domingo, 5 de septiembre de 2010

FANNY EDELMAN

ATRAPADOS EN LIBERTAD
SABADO 4 DE SEPTIEMBRE, 20 HS
AM 530 LA VOZ DE LAS MADRES
( www.madres.org )
FANNY EDELMAN (2º PROGRAMA DEL CICLO DE SOLIDARIDAD INTERNACIONAL)

*Con casi un siglo de vida y más de 80 años de militancia por un mundo mejor, participo de luchas históricas como la Guerra Civil Española.

*Hizo de la solidaridad internacionalista una forma de vida, colaborando con los procesos de cambio en Cuba, Nicaragua, El Salvador, Vietnam, entre otros


*Compañera de Dolores Ibarruri “ La Pasionaria ” y Fidel Castro entre otros referentes históricos de la lucha por la liberación de los pueblos alrededor del mundo

*Presidenta del Partido Comunista Argentino, y activista militante por los derechos y libertades de las mujeres, nos acompaña desde una entrevista grabada en la sede del Comité Central del PCA


REPORTAJE A FANNY EDELMAN, PRESIDENTA DEL PARTIDO COMUNISTA, EX BRIGADISTA INTERNACIONAL

Género revolución y vidas solidarias
Con 99 años y disfrutando su noveno bisnieto, Edelman puede contar una vida única. Los padres inmigrantes rusos, el aprendizaje de la militancia, la vida entera en el partido, la Guerra Civil Española y el descubrimiento de la agenda de género como parte de los derechos humanos.





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A LOS CIEN AñOS, MURIO FANNY EDELMAN, PRESIDENTA HONORARIA DEL PARTIDO COMUNISTA
Una militante hasta el último minuto

Fue una activa luchadora por los derechos humanos. En 1934 se afilió al PC y llegó a luchar en la Guerra Civil Española.
Por Adriana Meyer

Si la militancia ha cobrado un renovado vigor, de ella puede decirse que fue la militante eterna. Fanny Edelman falleció ayer en un hospital porteño por una afección en el hígado. Activa luchadora por los derechos humanos y presidenta honoraria del Partido Comunista, sus camaradas lamentaron su muerte “tras una exhaustiva trayectoria de luchas, cárceles, internacionalismo, solidaridad e intensa labor intelectual y política”. Página/12 la entrevistó en febrero pasado, en ocasión de cumplir cien años. Aquel diálogo había terminado con un amable pero firme “y ahora si me disculpa tengo una reunión”, tras lo cual Edelman partió. Sus restos serán cremados hoy a las 9 en el cementerio de la Chacarita, con una ceremonia de despedida.

Nacida Fanny Jabcovsky el 27 de febrero de 1911 –en San Francisco, Córdoba– en una familia de inmigrantes rusos, adoptó el apellido de su marido desde que comenzó su militancia, a los 23 años. Las inclinaciones corporativas y antisemitas del general José Félix Uriburu la llevaron a acercarse a un grupo de intelectuales de izquierda, entre los que se contaban Leónidas Barletta y Alvaro Yunque. Al tiempo que trabajaba en un taller textil y como maestra de música, concentró su actividad militante en la solidaridad con los presos políticos. En 1934 se afilió al Partido Comunista de la Argentina. Ese año, la brutal represión a la huelga minera en Asturias la encontró formando parte de una activa campaña de solidaridad. Y en 1937 viajó a España junto a su compañero, Bernardo Edelman, que era corresponsal de guerra. Allí integró el Socorro Rojo, luchó en defensa de la República y conoció a La Pasionaria. Ya como secretaria general de la FDIM (Federación Democrática Internacional de Mujeres, una organización creada luego del fin de la guerra) visitó a Dolores Ibárruri en su exilio en Moscú.

Tras su regreso en 1939 fue parte del movimiento de solidaridad con la República, del que participaron también Chile y Uruguay, que logró reintegrar a más de 3000 refugiados. Al finalizar la guerra, con un grupo de compañeras, Edelman impulsó la Unión de Mujeres de la Argentina (UMA), una organización de lucha por la paz, el trabajo, el salario, la salud y la vivienda. Trabajó allí durante 50 años y bajo su dirección esta entidad realizó importantes tareas con la ONU, Unesco, Unicef y la OIT. En 1972, en representación de la UMA, asumió la conducción de la FDIM e impulsó la creación del Día Internacional de la Mujer. Durante la dictadura llevó ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra el testimonio de cientos de familiares y víctimas del terrorismo de Estado.

Cuando ya se había convertido en una figura conocida en el ámbito internacional, participó de movimientos de apoyo a la Unión Soviética, China, Cuba, el gobierno socialista del chileno Salvador Allende y la revolución sandinista en Nicaragua. También estuvo en Vietnam y en varios países de Africa trabajando “por los derechos y reivindicaciones de los trabajadores y las mujeres”. En su extensa vida conoció a variadas personalidades, desde Antonio Machado y Miguel Hernández hasta los líderes soviéticos y del comunismo chinos, el Che Guevara y Fidel Castro. En marzo fue distinguida con la Orden José Martí, que confiere el Consejo de Estado de Cuba, y en esa oportunidad el presidente Raúl Castro se comunicó con ella para saludarla.

“América latina está preñada de revolución, en Bolivia, Ecuador y Venezuela hay cambios que no son revolucionarios pero son profundos, cambios que repelen al imperialismo norteamericano. Es posible radicalizar este proceso, la derecha neoliberal es un enemigo que crece para incivilizar. Hay una crisis civilizatoria de parte del gran capital, esa crisis quieren descargarla sobre nuestro continente, que hoy es el de la rebeldía”, había dicho en aquella entrevista con Página/12. Lúcida hasta su última hora, Fanny Edelman dirigía la cátedra libre de género y clase Alcira de la Peña, otra histórica militante del PC.


Un sábado por la tarde en el Parque Lezama. Hamartia conversó con Fanny Edelman, luchadora que estuvo al frente de la organización de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil Española, actual presidenta de la Federación Mundial de Mujeres, presidenta del Partido Comunista de Argentina y recientemente homenajeada como Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. A sus 99 años, Fanny recorrió la historia de revoluciones y contrarrevoluciones, desde principios de siglo pasado a la actualidad, pero también nos enriqueció con su ideología feminista y marxista, que ancla la emancipación de la mujer a lo más hondo de la lucha de clases.


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Recuerdos de la guerra civil

