combatiente Lester Rodríguez (ya fallecido), la primera vinculación de la futura heroína con los moncadistas se produjo en los días siguientes a la acción. "Ella fue a visitar a dos compañeros heridos durante el asalto que se encontraban en (el hospital de) la Colonia Española
y a quienes había salvado el doctor Posada de ser asesinados."
La propia Celia ha relatado: "Estando Fidel y los demás moncadistas presos, nosotros hicimos una organización... Llegamos a hacer unos bonos para recoger fondos para los presos de Isla de Pinos". Como no se recaudaba lo suficiente, ideó vender dulces, que ella misma hacía, en Pilón. "Todo el mundo le compraba –solía recordar su amiga y colaboradora Berta Llópiz–, desde los obreros del ingenio hasta la gente de dinero."

Manzanillo 1938. De izquierda a derecha, su hermana Acacia, Celia, Ángel y Alma Cañete, sus otras hermanas Flavia, Silvia y Griselda y una niña no identificada

Intentó reanudar los contactos con los revolucionarios presos. "Fuimos al Príncipe (entonces una prisión de la tiranía) –me aseguró en 1990 su hermana Griselda–, dimos los nombres cambiados y nos presentamos como familiares."

Para el futuro expedicionario del Granma José Ponce resultó una sorpresa aquel día de visitas: "Celia me trae cigarros y me dice: En esa caja hay un mensaje... Quería entregar una pistola a alguien nuestro de confianza aquí en La Habana... Nos siguió visitando y le escribimos incluso a Pilón".
No más supo la salida de prisión de Fidel y sus compañeros, volvió a trasladarse a La Habana. Fue sin embargo su amiga, María Antonia Figueroa, quien contactó con el Jefe de los moncadistas. Ella misma me confesó en 1990: "Creo que fue Pedrito Miret quien me dijo: ‘Quiero que me acompañes al hotel San Luis a buscar una muchacha que quiere conocer a Fidel’. ‘¿Cómo se llama?’, le digo. ‘Celia Sánchez’. ‘Ay, si yo la conozco, vamos’. Pero cuando llegamos, nos dicen que se acababa de marchar para Manzanillo".

En el M-26-7

Según testimonio de Celia, recogido en la compilación Granma rumbo a la Historia (Editorial Gente Nueva, 1983), Manuel Echevarría (fundador del M-26-7 en Manzanillo) "fue a Pilón porque sabía de nuestras actividades... para la cuestión del Movimiento 26 de Julio, ya como organización, y me pidió ir a Santiago a ver a Frank País".

El propio Echevarría ha testimoniado que ni de Santiago ni de La Habana recibió orientación alguna para incorporarla a la organización. "Ferrón, dirigente de la Ortodoxia en Niquero, nos habló de ella. Fue una iniciativa nuestra ir a Pilón."
"Conozco a Celia en 1955 –me aseguró 35 años después Micaela Riera (ya fallecida), financiera del M-26-7 en Manzanillo–, Manuel Echevarría, un vecino mío y muy amigo de Frank País, fue quien la llevó a mi casa... Desde entonces hasta el 30 de noviembre (de 1956), trabajamos juntas en cosas de Revolución."

"Ella no tuvo ningún cargo en el Movimiento y resultó que era ella quien nos organizaba a todos, sin imposiciones, daba sugerencia y nos convencía. Pero ante todo era muy optimista, nunca he visto una persona tan optimista como ella.
Una vez paseábamos frente al cuartel, a mí me da por mirar para dentro y veo los cañones, las armas, los coroneles. Y le digo: ‘¿Tu crees que nosotros, cuatro gatos y sin un quilo podemos contra toda esta gente?’... Y ella me dijo. ‘Los tumbamos, Mica, tú verás que los tumbamos. La gente contribuye poco porque tiene miedo, pero que tumbamos a Batista, tú verás que sí’."

Griselda Sanchez Manduley solía recordar que para homenajear a Martí un 28 de enero, "ya con Fidel en México preparando el desembarco del Yate Granma, mi hermana se pasó días pensando a ver qué hacía, leyendo las Obras Completas del Apóstol que había en casa.

Al final, hizo un cartel con el pensamiento: ‘Levantad el ánimo de aquel que lo tenga cobarde. Con 30 hombres se levanta un pueblo’ y lo colgó del busto del parque de Pilón. Aquello fue tremendo cuando los batistianos, al amanecer, descubrieron el cartel".
Manuel Echevarría confirma que "Celia desempeñó un papel fundamental durante la clandestinidad en la zona de Manzanillo, en el aseguramiento del Ejército Rebelde en sus inicios y como combatiente en la propia Sierra después, en donde prácticamente asumió la responsabilidad de jefe del Estado Mayor del Comandante en Jefe. A través de ella, circulaban todas las órdenes, las trasmitía y las ejecutaba".

