
Así lo expresó en la Proclama al Pueblo Colombiano que envió el 7 de enero del 66 desde las montañas de Santander.
"Yo me he incorporado a la lucha armada. Desde las montañas colombianas pienso seguir la lucha con las armas en la mano, hasta conquistar el poder para el pueblo. Me he incorporado al Ejército de Liberación Nacional porque en él encontré los mismos ideales del Frente Unido".
Cuarenta años después la radiografía del país muestra más grave la situación del pueblo, se ha incrementado el número de los pobres, al hacerse más ricos los ricos, más dependiente el país del imperialismo y más agresivo y salvaje el terrorismo de Estado bajo la modalidad de guerra sucia.
Ya el país no aguanta más y no puede continuar así. De esta oligarquía insaciable de riquezas, impulsora de guerras, entregada al imperialismo y que obstaculiza el propio desarrollo como nación, no se puede esperar las soluciones al drama humano que vive la población. No tiene voluntad para solucionar los grandes problemas sociales, económicos y políticos del país, ni está dispuesta a generar las condiciones para que se solucione el conflicto social y armado.
Frente a esta realidad y cuarenta años después de la muerte de Camilo, su pensamiento sigue teniendo vigencia. Sus análisis sobre la situación de las grandes mayorías nacionales, las respuestas para construir el nuevo país y el llamamiento que hizo a "la unión y la organización de la clase popular colombiana", están a la orden del día.
Para ser consecuentes con el legado que le dejó al pueblo colombiano, es inaplazable trabajar por la unidad y la organización del pueblo.
Los restos del cura guerrillero colombiano Camilo Torres, muerto en 1966 en su primer combate dentro del Ejército de Liberación Nacional (ELN), estuvieron más de 30 años en un mausoleo militar de Bucaramanga (este). Así lo reveló a medios locales el general retirado Alvaro Valencia Tovar, quien fuera amigo de Torres y jefe de la Quinta Brigada del Ejército en Bucaramanga, departamento de Santander.
El ex militar declaró al periódico El Tiempo y a la revista Semana que durante años mantuvo el secreto sobre el paradero de los restos de Camilo Torres, cuya figura se convirtió en una especie de mito entre guerrilleros y simpatizantes de la izquierda latinoamericana. Valencia Tovar contó que ordenó a un capitán que el ex cura abatido por las tropas fuera sepultado en un sitio especial. Tres años más tarde contactó al capitán que dirigió la sepultura y le pidió exhumar los restos, que depositó en una urna funeraria y llevó en secreto a un mausoleo construido en un cementerio de Bucaramanga para enterrar soldados. “Ahí sepulté a Camilo”, expresó el general retirado, quien consignó los datos en un documento que guardó en una caja de seguridad.
“Después de la vida no puede seguir el odio que inspiró toda esta contienda. Que por lo menos, en el lugar del último reposo, pueda estar un soldado al lado de un guerrillero, eso para mí es simbólico”, manifestó Valencia Tovar. El ex militar añadió que en 2001 el hermano del ex sacerdote, Fernando Torres, llegó de Estados Unidos, donde residía, y se hizo cargo de los restos mortales. Al parecer la familia los incineró y los ubicó en algún mausoleo familiar, que Valencia Tovar dijo no conocer.
El general retirado recordó que, cuando él tenía 4 años de edad, el médico Calixto Torres, padre del cura guerrillero y amigo de su familia, le salvó la vida. Valencia Tovar sobrevivió en 1972 a un atentado perpetrado en una avenida de Bogotá, en represalia por las operaciones militares que dirigió y que diezmaron al ELN, que perdió a varios de sus jefes, entre ellos los dos hermanos Manuel y Antonio Vásquez Castaño.
Camilo Torres fue reprendido por la jerarquía católica por su militancia política, motivo por el que abandonó el sacerdocio y se vinculó con el ELN en 1965. Murió en su único combate frente a las tropas oficiales, el 15 de febrero de 1966, en Patiocemento, Santander.
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