Este martes se cumplen siete décadas del motín fascista que disparó la Guerra Civil Española. Fanny Edelman, 95 años, recuerda los grupos internacionalistas que defendieron la República. Líster, La Pasionaria y otras figuras de la gesta.
Por Susana Viau
El 18 de julio de 1936 el generalato fascista se alzó contra la Segunda República española. El general José Sanjurjo, viejo conspirador, había fogoneado la asonada desde su exilio en Portugal mientras el general Emilio Mola, en Pamplona, daba los últimos toques al plan de acción. Francisco Franco abandonaba Canarias para ponerse al frente del que creían no iba a ser sino un golpe de mano. Los secundaban los generales Queipo del Llano, en Sevilla, y Manuel Goded, en Barcelona. Otro general, Joaquín Fanjul, se había parapetado en el cuartel de la Montaña, en el corazón de Madrid, aunque no podría resistir el sitio de las tropas leales a la República. Daba comienzo lo que sería una larga noche para los españoles y para Europa. Al mismo tiempo y muy a pesar de los confabulados, nacía uno de los relatos más bellos y heroicos del siglo XX: el que escribieron comunistas, anarquistas, socialistas durante los tres años de Guerra Civil. Fanny Edelman era una joven de 26, militante argentina del Socorro Rojo, cuando viajó a Barcelona para incorporarse, junto a su compañero Bernardo Edelman, a los grupos de internacionalistas que se sumaron a la defensa de la República. Hoy, con 95 años que no le impiden ir al teatro, al cine y a dar largas caminatas desde la sede de su partido en la calle Entre Ríos hasta el austero y cálido departamento de San Telmo, asegura que a pesar de los pesares, esos tiempos fueron los más felices. “Pasé momentos duros, descuidé en parte a mis hijos –reconoce–, pero, así y todo, no cambiaría mi historia por la de aquellos que sólo ven pasar la vida”.
–Vengo de una familia muy modesta, de San Francisco. Mi padre era obrero de los molinos Minetti y mi madre un ama de casa sacrificada, volcada a cuidar a los hijos. El era rumano y ella rusa. Yo tenía trece años cuando vinimos a Buenos Aires. Vivíamos en Tucumán y Gallo, a dos cuadras del Abasto. Soñaba con ser médica pero en aquella época eran los varones los que tenían la prioridad para estudiar. No pude entrar a la facultad, pero seguí con la música, que me gustaba mucho, después de mudarnos a Vicente López empecé a frecuentar gente muy interesante: Riganelli, Hebecquer, Alvaro Yunque, que me ayudó muchísimo con mis inquietudes sociales.
–Y las intelectuales, me imagino.
–Por supuesto, aunque mi padre era un gran lector y nos había educado en el amor a los escritores rusos. Como eran los años del golpe de Uriburu empecé a trabajar en solidaridad con los presos comunistas y anarquistas. Y me incorporé al Socorro Rojo. Fue allí que me propusieron afiliarme al Partido Comunista. Dije que sí, sin saber qué era el comunismo ni cuáles eran sus ideales y me llevó un tiempo comprender que la dictadura y las condiciones de vida del pueblo tenían una relación íntima. Esos años, ‘34, ‘35, ‘36 fueron determinantes para mi futuro: me había convertido en militante y había conocido al que sería mi compañero para siempre. Era periodista de La Vanguardia y lo habían echado porque no coincidía con la línea política de la dirección del Partido Socialista. Se fue con un grupo de izquierda y empezó a trabajar, como periodista también, en la Federación Nacional de la Construcción, muy poderosa, como se demostró en la huelga general del ‘36. En ese mismo año, Bernardo Edelman y yo nos casamos. Al poco tiempo estalló la Guerra Civil Española y nos cambió la vida. Los argentinos y los grupos de italianos y españoles dimos origen a un movimiento solidario que adquirió una presencia enorme en el país, pese a la Sección Especial. Fue una labor increíble de ayuda material y política, comida, ropa, ajuares tejidos por las mujeres de aquí para los bebés que nacían en el bando republicano. Contábamos con el apoyo de Angel Gallardo, el embajador de la República Española, un católico militante a quien no le preocupaba que la ayuda proviniera de socialistas, comunistas y anarquistas. Fue en la Federación Nacional de la Construcción que mi compañero escuchó hablar por primera vez de las Brigadas Internacionales y resolvió, junto a un amigo, alistarse con ellas. Llegó a casa y me dijo “¿Qué te parece si me voy?”. Yo le contesté: “Nos vamos”.
–¿Viajaron solos?
–No, con nosotros iban españoles, búlgaros radicados en Comodoro Rivadavia, unos albaneses que vivían en la periferia y un periodista argentino cuyo nombre no me puedo acordar. Eramos diez o doce. En agosto o septiembre del ‘37 llegamos a Amberes. De Amberes nos fuimos a París, donde se coordinaba toda la acción solidaria mundial. Se palpaba el despertar antifascista que, de todas formas, no empezaba con la República Española: ya en el ‘33, Henri Barbusse, Romain Rolland, Thomas Mann y el propio Einstein habían convocado a una reunión de intelectuales alertando sobre el peligro que representaba el nazismo en Alemania. Por esos días, en París se había inaugurado la Exposición Internacional y como teníamos un rato fuimos. Nos encontramos con el Guernica, una obra impresionante, imponente. Ahí, en París, nos arreglaron los papeles, la entrada a España por Perpignan y el destino final, en Madrid. En Madrid tomé contacto con las milicias populares, germen del ejército popular que unificó las guerrillas, porque hasta ese momento cada uno tenía su dirección y era imposible garantizar la defensa de Madrid.
–¿A quiénes reportaban?
–Yo al Socorro Rojo y él a la Unión de Juventudes Socialistas. El representaba al Movimiento de Solidaridad con España, que editaba La Nueva España, una publicación con una tirada de sesenta mil ejemplares. Mi compañero era el corresponsal en los frentes de guerra. El Socorro Rojo tenía como tarea fundamental abastecer las necesidades de las tropas, la distribución de alimentos, ropa, calzado y la atención a los familiares de los combatientes. La política de ingleses, franceses y norteamericanos fue de una perfidia inimaginable. Hasta tal punto que, cuando salimos de España, la carretera hacia París estaba colmada de pertrechos que el gobierno francés no había dejado pasar.
–Si tuviera que elegir una figura de la Guerra Civil...
–Las figuras femeninas más relevantes fueron, sin duda, Pasionaria, Federica Montseny y Margarita Nelken. Tengo, en lo personal, un gran recuerdo de Pasionaria. Para mí fue la gran protagonista de ese proceso, su palabra erizaba la piel, era tan grande su voluntad de transmitir a los soldados, al pueblo, la certeza de los ideales, la justeza de la lucha... Y la entrega. Una entrega total. Fue para mí la más grande, incluyendo a Negrín. Después la cultivé a Dolores, en la Federación Democrática Internacional de Mujeres, cuya secretaría ejercí a partir de 1972 y después de su exilio de Madrid. Tenía tanto dolor, tanta nostalgia de España, tanto deseo de no morir antes de volver a su patria. Lo consiguió, pero dejó un hijo, Rubén, que murió en la batalla de Stalingrado. Nunca pudo superar su muerte, la tocó profundamente, fue terrible para ella, aunque Pasionaria ya había perdido otros cuatro hijos, de hambre, anemias y enfermedad en Asturias. De los seis hijos que tuvo, al final le quedó sólo Amaya, que está ahora dirigiendo la Fundación Dolores Ibárruri en Madrid. A mí me maravillaba la fuerza de su palabra... La recuerdo hablando en un mitin, en París. La gente la aplaudía, la vitoreaba aunque no entendía el castellano, se emocionaba como si hablara en francés. Aquel fue un período determinante para mi vida y la de mi compañero.
–¿Y las Brigadas Internacionales, Fanny?
–Las Brigadas fueron, a mi juicio, una de las manifestaciones más altas de la solidaridad humana. Al frente estaban los dirigentes de los partidos socialistas y comunistas que huyeron de las dictaduras nazis y fascistas. Estaban Togliatti, al que en España conocíamos como Ercoli; Luigi Longo, que, aunque no recuerdo muy bien, creo que fue uno de los coordinadores de las actividades de las Brigadas; Hans Beimler, un alemán diputado del Reichstag, que murió en combate. En un viaje que hice a Europa, les dije a mis compañeros que quería visitar su tumba. Yo sabía que estaba enterrado en Montjuich. Bajé en Barcelona y busqué su sepultura, pero no la encontré. Conocí también a Antonio Prado, que en 1938 convocó una gran campaña de invierno del Socorro Rojo. Hacía un frío espantoso y los combatientes no tenía ropa ni calzado suficientes para soportar esas temperaturas. Resultó conmovedora la reacción del pueblo; la gente se desprendía de sus propios abrigos, de sus propios zapatos para mandarlos al frente.
–¿Conoció a Santiago Carrillo en esos días?
–Sí, Carrillo estuvo aquí, clandestino, una vez terminada la guerra.
–¿Y a Santiago Alvarez, que según creo fue fundador del Quinto Regimiento?
–Claro que lo conocí. Santiago era el presidente del Comité de Amigos de las Brigadas Internacionales. Fue uno de los fundadores del Quinto Regimiento, pero el jefe era Enrique Líster. El comisario político era Carlos, Carlos Contreras le llamábamos, aunque su verdadero nombre era Vittorio Vitali, secretario del Partido Comunista de Trieste, un personaje muy interesante, un hombre de una enorme cultura y de una enorme inteligencia, que nos enseñó a comprender cosas que todavía no teníamos del todo claras y me enseñó a leer entre líneas. Yo trabajé con María, su compañera, maravillosa, modestísima, de una gran capacidad intelectual. Ella era una de las dirigentes del Socorro Rojo. Años más tarde, leyendo una revista, me enteré que María había muerto en un taxi, yendo a una consulta con el médico. Y aunque le parezca mentira, recién allí, en 1942, supe que mi querida y admirada “María” era Tina Modotti.
–¿Abandonaron Madrid antes o después de la caída?
–Antes. Después nos trasladamos a Valencia porque el gobierno se había establecido ahí y luego, siempre junto al gobierno, a Barcelona. El viaje de vuelta fue muy doloroso. Regresé a España después de la muerte de Franco y en el ‘96, convocada por los Amigos de las Brigadas, y pasé por Gernika. El árbol había florecido. Era otra España. Aquella del ’36 no existía más. Esa historia había sido sepultada, ocultada. Pensé mucho en una compañera del Socorro Rojo, Matilde Landa, pertenecía a una familia muy rica, de la alta burguesía. La familia huyó y ella resolvió quedarse. Fue capturada y ejecutada. En fin... ¡ese famoso Pacto de la Moncloa! Ese Pacto fue una responsabilidad de todos los partidos, incluido el Partido Comunista de España, que se adhirió a esa falsificación.
–¿Cuáles fueron sus tiempos mejores?
–Es muy difícil. Pero dentro del horror de la guerra fueron felices los años de la Guerra Civil, muy felices porque me dieron tanto, aprendí tanto, me identifiqué tanto con aquella causa que hasta hoy me siento parte de es pueblo, sigo las cosas de España, sufro por lo que les pasa.
–¿Si pudiera, qué borraría de su historia?
–Nada. No me arrepiento de nada. Me he equivocado, pero no me arrepiento de nada. Pasé momentos malos, sombríos, descuidé quizás a mis hijos, pero tenía poderosas razones.
–¿Se lo reprocharon?
–Alguna vez, sí, alguna vez. Pero mire, yo viví una tragedia muy grande. En un viaje que hicimos de Mendoza volcó el auto que manejaba mi marido. Quedó parapléjico. Tenía treinta y ocho años. Fueron veintidós años en esas condiciones. Hubo que remontar la situación, mantener la unidad del hogar y convencerlo de que la vida no se había terminado, que la vida exigía y seguía; había que lograr que saliera a la calle en su sillón de ruedas y terminara su interrumpida carrera de abogado; había que lograr que trabajara como abogado. Mi hija tenía ocho años y mi hijo tres. En esa etapa, él insistió para que yo no dejara la actividad. Mi rol de madre quedó en parte a cargo de una compañera catalana que estaba exiliada aquí. Pero éramos tan amigas, compartíamos tantas cosas, lo hizo con tanto amor que creo que casi no sintieron esa sustitución. Además, fueron enormemente solidarios, defendieron a su padre y me defendieron. Estoy muy orgullosa de mis hijos.
–A usted le gusta la música, ¿cuál es su canción preferida?
–...“La Internacional”.
–Y también le gusta la literatura, ¿a quiénes relee?
–A Lorca, a Hernández, a Vallejo, a Miguel Angel Asturias, a Paul Auster.
–¿A quiénes reconoce como maestros?
–A Marx, a Engels, a Lenin.
–¿Un día de felicidad?
–El día en que me afilié al Partido Comunista.