Sensibilidad humana

En una ocasión, le pregunté a su hermana Silvia cuál era la cualidad característica de la Heroína. "Su sensibilidad humana. Tú le contabas cualquier cosa de una gente necesitada, de alguien enfermo, y se ponía a disposición de esa persona o buscaba la manera de resolverlo todo."
Lester Rodríguez coincidía con ese criterio: "Después del triunfo de la Revolución, todo soldado rebelde cuando tenía un problema iba a ver a Celia. Se convirtió en algo así como nuestra madre, nos resolvía los problemas y al mismo tiempo, si no teníamos una buena actitud, nos ponía en el lugar, nos daba los cocotazos".

Ejerciendo su derecho como ciudadana del Estado socialista

"Era capaz de acordarse –señala Manuel Echevarría– de cada uno de los combatientes, de cada uno de los guajiros que cooperó con la guerrilla. Atendía, y esa es una virtud que siempre le agradece el pueblo, a cada una de la gente que le escribía o la llamaba y por lo menos, se preocupaba de que recibieran una respuesta.

Una serie de obras sociales, artísticas y bonitas, fueron generadas y pensadas por Celia. Ella hacía suyos los problemas del pueblo."

"Apasionadamente humana y tierna", gusta de describirla Armando Hart. "En su carácter se integraron la dulzura, el cariño, el afecto, la alegría de vivir...

No había problema humano por resolver, no había cuestión de interés revolucionario por abordar y en los que Celia pudiera intervenir, que ella no lo hiciera con firmeza, con modestia, con decisión y también con ferviente pasión revolucionaria."

Uno de esos problemas humanos en los que intervino la Heroína fue la atención a los niños de la Sierra, algunos víctimas de la guerra, al quedar huérfanos o mutilados. Más de 100 fueron ubicados en la granja infantil Sierra de Cojímar.
"La relación con ella era maravillosa –recuerda uno de ellos, Luis Menéndez–, se informaba diariamente del rendimiento académico, se ocupaba de nuestra ropa, calzado, vigilaba si había que cambiar la ropa de cama. Hoy me pregunto de dónde sacaba tanta ternura, tanta bondad, cómo tenía tie
mpo para tantos detalles, era tan humana, tan receptiva."

Eugenia Palomares había perdido a su padre, combatiente rebelde, en la guerra. "Todos los días me preguntaba: ‘¿qué te enseñaron hoy?’, a mí me llama hoy la atención que ella tuviera tiempo para hablarme de letras, con tantas responsabilidades."
Teresita Lamoriú había llegado a La Habana primero que Eugenia. "No se olvidaba de nada, de las características de nosotros. Se detenía a explicarnos lo que nos convenía a cada una, por ejemplo, me decía, ‘no te compres nada que sea verde ni naranja, porque no te combina con la piel, ni que tenga vuelos, porque eres gordita...’

Siempre se fijaba cómo nos maquillábamos, nos enseñaba, era así para todo, en todos los detalles."


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Compañera de aula
En marzo de 1976, Celia convenció al periodista e investigador Modesto González Cedeño de que se incorporase a la Licenciatura de Ciencias Sociales en la Escuela Superior del Partido Ñico López.

"Reunió a un grupo de compañeros –testimonia– que habían interrumpido sus estudios, concibió el colectivo como un círculo
de estudios que diariamente, para no caer en el finalismo, profundizaría en las materias y se prepararía para las pruebas.
Cuando algunos de los compañeros se ausentaba por motivos de trabajo o familiares, lo llamaba con un tacto exquisito para interesarse por sus problemas y tan pronto salía de las dificultades, velaba por que se reincorporara al estudio."

En 1977, mientras cursaba el segundo año de la carrera, Celia sufrió una delicada operación quirúrgica.

"Reunió en el hospital al colectivo –rememora el colega–, y bajo control de los médicos, reanudó el estudio.
Poco a poco volvió a sus actividades habituales, dentro de las cuales le atribuía una singular importancia a la continuación de la carrera."

En 1978 se sometió a 20 exámenes con buenos resultados. Igualmente exitoso fue el primer semestre de 1979 pero tuvo una recaída y en diciembre se agravó seriamente su estado de salud.
El 16 de enero de 1980, cinco días después de su fallecimiento (del cual ahora se cumplen 25 años), el colectivo reanudó sus jornadas de estudio. "Una experiencia difícil que no podemos olvidar fue sentarnos de nuevo alrededor de aquella mesa sin ella", afirma Cedeño.

El 4 de octubre de ese a
ño, todos los miembros del colectivo se graduaron de licenciados en Ciencias Sociales. Ese día, se le otorgó el título de graduada post mortem a la alumna Celia Sánchez Manduley.

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RECUERDO DE CELIA HART DESDE REBELION.ORG (UNA MARIPOSA PARA STALIN)


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1 comentario:

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