Género revolución y vidas solidarias

Con 99 años y disfrutando su noveno bisnieto, Edelman puede contar una vida única. Los padres inmigrantes rusos, el aprendizaje de la militancia, la vida entera en el partido, la Guerra Civil Española y el descubrimiento de la agenda de género como parte de los derechos humanos.
Por Verónica Engler
–¿Cómo ingresó al Socorro Rojo (un servicio social internacional organizado por la Internacional Comunista en 1922)? ¿Cómo fue su experiencia en esa organización?
–Yo vengo de una familia muy modesta, mi padre y mi madre eran rusos. Estaban en este país como tantos inmigrantes y seguían con mucha atención los sucesos de Rusia. Mi primera impresión fue la gran campaña de ayuda a los hambrientos del Volga, en los primeros años de la revolución (rusa). Y, naturalmente, era testigo y partícipe de las diferencias sociales en nuestro país. Justamente fue una hermosa mujer rusa la que me introdujo en el Socorro Rojo, me convocó a participar en la ayuda a las familias de los presos políticos y sociales en los años ’30, cuando la dictadura de Uriburu y la posterior de Justo. Y yo me nutrí de experiencias extraordinarias de los presos políticos y sociales, que en ese momento eran fundamentalmente anarquistas y comunistas. En el Socorro Rojo hice una experiencia solidaria que me llenó la vida y que nunca abandoné. Cuando la solidaridad tiene un sentido real, noble, generoso y humanístico, eso va enriqueciendo y mejorando la propia condición humana. Estuve varios años en el Socorro Rojo, participé activamente en la solidaridad con la República Española agredida por el franquismo, llegué a España y me incorporé al Socorro Rojo español, que realizó una actividad extraordinaria, recogiendo solidaridad de todo el mundo. Luego volví al país, ya en otras condiciones. Seguimos en la solidaridad con los combatientes exiliados (de España luego de la instauración de la dictadura franquista) que llegaron a nuestras costas, intensifiqué la solidaridad con Vietnam, cuando constituimos el movimiento de ayuda a Vietnam, manifesté solidaridad con la Revolución Cubana que me conmovió y me enriqueció profundamente al apreciar los cambios, la transformación profunda de la vida de ese pueblo. Gracias al Socorro Rojo, el sentimiento de solidaridad es parte de mi vida.
–¿Cómo era el día a día en España durante la guerra civil mientras usted era la encargada de organizar la Campaña de Invierno, impulsada por Antonio Machado para reunir abrigos, alimentos y medicamentos para los combatientes?
–Nosotros estábamos muy en contacto con los distintos comandantes, que nos hacían llegar información sobre las necesidades en cada lugar donde se combatía. Se daba una relación constante para atender aquellos sectores en combate que tenían más necesidades, más demandas, y así se desarrollaba nuestra vida cotidiana. Como se concentraba la solidaridad mundial en Francia y de ahí se trasladaba a España, teníamos un catálogo de las necesidades que había y de los elementos que teníamos para ayudar a atender. También nos ocupábamos de los hijos de los combatientes que habían perdido la vida, de manera que estuvimos en la organización de jardines de infantes, a los cuales contribuyeron enormemente los combatientes internacionalistas que estaban en España.
–¿Se sintió decepcionada con la derrota de la República?
–No, no podía estar decepcionada como militante porque conocía perfectamente que la República no se perdió por culpa de los combatientes. La República se perdió por dos razones: por una política de no intervención de las grandes potencias, especialmente Francia e Inglaterra, y por la traición de uno de los integrantes del Estado Mayor del ejército republicano, el coronel (Segismundo) Casado. Además había una gran diferencia de capacidades en armas, la República sólo tuvo la ayuda de México y de la Unión Soviética, y el ejército franquista la tuvo de Hitler y de Mussolini, armados hasta los dientes, esa fue la razón de esa tragedia enorme que fue la pérdida de la República. Sentimos un dolor y una amargura enormes, pero no nos sentimos vencidos.
–En su biografía aparecen numerosas semblanzas de militantes de diferentes partes del mundo, y de cada uno de estos perfiles se desprende un halo romántico y humanista. ¿Cómo ve en la actualidad el tema de la pasión y la solidaridad a la hora de militar?
–Primero hay que tener en cuenta cada realidad, nosotros hemos pasado un genocidio que no solamente destruyó la vida de miles de muchachos y muchachas, de trabajadores y de jóvenes. En algunos casos me parece que hubo personas que se retrajeron, que se encerraron en sí mismas ante semejante monstruosidad. Sin embargo, lo más elocuente para mí es cómo, por ejemplo, Azucena Villaflor, esa mujer ama de casa, dedicada a cocinar, a lavar, a planchar, de repente sale de ese hueco que es la cocina, sale a la calle y se convierte en un sujeto activo, en un sujeto social, y detrás de ella van otras mujeres. Para mí Madres (de Plaza de Mayo), Abuelas (de Plaza de Mayo), y todas esas mujeres que participan en esas organizaciones de solidaridad ponen de relieve no solamente un amor profundo por sus hijos, sino que ponen de relieve la capacidad de la mujer de ocupar el puesto que le corresponde en la sociedad. Y es verdad que hubo un período de retracción de algunas fuerzas. Pero aunque yo no estoy en condiciones de ir a la plaza, pude ver que el 24 de marzo estaba colmada de jóvenes que no habían nacido (cuando fue el golpe de Estado de 1976). ¿Por qué tantos jóvenes, quién los ha movilizado? ¿Es un capricho? No. ¿Es una ostentación? No. Es un sentimiento profundo de repudio a un trozo negro de nuestra historia. Yo quiero mucho a la juventud, la respeto, y me indigna cuando la gran prensa, que tiene una influencia ideológica tan profunda en la subjetividad de la sociedad, denuncia al muchacho del paco o al muchacho que robó sin tener en cuenta que en su mayoría es el resultado de la falta de posibilidades, de la miseria, del hambre, de la marginalidad. ¿Esa es nuestra juventud? Es dolorosamente una parte, pero nuestra juventud es una juventud que estudia, que trabaja, que baila, y para mí fue muy significativo esa presencia en la plaza. Pero además, estos grandes medios de comunicación son los más reaccionarios que puede haber, que defienden los intereses de los ricos y poderosos, esos medios de comunicación deforman la realidad, banalizan sobre todo a la mujer, hacen de la mujer un elemento sexual. La subjetividad, la vida cotidiana de la gente que aspira a mejores cosas involucra eso, entonces desaparecen los valores para poner de relieve los aspectos más banales.
–Usted conoció mujeres valientes de diferentes países, guerrilleras, obreras, campesinas, dirigentes sindicales. ¿De qué manera ese contacto modificó su militancia y su relación con tus compañeros y compañeras?
–La enriqueció, porque vivía experiencias nuevas. Llegar a Mongolia y encontrarme en la reunión de las organizaciones de mujeres árabes debatiendo sus problemas, o ir a Tanzania al congreso de las mujeres africanas. O descubrir en la India ese mundo de contradicciones tan profundas con una organización de mujeres maravillosas luchando contra la poligamia, contra el hambre, contra las privaciones, enseñando a leer y a escribir debajo de un árbol dibujando las letras con una ramita sobre la arena del suelo. O ir a Angola y descubrir una pequeña habitación con una lamparita que apenas iluminaba, donde había desde niños de siete años hasta hombres y mujeres de sesenta aprendiendo a leer y escribir. Pude ver cuánta sabiduría y capacidad de transformar su vida tienen las mujeres del pueblo. Yo me nutrí de eso nuevo que descubría, y podría decir lo mismo de nuestra América, de lo que para mí significó el salto extraordinario de las mujeres cubanas, gracias a la revolución, de esa Cuba que hoy está bajo el castigo del gran capital internacional. Gusta Fusikova, la esposa de (Julius) Fucik, el gran escritor (asesinado por la Gestapo) de Reportaje al pie del patíbulo, que dedicó su vida a la lucha por la paz, o Marie Claude Vaillant Couturier, la primera secretaria de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (Fedim), como testigo ante el Tribunal de Nuremberg, denunciando los crímenes del nazismo en los campos de concentración. Eso transforma mi propio sentimiento, mi propia conciencia, me ayuda y enriquece enormemente.
–¿Cómo fue su experiencia en la Fedim (cuya secretaría ocupó entre 1972 y 1978)?
–Fue un baño de luz (se ríe)... que reafirmó, si eso hubiera sido necesario, mis convicciones políticas. Era raro que durmiera dos días seguidos en mi cama (en Berlín), porque un día tenía que ir a Egipto y al siguiente a Angola, o a Nepal, y otro día a Japón. Y también estuve en todos los países de lo que se llamó las sociedades socialistas, que dieron mucho a las mujeres, las elevaron en su condición, aunque debo decir, con toda franqueza, que la liberación total de la mujer es un proceso muy largo, no cambia el día que triunfe un nuevo poder, democrático o revolucionario, hay siglos de machismo, siglos de patriarcado en los hombres y en las mujeres. Para mí la emancipación de la mujer está profundamente unida a la lucha de clases, a la transformación de la realidad social, un cambio profundo en la conciencia de la gente. Y nunca me voy a olvidar de una frase de Marx que decía que el pueblo piensa como la clase dominante en términos generales. Y es así, y vencer eso, cambiar la subjetividad del ser humano es un proceso muy largo que yo, naturalmente, no voy a ver, pero en el que confío profundamente.
–¿Qué inquietudes la movilizaron para ser una de las fundadoras de la Unión de Mujeres de la Argentina (UMA)?
–Nosotros aquí desplegamos un movimiento de solidaridad muy grande con la España republicana, y constituimos por primera vez en la Argentina una organización nacional que se llamó Comité de Mujeres Argentinas por los Huérfanos Españoles, que tuvo una gran repercusión a nivel internacional. Luego se da la Segunda Guerra Mundial, ya en otras condiciones, se formó una organización de mujeres que respondía a los aliados, es decir, los países que luchaban contra el nazismo, que se llamó Junta de la Victoria, donde había una gran variedad de mujeres, de distintos niveles sociales e inquietudes políticas. Cuando termina la guerra, no había coincidencias desde el punto de vista ideológico con muchas de esas mujeres. Entonces, comenzamos a transformar, en la medida de nuestras posibilidades, aquellas comisiones de solidaridad con España y con los aliados en comités por reinvindicaciones concretas. Unas ciento y pico de organizaciones de mujeres de todo el país resolvimos crear una organización que respondiera a los intereses más apremiantes de las mujeres de nuestro pueblo, y así nació la UMA, en 1947. Yo fui, con otras compañeras comunistas, muy activa en la organización, y fui elegida en su primer congreso como secretaria general. Estuve vinculada con la UMA durante 50 años, primero como secretaria general, luego como presidenta, vicepresidenta, representante ante la Fedim, que ya tenía 200 organizaciones adheridas en el mundo. En el año 1975, cuando yo estaba representando a la Fedim, propusimos a la ONU realizar un año de la mujer. Para mí la UMA de hoy no responde ya a aquellos objetivos, pero la verdad es que realizamos una labor muy intensa y movilizadora. Comunistas, peronistas, radicales, mujeres sin partido, integraban esa organización, y cumplió una labor muy valiosa, despertó la conciencia de muchas mujeres, se reconoció el valor de la más modesta de nuestras trabajadoras, de las mujeres rurales, de las esposas de los obreros de los ingenios tucumanos que fueron cerrados por Onganía, reclamando y luchando en la puerta de los ingenios para que no cerraran, o las esposas de los ferroviarios, cosas hermosas, la lucha contra el derrumbe de los conventillos que estaban en lo que hoy es el Hospital de Clínicas. Fueron miles de experiencias que me permitieron a mí, recorriendo el país, conocer los valores de las mujeres de nuestro pueblo.
–¿Fue difícil introducir la cuestión de género y del respeto a la diversidad sexual en la discusión partidaria?
–La cuestión de género se fue introduciendo bien en el partido y la cuestión de la diversidad sexual también. Justamente en un librito que yo hice sobre feminismo y marxismo, que se va a reeditar, quiero agregar este tema como un elemento fundamental de los derechos humanos. No se puede cuestionar la orientación sexual de nadie, porque es un irrespeto a los derechos humanos consagrados por las Naciones Unidas y en la Constitución Nacional: todos hemos nacido iguales, todos tenemos derechos iguales. Yo creo que en nuestra sociedad, justamente en los jóvenes, este tema no tiene el rechazo que tenía en mi generación. Yo me felicito de haber estado abierta a todo lo que aparecía de nuevo. Yo no creo que en el pasado estábamos mejor, como cree mucha gente. Cada etapa de la vida tiene sus características, y tengo la fortuna de haber entendido qué ocurría en cada momento de la realidad social. Puede ser que haya algunos compañeros a los que todavía les cuesta comprender esto, pero creo que ha tenido muy buena recepción de nuestro partido este respeto por la identidad sexual, el respeto por el individuo, por el ser humano, tanto es así que cuando nuestro compañero Patricio Echegaray fue legislador en la Capital Federal, su secretaria era Lohana (Berkins, dirigente de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual), que provocó todo un revuelo, y después Lohana fue respetada e integrada absolutamente a la actividad de ese momento. Y ella, que es bien amiga mía, es una persona muy inteligente y está llevando adelante un proyecto con el que demuestra que las travestis no tienen por qué ser prostitutas. Ha logrado instalar un taller donde ya trabajan 30 o 40 muchachas travestis ganándose la vida trabajando allí. Y eso tiene para mí un valor imponderable.
–¿Cómo ve en este momento la coyuntura latinoamericana?
–Yo creo que Cuba está en la raíz de esos cambios tan profundos que se dan en Bolivia, en Venezuela, en Ecuador, que se avistan en Nicaragua, son cambios no de transformación social, como podría ser una revolución socialista, pero son cambios de transformación en las relaciones humanas, en el concepto de soberanía, en el rechazo a la política norteamericana de dominación de nuestro continente. Acaban de poner bases militares en Colombia, y lo de Honduras es una amenaza a la realidad política de toda nuestra América, teniendo en cuenta que por vías de los sectores más reaccionarios del gobierno estadounidense pretenden reconocer un golpe de Estado y una elección completamente inaceptable. Nosotros felicitamos que el gobierno argentino esté en la Unasur, que esté en el Bando del Sur, que se integre en esto que va a ser la unidad latinoamericana y caribeña sin la presencia de los EE.UU., eso tiene una importancia enorme para el desarrollo económico, político, social y cultural de nuestro pueblo. La mayoría de las grandes empresas que hay en la Argentina son extranjeras, se llevan millones y millones del trabajo de nuestros obreros. Falta crear un frente de izquierda antiimperialista, democrático, que defienda la soberanía nacional, que recupere todo lo que el neoliberalismo entregó a los monopolios, nuestros ferrocarriles, nuestro petróleo, así como se recuperó Aerolíneas Argentinas, para que nuestro pueblo se incorpore también a este proceso de cambio que se está dando en América latina.



2002
PERSONAJES
La vida color rojo

Era una nena cuando vio por primera vez El acorazado Potemkin. De ahí en adelante, los recuerdos de Fanny Edelman están teñidos de rojo. Comunista, militante, miembro de las brigadas internacionales durante la Guerra Civil Española, todavía trabaja para que su partido le dedique un espacio a la cuestión de género “porque no se pueden defender los derechos de las mujeres desde una perspectiva solamente clasista”. Cumplió 92 años, pero no envejece porque continúa luchando: tiene fe en la alianza entre el piquete y la cacerola, y preside el Comité de Solidaridad con Cuba.

Por Marta Dillon
¿De qué se trata esa risa que como un punto final cierra la mayoría de sus frases? No es ironía, no es un modo de señalar algún chiste poco evidente. El suyo parece un gesto de victoria, se ríe como si asistiera a la confirmación de algo que ya había anunciado, como quien tiene la certeza de que las contingencias del aquí y ahora son poco más que eso, anécdotas de un momento que pronto serán reemplazadas por otras. Es que Fanny ha visto demasiadas cosas. Ha visto, dice, levantarse los pueblos y los ha visto caer. A lo largo de sus noventa y dos años ha recorrido el mundo desde Vietnam hasta Somalia, de Palestina a Cuba, de la China a la Argentina, su país, siempre siguiendo el afán internacionalista al que una militante comunista como ella, con 60 años de fidelidad doctrinaria, le debe su impulso. “En cierta medida me siento feliz de haber sido partícipe de esos procesos tan complejos, tan contradictorios a veces, de este siglo tan trágico y espantoso, de este siglo tan hermoso, con sus expectativas frustradas y cumplidas.” Y aun así le queda margen para la sorpresa, aun cuando dice que nunca abandonó un “optimismo que no es superficial sino basado en la concepción dialéctica del proceso histórico y humano”; dos meses completos de cacerolas y movilizaciones, de asambleas barriales y cortes de rutas la hacen abrir los ojos azules como si la pupila ocupara toda la cuenca. “Se ha puesto en evidencia un sentimiento de dignidad que me conmueve profundamente, hay un proceso general de toma de conciencia incluso en sectores que jamás habían tenido una participación tan activa y real en la vida del país. Por eso discuto mucho con mis compañeros, con los que dicen que todo es por el corralito; si la movilización fuera por eso sólo, también sería justa, pero creo que ha pasado a segundo plano. ¡Y el otro día tuve una alegría grandísima! Fuimos a solicitar firmas para que el Gobierno argentino no vote en contra de Cuba en la ONU y el apoyo de las asambleas barriales fue conmovedor.” Casi tanto, seguramente, como ver la curva de su espalda como un signo de pregunta, andando entre la gente con su planilla de firmas, haciendo oír su risa ya grave cuando alguien acepta estampar la suya, discutiendo sin pudor con quienes rechazan todas las banderas políticas. “Me siento mal, claro, ¿cómo me voy a sentir después de tantos años de militancia frente a ese repudio? Pero creo que tarde o temprano comprenderán.”

Palabras de Fanny Edelman en el Acto por el 78 Aniversario de la Segunda República Española (2009)



El pelo blanco prolijamente estirado y recogido en dos trenzas sobre la nuca. La camisa impecable, la pollera austera, es fácil adivinar en su porte a la niña que de la mano de sus padres, llegados uno de Moldavia y la otra de Odessa, entró al cine en una salida de domingo para ver una película recién estrenada: El acorazado Potemkin. “Aquella carrera desesperada hacia la muerte, escaleras abajo, en el puerto de Odessa, estoy segura de que tuvo que ver con mi elección política”, cuenta en su biografia editada recientemente por Ediciones Dirple: Banderas, pasiones, camaradas. No le importa saber si sus recuerdos se ordenaron así después de toda una vida dedicada a la militancia, sabe que todos están teñidos de rojo. Dice que tuvo una infancia feliz, como la “que se vive en cualquier hogar proletario”, quejugaba con sus hermanos menores, que su madre no le hizo sentir las carencias económicas, pero lo que de verdad quedó impreso en su memoria de aquellos años del principio del siglo pasado fue la huelga ferroviaria de 1917, contra el artículo 11 de la ley de Jubilaciones, que obligaba a renunciar al derecho a huelga para adquirir ese beneficio. Aquello sucedió en San Francisco, Córdoba, cuando ella tenía seis años. A los diez ya vivía en Buenos Aires, cerca del Abasto. “Me impresionaba enormemente ver el trabajo duro de la carga y descarga de las reses que manchaban de sangre la ropa de los trabajadores, el esfuerzo que ponía en tensión su cuerpo. Los hombres, mujeres y niños hurgando en los desperdicios. Ese espectáculo cotidiano me rebelaba, aunque no podía comprender las causas que lo provocaban.” Las entendió más tarde, dice, estudiando la teoría marxista a la que siempre alude, la que “dio sentido a mi vida”. La que comprendió después de haberse afiliado al partido de sus amores, en 1934, poco después de casarse y unos meses antes de dejar la música para siempre. “Estudiaba piano y recuerdo con cariño esos días en que con mis compañeros de estudios subíamos a trancos las escaleras del Colón hacia el paraíso, partituras en mano, para seguir los conciertos.” Pero de esa pasión se desprendió una vez, cuando empeñó su piano para poder pasar unos meses sin ingresos, después de que su marido se quedara sin trabajo. Intentaron volver a buscarlo, pero fue tarde. “Lloré como si hubiera perdido a un ser querido.” Se recuperó rápido, ya tenía otros desvelos. Por esa época era militante del Socorro Rojo, una organización que trabajaba para apoyar a presos políticos, “que como era la época de la dictadura del general (Agustín) Justo, eran muchos”. Ella misma fue asistida por el Socorro Rojo más tarde, cada vez que por su actividad era detenida y llevada a esas cárceles de mujeres dirigidas por monjas.

“Un día mi marido vino a casa, cuando trabajaba en el periódico de la Federación de Obreros de la Construcción, y me dijo que quería ir a España, a luchar por la República en las brigadas internacionales. ‘Me parece muy bien –le dije–, pero yo voy con usted.’ Sin saberlo, ya entonces me había definido como feminista.” Entre sus pares, Fanny Edelman es una rara avis por haberse interesado en la causa feminista desde los ‘70. De hecho, en ese momento quiso dar la discusión entre las mujeres de su partido, en Berlín, donde ocupaba la secretaría general de la Federación Internacional Democrática de Mujeres, y el no fue rotundo. “Qué te vas a meter con esas locas”, le contestaron mujeres tan disímiles culturalmente como vietnamitas, europeas y africanas de la Internacional comunista. “A mí me interesaba muchísimo lo que planteaban las Medias Rojas inglesas, las alemanas, la postura de alguna española, pero había una propaganda brutal contra ellas. Y bueno, la discusión quedó postergada, sin fecha. Pero yo empecé a leer, a buscar, a bucear. Hasta que recién en 1988 viajé a Cuba para buscar bibliografía en el Centro de Documentación de la Federación de Mujeres Cubanas y, cuando volví, empecé a dar la discusión dentro del partido porque no se puede defender los derechos de las mujeres desde un concepto únicamente clasista, hay que tener una perspectiva de género. Y así fue como surgió el libro, Feminismo y marxismo, dirigido hacia mis propios camaradas porque siempre hubo y todavía hay grandes resistencias, de hombres y de mujeres. La ideología burguesa y patriarcal tiene una gran influencia en las relaciones entre los sexos. La sexualidad ha sido un tema tabú dentro del partido creo que hasta el año 1995 y eso se nota en el funcionamiento mismo del partido. Pero hay que argumentar, hay que explicitar para que sea comprensible. Porque las reacciones son muy duras. Aunque ahora se puede escuchar mejor este planteo, todavía los temas de género no están en la agenda de la izquierda. No podemos seguir pensando que cuando triunfe la revolución las mujeres serán liberadas. No ha pasado, lo he visto en Vietnam, en Africa, en Medio Oriente, en la Unión Soviética, en Cuba mismo. En toda revolución las mujeres han luchado codo a codo con los hombres, triunfa la revolución y las cargas de la familiasiguen sobre sus espaldas. Incluso se cambian las leyes que las oprimen, pero la realidad sigue siendo la misma.”
Fanny dice que como mujer ha tenido un hogar maravilloso, “pero comprendo que he sentido la influencia de la sociedad patriarcal, la he vivido y lo peor es que no la he sufrido”. La risa con la que festeja su tardía toma de conciencia la lleva de nuevo hacia atrás en el tiempo, cuando subió a ese barco carguero que de Montevideo la llevaría a Madrid. “La experiencia en España fue trágica y maravillosa; mi marido fue corresponsal de guerra y yo seguí trabajando en el Socorro Rojo, que se dedicaba allá a la pensión de los soldados y sus familiares.” Instalada en Valencia, Fanny se sintió privilegiada. Ya había leído los poemas de Antonio Machado, ya los había anotado, incluso, al costado de sus cuadernos. Pero ahora, mientras la República se defendía, Machado era un compañero más que le encargó personalmente la “campaña de invierno” para recolectar abrigo para quienes estaban en el frente. “Tengo pasión por la poesía y por los poetas; Machado entonces tenía la enorme pena de estar con el bando republicano mientras su hermano estaba en el bando fascista. Y ahí conocí también a Rafael Alberti, a Miguel Hernández. Teníamos una casa muy linda, muy grande, de un conde, el Marqués de Montornés, expropiada claro, en Valencia. Rafael Alberti y su mujer hicieron una labor cultural maravillosa, siguieron el ejemplo de Lorca y con una carreta recorrían todos los frentes llevando la poesía. Miguel Hernández también iba al frente a leer su poesía, en el Socorro Rojo le editamos su primer libro, era un campesino tosco en apariencia, pero era maravilloso. Fue una época de gloria y de hambre. Comíamos lentejas a la mañana y a la noche, ¡cómo las odiaba!”

Es difícil no sentir envidia por la memoria de Fanny. Puede mencionar mujeres que considera “luchadoras admirables” de todos los continentes, nombres con las fonéticas más intrincadas. Pero entre sus favoritas están las que conoció durante la Guerra Civil Española: Pasionaria y Tina Modotti, aunque entonces para ella eran sólo Dolores (Ibarruri) y María. “Pasionaria estaba en la dirección de gobierno como representante del partido comunista. Era una mujer muy hermosa, yo tenía veintitantos y ella tendría 35 o 40, alta, muy garbosa, con una voz muy impresionante y un verbo más impresionante aún, movía las piedras. Ella tuvo un papel esencial en el frente de batalla porque abría trincheras con los soldados, los exhortaba a defenderse cuando Madrid estaba acosada por las fuerzas fascistas, esa famosa consigna ‘mejor morir de pie que vivir de rodillas’ la cantaba todo el mundo. La conocí mucho más cuando yo estaba en la Federación Democrática Internacional de Mujeres ocupando su secretaría general en Berlín y ella estaba exiliada en Moscú. Tenía siete hijos, cinco murieron de pequeños, le quedaron Rubén y Amaya; Rubén murió en el frente desangrado. Ella en cambio, murió muy mayor, a los 97, y hasta tres o cuatro años antes de morir andaba de aquí para allá. Cuando terminó su exilio y volvió a España, no hubo fuerza política que no la saludara, catorce cuadras de personas de pie detrás de ella, era admirable.”
Tina fue su “adorada compañera, no sabía que se llamaba así, tampoco que era fotógrafa, era María, la mujer más tierna y más dulce que había conocido. Recién cuando murió supe quién era. Me enteré por la prensa: ‘Tina Modotti murió cuando iba al hospital en un taxímetro’. Tenía una afección al corazón. Fue terrible porque para mí era una hermana, era valiente, a pesar de su fragilidad. Supe que era ella por las fotos; cuando la vi, busqué toda la prensa mexicana y comprobé que era la misma. Después busqué sus biografías y pude conocerla a fondo, después de su muerte”.
Ningún dolor fue tan grande como la caída de la república para Fanny. Aun cuando puede enumerar otros tantos dolores como la caída “del murosocialista”, las idas y vueltas del “colonialismo en Africa, aunque no podrán apagar la llamita que se encendió entonces, el dolor del pueblo palestino”, y la enumeración podría seguir en la pista del itinerario de sus viajes. Nunca duadó de la doctrina que se impuso, es capaz de explicarlo casi todo con las palabras de Marx y de Lenin aunque a veces, como un alivio, prefiera la poesía para retratar sus momentos fundamentales. Paul Eluard, Antonio Machado, Juan L. Ortiz, Nicolás Guillén, Juan Gelman, César Vallejo, José Pedroni, la lista de sus admiradas voces también es infinita. A esta altura de su vida ya no se impacienta por ver los cambios sociales que tanto ansía, y contra viento y marea asegura que la izquierda será capaz de articular este movimiento de “cacerolas y piquetes”. Si la izquierda está marginada, es por culpa de la “prensa libre”: sesenta años de comunismo dejan su marca. Y en su caso hay una indeleble: “Sé que durante la última dictadura mi partido cometió errores graves, y si de algo me arrepiento es de no haberme dado cuenta a tiempo para poder rectificarlos. Porque aunque yo estaba en Berlín, estaba dentro del partido, no me puedo hacer la zonza”. Ahora, mientras dirige el Comité de Solidaridad con Cuba, con el peso de sus 92 años sobre la espalda, sigue sosteniendo cruzadas con la misma energía que a los 20. “¿Cansada? No, de ninguna manera. Cansada me sentiría si tuviera que quedarme en casa.” Y eso, evidentemente, no está en sus planes.

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La presidenta del Partido Comunista fue designada por la Legislatura porteña Personalidad Destacada en el ámbito de la defensa de los Derechos Humanos.
Se trata de un nuevo reconocimiento para esta incansable defensora de los derechos de las mujeres, aquella que participó de los movimientos de solidaridad con la causa republicana durante la Guerra Civil española y se alistó en las Brigadas Internacionales. La que en 1937 trabajó activamente en el Socorro Rojo, dirigiendo, entre otras actividades, la campaña de invierno impulsada por Antonio Machado para reunir abrigos, alimentos y medicamentos para los combatientes.

La Legislatura porteña rindió el martes 3 de noviembre un merecido homenaje a la presidenta del Partido Comunista. Fanny Edelman, fue designada “Personalidad Destacada en el ámbito de la defensa de los Derechos Humanos”, uno de tantos espacios donde viene desarrollando una incansable lucha desde las primera mitad del siglo 20.
No sorprende en absoluto la decisión de la Legilatura de homenajear a esta luchadora, pero no por ello deja de ser un orgullo para todos los comunistas.

La designación devino de una iniciativa de la diputada porteña Diana Maffía quien junto al vicepresidente primero de la casa anfitriona, Diego Santilli y los legisladores Teresita Anchorena y Facundo Di Filippo, se dio cita el martes en el Salón Intersecretarías del Palacio Legislativo donde se llevó a cabo el acto de entrega del diploma.
Fue un singular momento en el que, entre otros, acompañó a la presidenta del PC, una delegación de la dirección nacional del Partido y de la juventud que estuvo integrada por el secretario general Patricio Echegaray, Víctor Kot, Emilia Segota, Savador Caputo, Mario Alderete, Jorge Floiridia, Quique Guglielmotti,Alejandro Forni, Martin Sequeira, Gaston Vera, Ariel Elger y el Vasvo.
También estuvieron presentes el Embajador del España, Rafael Estrella Pedrosa y el consul General de España Eduardo Serro Godinho; como así el consejero político de la Embajada de Cuba, Francisco Delgado.

Para inaugurar el acto, Santilli se refirió a la necesidad de contar nuevamente la historia y valoró la actitud militante de la diputada Maffia que aportó singnificativamente para que la problemática de género deje de ser invisible en la agenda pública y recalcó que Fanny Edelman “es un orgullo para los porteños y su Ciudad”.
Luego el titular de la delegación diplomática española, se dirigió a Fanny como “querida y respetada amiga” y destacó su trayectoria como militante política y por los derechos de la mujer, al tiempo que relizó una alta valoración de la “intensa y generosa relación que siempre tuvo con España”.
“Fanny está entre los cincuenta mil compañeros que dejaron todo para combatir junto al pueblo español”, dijo el diplomático sin ocultar su emoción y añadió “ella estuvo allí junto a compañeros de la talla de Hemingway, Vallejos y Neruda”. Y rememoró algunos párrafos de una carta enviada no hace mucho por la presidenta del PC al consul español, en los que Fanny insiste en que, al existir la leyu de memoria histórica, reclamaba su derecho a la nacionalidad española sin renunciar a la propia “para sentirme española”. Tras cartón, la sala estalló en un unánime aplauso, cuando el consul entregó el flamante pasaporte que reconoce a Fanny como ciudadana española.

Clara, serena y contundente
Serena y clara como siempre, pero también con la misma firmeza con la que siete décadas atrás se alistó en las Brigadas Internacionales que participaron en la Guerra Civil española, Fanny Edelman reflexionó “si algún mérito se me puede atribuir es mi inquebrantable fidelidad a los principios y objetivos del Partido Comunista, cuyas filas transito hace sesenta y cinco años”, tras lo que recordó que su militancia “transcurrió durante una parte sustancial de los sucesos que jalonaron el siglo 20 -algunos aún vigentes-, un siglo signado por la gran Revolución Rusa de octubre, ese colosal desafío histórico que transformó el mapa político del mundo”.
Y continuó “fui testigo y partícipe de un tiempo de profundas transformaciones sociales, revoluciones socialistas, sediciones imperialistas, batallas liberadoras, guerras civiles, rebeliones anticoloniales y también la más cruda barbarie: el nazifascismo, aniquilado durante la Segunda Guerra Mundial”.

Un siglo miserable y escandaloso, agonizante pero renaciente, corajudo, grande y heroico, rememoró Fanny al parafrasear al poeta turco Nazim Hijmet. “Ese fue mi siglo, durante el cual irrumpió con inusitado ímpetu la que se llamó ‘la segunda ola feminista’, un movimiento subversivo que abrió una importante brecha cultural, política e ideológica en la sociedad, al reprobar el orden social hegemónico, patriarcal y discriminatorio, exigiendo equidad, el reconocimiento del saber igual para todos los seres humanos”, para luego sentenciar “de las diferentes corrientes que surgieran yo adhiero al feminismo emancipador marxista, que combate la naturalización de los papeles culturales e históricos de secundarización y sumisión de la mujer, junto a la lucha por la abolición del sistema de clases de la sociedad capitalista”.
Y en esa dirección, prosiguió señalando que “la Revolución Cubana, referente excepcional de Nuestra América, prueba fehacientemente el papel relevante de las conquistas alcanzadas por las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad socialista, ya que “esa revolución está en la raíz de los procesos transformadores que transitan pueblos hermanos de Nuestra América, procesos que alientan nuestra lucha por unir ámbitos políticos, sociales y culturales, configurando un espacio único, amplio y plural latinoamericanista de emancipación nacional y social, que apunte a derrotar a la derecha conservadora destituyente y los planes del coloso del norte, para avanzar en la construcción de una alternativa política de poder popular”.

El movimiento de mujeres, refirió luego, “fue el centro de mi actividad durante la segunda mitad del siglo 20, aquí en nuestra casa y en todo el mundo, en una cruzada sin pausa por la defensa integral de los derechos humanos de las mujeres y las niñas. ¡Cuánto me enseñaron y brindaron mis compatriotas y las mujeres de cinco continentes, de todas las razas y credos! Hermandad, humanismo, fraternidad, ejemplos invalorables de coraje, de entrega y decoro, de audacia y sacrificio, de heroísmo cotidiano, de solidaridad sin fronteras, de patriotismo e internacionalismo, de lucha consecuente por la paz”.
Fueron, aseguró más adelante la presidenta del PC, “testimonios, reflexiones, historias de vida de altos valores éticos que me permiten comprobar, una vez más, qué fuerza potencial son las mujeres y, sin pizca alguna de soberbia, reiterar que las mujeres en acción hacemos más profundo y caudaloso el curso de nuestros pueblos”, por lo que “testigo y partícipe de nuestra edad, de nuestro tiempo, puedo atestiguar a tantas décadas de mi ingreso al Partido Comunista que la luchador nuestros ideales enriqueció mi vida”.
Fanny se preguntó entonces acerca de cuál será el destino del siglo 21, si acaso va a ser la centuria de los pueblos emancipados, libres y soberanos. “Así lo anhelo de todo corazón”, señaló con contundencia y finalizó recordando a José Martí, aquel que, afirmó, “nos marca un camino para lograrlo cuando nos dice: ‘La esclavitud de los hombres es la gran pena del mundo y hay que desterrarla’. Y Blanquí, a quien Marx llamaba ‘la cabeza y el corazón de la Francia obrera’, nos sigue convocando a no cejar ‘…hasta que no haya parias en el banquete de la vida’”.

Un merecido homenaje


“El consul nos dio una estocada en el corazón”. De este modo, Echegaray sintetizó el clima que recorrió la sala luego de que el diplomático entregara el pasaporte. También tuvo palabras de agradecimiento para Santilli, el anfitrión del acto, y para Diana Maffia de quien destacó el asierto de haber buscado a la presidenta del PC y “en medio de la vorágine que impone la política, hacer un alto para reendir este merecido homenaje”.
“Fanny va más allá del Partido y los partidos”, recalcó el secretario general del PC, para luego destacar “el sentido latinoamericanista de la lucha que, desde hace décadas, viene desarrollando nuestra compañera, siempre solidaria con Nicaragua, El Salvador, Colombia y cada día con la Revolución Cubana”.
Diana Maffía no ocultó su orgullo de compartir ese momento con Fanny. “Es un privilegio ver como se toca una cuerda y resuenan muchas otras mostrando hasta donde se lleva el compromiso político”, señaló la diputada y tras puntualizar “es bueno tener otra manera de pensar la historia”, destacó que las madres del feminismo fueron las socialistas y anarquistas “ésta es nuestra contribución a hacer la sociedad más humana y abierta, rasgos que forman parte ineludible del sueño socialista”.

Mimos y sopresas
“Abuela especial”
La historia viene de lejos, de una noche en la Habana, cuando de visita en casa de su entrañable amiga Vilma Espín, Fanny conoció a una niña que casi dormida la confundió con su “abuelita”. Desde entonces, para Mariela Castro, Fanny pasó a ser su abuela argentina, su “abuela especial”, tal como encabezó la misiva con la que quiso estar presente, también esta tarde.
Canciones de cuna
La acunaron las canciones que sus abuelas republicanas trajeron de la guerra civil, aquellas de dulces y bellos recuerdos. “Ella puso el cuerpo para nos llegaran”, señaló con emoción Diana Maffia, al tiempo que su mirada se fundía con la de Fanny, esperanzada y optimista.
Presencias y adhesiones
Entre otros, acompañaron a Fanny en este particular momento, sus hijos Lucy y Luis Carlos, nietos, bisnietos y otros familiares. También estuvieron Alicia Blanco en representación del Partido Humanista, la periodista Fanny Mandelbaum, Edgardo Form del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Beinuz Szmucler, Carlos Zamorano, Nora Cortiñas, Jorge Testero, integrante del Centro Cultural de la Cooperación, la integrante de ATE Adriana Zerdín, integrantes de la Multisectorialsectorial de Solidaridad con Cuba, la escritora Ana María Ramb, el dirigente de Apyme Pablo Galeti, la periodista Claudia Korol y Leticia Maronese.
Por su parte, se sumaron epistolarmente, la titular del Cenesex de Cuba, Mariela Castro Espín, la embajadora de Boilivia, Leonor Arauco Lemaitre, quien la saludó en nombre propio, del pueblo de su país y del presidente Evo Morales y la legisladora portela Patricia Waslh.
Agradecimientos
La diputada Maffia agradeció a sus compañeros de bancada Pérez Anchorena y De Filippo, como así a Lohana Brkins, quienes trabajaron intensamente para que el proyecto se convirtiera en ley.

LA FEDE! (WEB)



FANNY EDELMAN
PRESENCIA PALPITANTE DE MILITANCIA REVOLUCIONARIA
Patricio Echegaray ofreció el mensaje de saludo a Fanny Edelman en la fiesta de homenaje que tuvo lugar en el Hotel Bauen el día 15 de mayo.
Hoy queremos expresar este sentimiento: Gracias Fanny, te queremos Fanny, te queremos muchísimo.
Todos tenemos la percepción de la diversidad de presencias tan alta en el marco de la cultura de izquierda. Están presentes personalidades de distintos partidos, de casi todos los partidos de izquierda, compañeros de la cultura comunista, los que actualmente estamos en el Partido, los que lo estuvieron , algunos que se han ido y están en otro partido. Esta pluralidad y diversidad se ha convocado en función de expresar el cariño, el amor, a una personalidad de las más importantes de la cultura revolucionaría socialista en la Argentina.
Es un momento de reconocimiento, de cariño por el aporte de Fanny y, por supuesto, no vamos a pretender repasar todos tus aportes, porque sería imposible. Los aportes de Fanny no podrían ser escritos de manera acabada, ni siquiera si tomáramos el punto que más le reconocemos, el internacionalismo, la lucha por los pueblos de América Latina, Asia, Africa y Europa. Creo que es la militante actual de la causa del socialismo en la Argentina que tiene el balance más extraordinario en los temas de solidaridad internacionalista, no solo en América Latina, sino en todos los continentes.
El aporte de Fanny es sustancial durante una parte fundamental del siglo 20, integrante del Socorro Rojo y sigue ahora en épocas del socialismo del siglo 21, Fanny es una actualidad palpitante, Fanny es la convocatoria a la lucha por la solidaridad en el rescate de los Cinco Patriotas Cubanos, prisioneros en las mazmorras del imperialismo. Fanny es una realidad convocante en la denuncia y repudio a la libertad decretada por los terroristas norteamericanos en relación con Posadas Carriles y Fanny es actualidad presente en las movilizaciones, marchas de reclamo por el fin de la impunidad, por la libertad de Julio López, por el repudio al asesinato de Fuentealba, en la solidaridad con los trabajadores que reclaman en Santa Cruz, Fanny es una gran presencia de militancia revolucionaria en los días que corren.
ESTA ENTRAÑABLE AMIGA
Esta persona que tanto queremos, amiga de poetas, entre otros de González Tuñón y Neruda, de grandes artistas como Osvaldo Pugliese, de grandes soldados, de Lister, del Campesino, de Schafik Handal, de Ramiro Vázquez y amiga de alguien muy admirado, Fidel Castro, que hoy nos convoca a una batalla principal en la lucha de clases, la batalla de ideas, la batalla quizá no tanto contra las consecuencias económicas y sociales del neoliberalismo, sino la batalla contra las heridas ideológicas, las heridas del alma, que ha dejado la contrarrevolución conservadora que se bate en retirada, pero que nos ha hecho profundo daño en la subjetividad, estimulando a niveles nunca conocidos el egoísmo, el individualismo, la falta de solidaridad, la dispersión, que faltando tornan difícil el construir alternativa, que obligatoriamente, por la capacidad que tienen los enemigos debe ser amplia, unitaria, profunda en el contenido, pero sobre todo adaptada a una diversidad de fuerzas políticas que son las que representan al sujeto social en nuestros días.
En esa batalla quiero expresarle a Fanny nuestro reconocimiento por el ejemplo de su vida, que es particularmente entusiasmante e inspirador. Necesitamos apoyarnos en esa inspiración para luchar por las ideas que nos permitan desarrollar la batalla cultural, que nos permitan construir la posibilidad del cambio, la fuerza material que necesita el cambio en la Argentina. Necesitamos entusiasmo e inspiración para abrir las puertas de la Argentina a los vientos nuevos que recorren América Latina y, por eso, gracias Fanny, porque tu vida es una vida extraordinariamente entusiasmante e inspiradora. Es entusiasmente desde la audacia, de esa audacia que tuviste a los veintipico de años junto a Bernardo de irte a España, meterte en la guerra, soportar la derrota, porque aquello fue una derrota, seguir peleando incansablemente con valentía y audacia, para, por ejemplo, recuperar los aportes de las feministas marxistas no comunistas desde el punto de vista del género en momentos que era muy difícil introducirlo en el pensamiento sobre la mujer que tenían los marxistas, los comunistas, vinculado casi de forma exclusiva a la lucha de clases. Fanny ha dado una contribución enorme en ese terreno.
Nos inspira y nos entusiasma la valentía para, en momentos en que en esta Iglesia acaudillada por Benedicto XVI que se lanza a una cruzada digna del Medioevo con banderas vinculadas a la lucha contra el marxismo, al supuesto autoritarismo de los marxistas y de la Revolución Bolivariana y de Chávez, que Fanny empuje una campaña en favor de la legalización del aborto, una campaña en favor del reconocimiento y el respeto a la diversidad de opciones sexuales y de género en nuestro país.
Cómo no entusiasmarnos ante esta vitalidad, ante este ejemplo creador, cómo no entusiasmarnos ante el reconocimiento de la valentía y la serenidad que ha tenido Fanny en los momentos difíciles de estos años, me refiero a los momentos de la derrota. En la victoria las cosas son más fáciles, en la derrota siempre son más difíciles. Gracias Fanny por tu sostén, por tu aliento en los difíciles días de la derrota, del triunfo de los yanquis en la Tercera Guerra Mundial, esa que se llamó la Guerra Fría, que se articuló no por medios militares, sino ideológicos, políticos y mediáticos contra la construcción que se venía realizando desde la Revolución de Octubre y que presa de esa presión y presa de sus propios errores se desarticuló. Se produjo la derrota más grande que ha tenido nuestra generación de revolucionarios, una derrota de carácter ideológico y de la que nos estamos recuperando por caminos ideológicos y políticos.
Gracias Fanny porque reconocemos, y yo de manera personal, que el motor principal de esta gran camarada, gran persona, va mas allá de la ideología y de la política, el gran motor que ha permitido a Fanny hacer las incontables cosas que ha hecho, que hace y seguirá haciendo en tan diversos terrenos, es el amor. Fanny es dueña de un amor enorme por la humanidad y por la lucha por un mundo mejor y más humano. Pero tiene la virtud de no sólo ser capaz de amar a la humanidad, es capaz de amar también al hombre y la mujer concreta. Al hombre de todos los días y lo sabemos los privilegiados que tenemos el honor de conocer tu maravillosa historia de amor con ese gran revolucionario que fue Bernardo Edelman, de conocer el cariño inmenso que tenés por tus hijos y el amor todavía más inconmensurable que tenés por tus nietas y nietos, bisnietas y bisnietos.
Fanny, muchas gracias por el amor que nos das a los que tenemos el honor de compartir la lucha todos los días contigo. Muchas gracias.
MENSAJE DE FANNY
IDEALES, VALORES, SUEÑOS, ENCARNAN MI MILITANCIA COTIDIANA
Queridos compañeras/os, muy estimados amigas/os
Gracias por tanta generosidad y fundamentalmente por la generosidad de Patricio. Gracias a mis entrañables hijos, nietos y mis adorados bisnietos, Julia que representa a María, Miguel y Javier, a Ezequiel, Milena, Manuel y a Sebastián, que llegará la próxima semana.
Este encuentro de hoy, tan generoso y fraternal lo siento como una suerte de necesidad de rendición de cuentas de mi militancia.
Desde hace 73 años guardo celosamente el carné del Partido Comunista y le digo a mí Partido con palabras de Pablo Neruda:
"Me has dado la fraternidad al que no conozco.
Me has dado la fuerza de todos los que viven.
Me has hecho ver la claridad del mundo y la posibilidad de la alegría.
Me has hecho indestructible porque contigo no termino en mi mismo".
¡Cuánta verdad la del poeta!
Fue entonces cuando inicié el largo camino que se extendió durante una parte esencial del siglo 20 y que se prolonga hasta hoy.
Las grandes convulsiones y transformaciones sociales que jalonaron ese siglo bajo el signo de la gran Revolución Socialista de Octubre, ese gran desafío histórico, que alentó nuestros sueños y utopías, las he vivido intensamente. Fue una experiencia única que puso de manifiesto que no hay cambio social sin la participación de las mujeres y que la solidaridad internacional es un componente fundamental de los procesos revolucionarios.
De allí que, para mi, junto a la gran batalla por la emancipación de la mujer, es una responsabilidad ineludible la solidaridad militante con los pueblos que defienden la libertad, la soberanía nacional y la autodeterminación. Solidaridad que durante la Guerra Civil en España y la 2ª Guerra Mundial la compartimos con nuestro pueblo y con millones de mujeres y hombres en un movimiento que alcanzó altura universal. Hoy la Revolución Cubana en nuestras tierras es un referente excepcional. Ese gran giro de la historia latinoamericana y caribeña que despertó conciencias, iluminó caminos, abrió rutas liberadoras, en un continente donde crece y se multiplica la confrontación entre la globalización neoliberal y la demanda histórica de nuestros pueblos, expresada en una propuesta antimperialista, anticapitalista, humanista, socialista y democrática. Un proyecto de vida destinado a terminar la prehistoria de la humanidad y comenzar a escribir una nueva historia.
En esa nueva historia, que abre una nueva época, se avista en nuestras tierras que se está derrotando la gigantesca manipulación del imperialismo de confiscarnos la esperanza. Esos son los ideales, los sueños y valores que se encarnan en mi militancia cotidiana. Desde mi pertenencia a la Unión de Mujeres de la Argentina, compartí durante cincuenta años con miles de mujeres, las más humildes, las más sufridas del pueblo, un combate sin pausa por sus urgencias, en tanto madres, trabajadoras y ciudadanas. Atropellos, allanamientos, cárcel, no nos arredraron nunca. Nos afirmaron en la justeza de un programa que fue abonado por la voluntad de miles de mujeres que adquirieron confianza en su fuerza y llegaron al convencimiento de que para mudar la vida era preciso poner fin a la explotación y a la dominación del gran capital nacional y extranjero.
¡Cuánta grandeza había en ellas!, esa misma grandeza que se manifiesta hoy en las mujeres, que junto al pueblo, no cejan en la lucha por el pan y por la vida. La Unión de Mujeres de la Argentinas fue también un gran ejemplo de solidaridad militante y de lucha por la paz.
Debo agregar el privilegio de haber transitado el movimiento femenino internacional. Son miles y miles de rostros, de todos los continentes, que se suceden en mi retina. Rostros de combatientes contra dictaduras sangrientas, rostros comprometidos con desterrar el apartheid, el racismo, la marginalidad, la ignorancia.
Rostros en los que brillaba la libertad conquistada, unidas todas por el manantial inagotable de la solidaridad y la hermandad.
Historias, pareceres, desafíos y muy diferentes realidades, animadas todas por la sabiduría que da la lucha y por la confianza en los valores del ser humano. ¡Cuánta riqueza que acumulé en esos largos años!, en esa hermosa lucha que acabo de volver a vivir en Caracas, hace pocas semanas, en el 14 º Congreso de la Federación Democrática Internacional de Mujeres y que me permitió también apreciar los valores y realizaciones de un proyecto que apunta al socialismo del siglo 21. Todo lo que he vivido y vivo, todo ese enorme tesoro que he acumulado se lo debo al Partido y se lo debo también a Bernardo Edelman, el gran amor de mi vida que compartiendo mis inquietudes sociales y políticas me instó a incorporarme a sus filas. En este Partido, con sus aciertos y errores, me he nutrido de su ideología, de su humanismo revolucionario, de su solidaridad antimperialista, de los ideales de independencia, de libertad y de igualdad social.
Guardo un inmenso amor por el camino andado y sigo profundamente enamorada de la revolución.
He acumulado mucho dolor en los años de crisis, de insalvables rupturas, de profundos desgarramientos, pero me siento feliz de continuar el combate junto a mis compañeros y compañeras, de haber sido parte del movimiento mundial de mujeres y del gran movimiento internacional de solidaridad y por la paz. Ser testigo y también partícipe de nuestra edad, de ver un nuevo tiempo, llenan de luz, de ternura y de alegría el crepúsculo de mi vida.
LA FIESTA
La velada vivida el martes 15 de mayo en el Hotel Bauen no fue una más. Allí un amplio espectro de representaciones políticas y sociales se dio cita para celebrar con nuestra querida Fanny Edelman.
Fue un encuentro atravesado por historias de rebeldía y lucha, por recuerdos de noches oscuras y momentos de felicidad, por el cariño de los camaradas; pero también por la certeza de que Fanny, su tarea y ejemplo cotidianos forman parte de un esfuerzo diario, un sueño permanente, un espíritu compartido de aquellos que entendemos que la revolución es algo que debe construirse a cada paso.
Por eso también se trató de un momento propicio para la reflexión y el encuentro, en el que el arte dijo presente de la mano de Liliana Herrero y Julio Lacarra que regalaron sus canciones.
La noche del Bauen fue un digno homenaje para nuestra compañera, aquella que al día siguiente volvió a estar entre nosotros, recorriendo juntos, palmo a palmo, esta maravillosa tarea de construir el socialismo, en el mismo camino que transita desde hace tantas décadas nuestra querida Fanny Edelman.
SALUDOS
Llegaron los saludos de Mechi Alifano desde Cuba y de Hugo Yaski , secretario general de la CTA, y reproducimos tramos de los saludos de la Secretaría de Igualdad de Género y Oportunidades de la CTA-Capital, de Alicia Castro, embajadora de Argentina en Venezuela y del presidente de la Federación Agraria Argentina, entre otros.
En la reunión del Equipo de Trabajo de esta Secretaría hemos resuelto acompañar con nuestra adhesión el homenaje a la compañera Fanny Edelman, por su trayectoria militante en defensa de los derechos de las mujeres y comprometida en la causa por la paz.
Equipo de Trabajo de la Secretaría de Igualdad de Género y Oportunidades de CTA Capital
Tuve recientemente el honor de tener en mi mesa y de disfrutar la presencia de la compañera Fanny Edelman en su reciente visita a Caracas. Ojalá muchas mujeres sigan su camino que es un ejemplo para todas y todos. Ojalá también podamos seguir compartiendo con ella mesas y sueños. Junto a su brillantez militante, saludo también sus cualidades de mujer de alto refinamiento intelectual, político y personal. Querida Fanny, reciba desde esta República Bolivariana de Venezuela en que me encuentro, un abrazo fraternal.
Alicia Castro, embajadora de la República Argentina en la República Bolivariana de Venezuela
Compañera Fanny Edelman:
…Quiero que sepas que es un orgullo para mi la invitación que me han hecho llegar ya que es admirable tu dedicación y pasión militante en defensa de la existencia del Partido Comunista como valor político cultural de las ideas. Porque no envejece quien lucha por sus ideales, quiero saludarte con el más caluroso de los abrazos. Afectuosamente .
Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria Argentina
PRESENCIAS
Fue una velada singular en la que Fanny Edelman estuvo rodeada
por numerosos representantes de la vida política y social, así como por su familia,
entre ellos hijos, nietos y bisnietos que también
quisieron estar presentes para acompañar a nuestra querida camarada.
Así se dieron cita entre otros: embajador de la República de Cuba Aramis Fuente Hernández y su esposa Isabel Hernández - consejero Político de la embajada de Cuba D. Francisco Delgado - consejero de la embajada de Cuba D. Jorge Luis Mayo - Antonio Sofia y Elena Hanano del Partido Comunista Revolucionario - Nicéforo Castellanos y ex dip.nac. Gustavo Cardesa, Partido Intransigente - representantes de la embajada de Viet Nam - Katy Amarillo y Juan Canessa, Partido Comunista Uruguayo - Roberto Molina, Agencia Prensa Latina-Cuba - Roberto Baradell de Ctera Pcia. Buenos Aires-CTA - Marcelo Rearte, presidente de la Cooperativa Bauen - Enrique Raffo, presidente de la Mesa Coordinadora de Jubilados y Pensionados CTA - Oscar González, secretario general del Partido Socialista - Edgardo De Petri, diputado nacional CTA - Patricia Walsh ex dip. nac. - Luciano Bovcon, MST - Pedro Peretti, Federación Agraria Argentina - Ladh: Dr. Carlos Zamorano, Graciela Rosenblum, José Schulman, Dr.Pedro Dinani, Dra. Liliana Mazzea - Dr. Hugo Amor Cicop - Elena Reinaga, Ammar, Mesa Nacional CTA - Jorgelina Sosa, Ammar, CTA Capital - Jesús Mira ex dip. nac. - Edgardo Form, Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos - Humberto Lenzi, Casa de la Amistad Argentino Cubana - Liliana Herrero - Herman Schiller - Pedro Ponce, Suteba Lomas - Luis Heller - Gino Straforini y Daniel Sarubbi, Agrupación Salvador Mazza - Lidia de Pugliese- Lohana Berkins - Delia Pardo y Marta Speroni, Comité por la Libertad de los Cinco - Nita Silvestrini - Comisión Política del PC en pleno -Jorge Atienza, PC Córdoba - Lito Sorbellini y Graciela Pacot, PC Santa Fe - Marcos Wollman, PC Ciudad de Buenos Aires - Jorge Floridia PC Provincia de Buenos Aires - Ana Maria Ramb - Dr. Atilio Borón - Lía Méndez y Jorge Pardes, Partido Humanista - Julio Lacarra - Hector Ortiz, sec. Comisión Int. Hosp. Durand, ATE - Dr. Jorge Beinstein - Dr. Gonzalo Basile, pte. Médicos del Mundo-Argentina - Raul Arnedo - Stella Calloni - Carlos Suárez, Tribuna Popular - Delegados Club Atlanta y Centro Cultural Los Bohemios - José Campagnoli, presidente del Consejo Deliberante de Morón - Gustavo Frasquet, MPR Quebracho - Dr. Eduardo Soares - Multisectorial de Solidaridad con Cuba: Elisa Rando, José María Cardo, Susana Nicolosi, Dr. Carlos Tobal, Beatriz Muñoz, Walter Noguera, Roberto Fornari, Beatriz y Susana Pezzali, Osvaldo Rojas - Equipo de Trabajo de la Secretaría de Igualdad de Género y Oportunidades CTA Capital - Clara del Franco y Nuria Pérez Jacky, Cátedra de Genero y Clase Alcira de la Peña - Sandra Zapatero, Com. Int. Bco. Credicoop - Miguel Gobbi, Com. Int. Bco. Provincia - Miguel Monserrat ex dip. nac. - Dr. Pedro Resels - Dra. Beatriz Rajland - Ing. Eduardo Hernández - Alberto Rodríguez, Luis Fernández, Taxistas, CTA - Víctor Mendibil, Judiciales, CTA - Silvano Lanzieri, FM Espacios - Miriam Sonatti - Saúl Cascallar.
FANNY EDELMAN
Nació en 1911, el 27 de febrero, en San Francisco, provincia de Córdoba. La enorme sensibilidad que cultiva, tiene su origen, como ella misma lo sostiene, en un hogar trabajador y feliz, donde la formación intelectual era parte de lo cotidiano, que cobijó su infancia y adolescencia. La música, uno de sus grandes amores, junto a la pasión por la literatura son fundamentos para una lectura no dogmática de la teoría marxista.
A los 14 años empezó a trabajar, estudiaba y contribuía al cuidado de sus hermanos. Más adelante comienza a relacionarse con sectores avanzados de la cultura, con militantes socialistas y comunistas. En 1934 se afilió al Partido Comunista por consejo de Bernardo Edelman, su compañero, su esposo, su gran amor.
Comenzó a actuar en el Socorro Rojo y la solidaridad con los presos y con la España popular y revolucionaria le dieron estructura a su acción. En 1937 partió a España con su compañero y ya en curso la Guerra civil, condujo la Campaña de Invierno de ayuda a los Frentes de Guerra, desde el Socorro Rojo instalado en Valencia. Luego la derrota de la República, el triste regreso y más actividad solidaria, incansable. Y a partir de ese retorno una interminable labor política en los movimientos solidarios, en la lucha antifascista, por la paz, en el movimiento de mujeres y como secretaria de la Federación Democrática Internacional de Mujeres. Recorrió el mundo, visitó cada experiencia revolucionaria en Asia, en Europa, América y Asia. A su regreso puso manos a la obra en innumerables trabajos políticos, fue apoyo en momentos difíciles con su serena opinión y se puso al hombro una labor fundamental, la de la solidaridad con la Revolución Cubana. Hoy, a sus 96 años, con voluntad inquebrantable sigue actuando en ese movimiento, con lucidez y audacia se ha abocado al estudio de los problemas de la diversidad sexual, demostrando que sabe ver los problemáticas actuales, y siempre pone sobre la mesa su preocupación por las jóvenes generaciones.
PASIONARIA
Me parece verla como entonces, en la tribuna de la Conferencia Nacional de Mujeres Antifascistas de Valencia durante el otoño de 1937, con su hermosa figura tocada de negro, con su voz ardiente, conmovida y conmovedora, con su verbo de la vibración profunda, con su patética majestad, convocando a las mujeres de su patria a forjar un cerco imbatible contra el enemigo.
Esa voz, esa figura, ese verbo que movilizó multitudes, que llevó al combate por la libertad de su patria a obreros, campesinos e intelectuales; esa figura y ese verbo, superaron las fronteras de España para convertirse en emblema indiscutido de la lucha de los pueblos contra el fascismo.
Su vida es parte indisoluble de la historia de nuestro siglo, de las victorias y las derrotas del movimiento obrero y popular. Del siglo signado por el triunfo de la Revolución de Octubre.
En la Vizcaya minera donde nació, nieta, hija, hermana y esposa de mineros, Dolores vivió la explotación inhumana a que era sometida su clase, la sujeción brutal a la burguesía expoliadora. Pero también supo de la dignidad y la rebeldía de los explotados, que convirtieran al País Vasco en un baluarte del movimiento obrero y socialista. Esa madre proletaria, agobiada por el dolor, la miseria y las privaciones, que ve morir a cuatro de sus seis hijos, comienza a ingresar al campo de la política, al combate cotidiano, sufriendo represión y cárcel. Así va creciendo esta gran figura del proletariado español, protagonista de todo el proceso político y social de su patria. Desde la dirección del Partido, su personalidad adquiere una nueva dimensión. Su convocatoria al combate, al sacrificio, encuentra profundo eco en el pueblo ¡No pasarán¡ ¡Mejor morir de pie que vivir de rodillas!, se convirtieron en gritos de batalla de todo el pueblo español, de los antifascistas y demócratas del mundo entero, de los millones de hombres y mujeres que desplegaron el gran movimiento de solidaridad con la República Española. La derrota le impuso el exilio desde donde continuó dirigiendo la lucha desigual de su clase y de su pueblo contra el franquismo. Por fin regresó de su largo exilio a su bien amada patria, después de la muerte del Caudillo.
(Tomado del libro "Banderas, Pasiones, Camaradas" de Fanny Edelman).
LA REVOLUCIÓN, ESTA TAREA COTIDIANA
18 de julio de 1936
...En el Socorro, junto a otras jóvenes constituíamos un grupo al que en broma se le llamaba las ninfas. Organizábamos fiestas, vendíamos rifas, realizábamos charlas sobre distintos tópicos de interés general, veíamos mensualmente a un grupo considerable de personas que entregaban su contribución regular para el fondo solidario, además de visitar las cárceles. Desplegábamos una intensa actividad para responder a las urgencias de los presos y sus familiares.
Una vez organizamos una fiesta en la casa del doctor Augusto Bunge, dirigente del Partido Socialista Independiente, en la localidad de Florida. Un grupo numeroso de chicas y muchachos disfrutábamos del baile y del hermoso parque que rodeaba la casa colmada de naranjos y pomelos, cuando irrumpió la Sección Especial deteniendo a todos los presentes. Mientras algunos de sus secuaces introducían volantes apócrifos en los cajones del escritorio del dueño de casa, destruían los frutales y se bebían las bebidas, en camiones de la policía provincial nos trasladaron al Departamento de Policía de La Plata, donde ya habían sido convocados los periodistas de todos los medios de difusión para que dieran cuenta de los subversivos comunistas que llevaban detenidos. Cuál no sería la sorpresa de los periodistas cuando vieron bajar de los camiones muchachas bonitas, coquetas, alegres, luciendo sus mejores prendas, lo mismo que los muchachos, lo que provocó bromas muy agudas de su parte y críticas burlonas a los represores. Pasamos una noche en el Departamento de Policía, nos prontuariaron, pero la acción enérgica de los abogados nos permitió volver a casa al día siguiente. La fecha es inolvidable. En el tren que nos conducía de regreso a la Capital los canillitas voceaban el alzamiento de Francisco Franco contra la República Española, era el 18 de julio de 1936.
Desde ese día la España popular, revolucionaria, fue íntimamente nuestra. La solidaridad con nuestros presos y la solidaridad con el pueblo español fueron sustancia esencial de nuestra definición política
(Tomado del libro "Banderas, Pasiones, Camaradas" de Fanny Edelman).



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